La juventud como bien máximo y objetivo vital. La juventud se nos ofrece como la época sagrada que nadie debe desperdiciar y de la que nadie debe salir. La irresponsabilidad se asimila a la libertad y el aspecto físico se eleva a don supremo. Para impedir el paso del tiempo nos invitan a gastar dinero y fuerzas incribles. Incluso se rechaza madurar intelectualmente o afectivamente, porque aparecen como signos de decrepitud.
En vista de estos síntomas ¿Por qué es necesaria la Nueva Evangelización? Es evidente. La sociedad necesita recobrar sus fundamentos cristianos o seguiremos a la deriva en un mundo cada vez más injusto y cruel. Pero evangelizar a esta sociedad no es fácil, ya que nos encontramos con un problema considerable: no existe un tratamiento evangelizador único que se pueda ofrecer de manera automática. Cada persona presenta una sintomatología peculiar y particular.
Hemos comprobado que los discursos multitudinarios y las ceremonias mediáticas no llegan a conmover más que a aquellos que ya estamos en camino. Indudablemente estos actos son necesarios en una sociedad mediática en la que no existe lo que no se ve en los medios, pero los efectos son limitados y sobre todo, de fortalecimiento interno de la Iglesia.
Creo que muchos esperamos dar con una herramienta automática que evangelice sin que nos tengamos que implicar personalmente en ello. Pensamos en que los medios suplen el esfuerzo individual de acercarnos, persona a persona, a aquellos que nos necesitan. La Evangelización de masas nunca ha dado buenos resultados.
Decía San Francisco de Asís: La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos.
Sin duda la clave de la Nueva Evangelización está en cada uno de nosotros. Volver al amor primero, el amor a Dios y a nuestro prójimo. Los medios, herramientas, planes o actividades son una ayuda considerable, pero la fuente evangelizadora es un corazón que lleno de Esperanza que transmite su alegría a quien se siente vacío. Los planes, herramientas, medios o actividades, no evangelizan de forma impersonal. Somos nosotros los que evangelizamos.
Una fuente sin agua no puede saciar la sed. Un cristiano sin alegría y Esperanza, no puede saciar las necesidades de quien tiene delante. La Nueva Evangelización empieza por nosotros mismos.
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