martes, 26 de abril de 2016

Camino

Nace de la tierra y nace del cielo. Como Jesús, que tiene un doble principio. Primero, antes de los siglos, nace de su Padre Celestial; luego, en el tiempo, nace de la Virgen. De la Virgen María, como tierra fecunda, nace Jesucristo, flor y lirio de pureza, cuyo fruto precioso nos ha sido dado con la Cruz y la Pascua. De María, como de una tierra fecundada por el Espíritu, nace Jesús. Pero el mismo Jesús dijo que había que "nacer de nuevo del agua y del Espíritu" San Juan 3,5. Ahora, ese “de nuevo” San Juan 3,5, se dice con una preposición griega “aná”, que no sólo significa nuevo. En griego significa también, “de arriba”. Hay que nacer de arriba. De manera que toda la Iglesia nace, de alguna manera, de las entrañas de María, de la carne de Jesucristo, pero nace también del don del Espíritu Santo, nace del agua. Agua bendecida por la Palabra, agua santificada por el Espíritu. Cada uno de nosotros puede aplicar estas palabras a sí mismo. Lo que nosotros somos, por ejemplo nuestro camino de fe.

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