sábado, 16 de abril de 2016
Resulta
No resulta tan sencillo: el camino que nos propone Cristo, es diferente; el camino que nos muestra la parábola de Cristo, es empezar todos , por descubrir, apreciar, agradecer, para luego poder transmitir el perdón que Dios, solamente Dios, puede darnos.
Solamente Dios, puede darnos ese perdón, cuando tenemos esa experiencia de perdón, entonces, descubrimos que el mismo manantial de gracia, la misma corriente de amor y de ternura que ha llegado a nosotros, puede llegar también a nuestros hermanos. Por eso, el lema no puede ser otro, sino solamente este: “Perdonados para perdonar”. Que Dios nos lo conceda; la supervivencia de la humanidad, ciertamente, depende de eso: “Perdonados para perdonar”.
Santiago consiste en “fijar la mirada” en la palabra, en el estar largo tiempo delante del espejo, lo que quiere decir en la meditación o contemplación de la Palabra. El alma que se mira en el espejo de la Palabra “aprende a conocer ‘cómo es’, aprende a conocerse a sí misma, descubre su deformidad de la imagen de Dios y de la imagen de Cristo” consiste en practicar, en obedecer a la Palabra”. Asimismo, ha asegurado que “las palabras de Dios, bajo la acción actual del Espíritu, se vuelven expresión de la voluntad viviente de Dios hacia mí, en un determinado momento”. Y ha precisado que “si escuchamos con atención, nos daremos cuenta con sorpresa que no hay un día en el que, en la liturgia, en la recitación de un salmo, o en otros momentos, no descubramos una palabra de la cual debemos decir: “¡Esto es para mí!, ¡esto es lo que hoy tengo que hacer!”
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