sábado, 16 de abril de 2016

Modo

El evangelio eucarístico. Hemos venido oyendo de Jesús, el Pan de la Vida; EN EL MINISTERIO DEL SACERDOTE es partir ese pan fresco, lleno de aroma y de sabor, lleno de fuerza para nutrir su alma. Jesús es el Pan de la vida, Jesús partió ese Pan en la Última Cena, tuvo que romperse para compartirse; eso que Cristo realizó a la mesa con los discípulos, luego lo realizó en la Cruz: se rompió, rompió su corazón, desgarró su carne. Pudimos contemplar el amor inmenso, incontenible, irreversible, incomparable; el amor que supera todo pensamiento. Amigos míos, tenemos que relacionar siempre: el Altar y la Cruz, la Cruz y el Altar” En el altar se realiza, se hace realidad ante nuestros ojos el misterio del Amor que se da. La cruz nos recuerda cuál fue el precio, para que siempre apreciemos lo que comemos. Para apreciar la Eucaristía hay que mirar la Cruz, y para agradecer la Cruz hay que comer la Eucaristía. Si quieres saber cuánto vale una Misa, lee la historia de La Pasión de Cristo, ahí encuentras con cuánta generosidad Jesús se volvió nuestro alimento. "Muchos discípulos dijeron: Este modo de hablar es duro" San Juan 6,60. Es porque Jesús les había dicho aquellas expresiones: "Si no coméis de la Carne del Hijo del hombre, si no bebéis de su Sangre, no tendréis vida"San Juan 6,53. "Este modo de hablar es duro. ¿Quién puede hacerle caso?" San Juan 6,60. Lo que me llama la atención es la respuesta de Cristo. Pregunta: "¿Esto os hace vacilar? ¿Y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?" San Juan 6,61-62. Muchas veces se predica sobre la Eucaristía, diciendo: "¡Qué maravilla que Dios viene a nuestro altar! El Dios del Cielo baja hasta nosotros". Pero hoy Jesús nos presenta otra maravilla. Realmente, lo que hace Jesús es comparar dos maravillas. "¿Esto os hace vacilar?" San Juan 6,61; porque algunos no creían, y se apartaron de hecho. "¿Y si vierais al Hijo del hombre subir hasta donde estaba antes?" San Juan 6,62. San Pablo dice en la Carta a los Efesios, que: "El que bajó es el mismo que subió" Carta a los Efesios 4,10, y expresa: "Subiendo a la altura, llevó cautivos" Carta a los Efesios 4,8. Jesús baja como Unigénito, pero sube como Primogénito. ¡Eso es tan hermoso! Cuando baja, es el Hijo único. Cuando sube, es el Primero entre muchos hermanos. El ascenso de Jesucristo no es el ascenso solitario de una victoria en solitario. Cristo no es el solitario en su ascenso. Aunque sólo Él baja, no sólo Él sube. Con Él subimos, y en Él se levanta el universo entero, como una Eucaristía cósmica. De modo que Jesucristo no se echa atrás. Él ha dicho: "Hay que comer de mi Cuerpo, hay que beber de mi Sangre" San Juan 6,53-56. ¡No se echa atrás! No es como un político, que cuando ve que se le está yendo la gente, dice: "Pero no lo tomen tan a pecho; espere les explico; no era tan grave; mire, ya verán". ¡No! Él deja que la gente se vaya. Jesucristo no se echa atrás; ni siquiera matiza sus palabras, sino que hasta cierto punto, las radicaliza más. Dice: "Mire, esto es cierto, pero hay otra cosa que todavía es más cierta". Eso era parte de la personalidad de Cristo. Porque lo mismo sucedió en el momento de la Pasión. Según la versión de San Mateo, le pregunta el sumo sacerdote a Jesús: "Te conjuro por el Dios vivo, dinos si tú eres el Mesías" San Mateo 26,63. Jesús no se quedó callado, aunque estuvo tan silencioso en el resto de su Pasión. Dijo: "Tú lo has dicho" San Mateo 26,64; lo admitió. "Y de ahora en adelante, veréis al Hijo del hombre en las nubes, sentado con poder" San Mateo 26,64, tomando la imagen del Profeta Daniel. Es decir, no sólo admite lo que le está diciendo, sino que lo radicaliza: "Pues claro que Ése soy". Lo mismo sucede aquí: "Si no coméis de la Carne del Hijo del hombre, si no bebéis de su Sangre, no tendréis vida en vosotros" San Juan 6,53. Es la presencia de Dios entre nosotros.

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