jueves, 12 de mayo de 2016

Fe

La fe es capaz de agarrarse de Dios cuando todo falla, esa fe que sirve para vencer todas las trampas, la fe que es más fuerte que todas las estrategias de Satanás y su astucia, esa fe tiene que pasar por la prueba de la soledad hasta experimentar como única compañía a Dios y como única alegría a Dios y como único alimento a Dios, y como decía Jesucristo "El que tenga oídos para oír que oiga" Apocalipsis 2,17. En la segunda aplicación, recordemos una vez más lo del Salmo "Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece". Si nosotros queremos encontrar los caminos de la misericordia de Dios, tenemos que saber encontrar el camino de nuestra indigencia, de nuestra miseria y de nuestro pecado, porque Dios prepara casa a los desvalidos, los que son válidos, y lo que tienen muchos amigos, y los que tienen todo resuelto, ellos no necesitan que Dios les prepare casa, pobres de ellos. Nosotros, los que estamos desvalidos, nosotros los que nos sentimos huérfanos o viudas, los que nos sentimos cautivos, los que reconocemos nuestra necesidad y nos humillamos en su presencia, así estamos próximos a experimentar el torrente abundante de su misericordia. Tu fe, para alcanzar la madurez, tiene que pasar por el camino de la soledad, numero uno; y numero dos, si quieres encontrar los caminos de la misericordia de Dios, no te alejes mucho de los caminos de tu propia miseria. Fue San Agustín el primero que advirtió que están muy cerca las palabras miseria y misericordia, mi miseria y la misericordia de Dios están demasiado cerca. Si quiero vivir en la atmósfera de la gracia divina, si quiero vivir en el aire refrescante de la misericordia de Dios, no debo apartarme demasiado de lo que yo soy en la realidad de mi alma, no debo apartarme de mi indigencia, de mi precariedad, incluso del pecado que necesita perdón. Alabemos al Señor, hermanos, que nos manifiesta su victoria; alabemos al Señor que nos da esperanza y que nos dice "Yo he vencido al mundo" San Juan 16,33. Tengamos una certeza: "todo lo podemos con El" Carta a los Filipense 4,13, y la primera que está a nuestro lado para recordarnos que es así, es la Santa, la primera y mejor discípula de Cristo, nuestra Señora, la Virgen María.

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