miércoles, 19 de diciembre de 2018

Transparencia

¡Haz que seamos transparencia del Evangelio, para que podamos descubrir la gracia que anunciamos, para que podamos anunciar la gracia que tenemos; envía ese Espíritu a nosotros, Señor, para que descubramos el Evangelio de la victoria, para que nunca más nos entristezca la puerta que se cierra, porque tú mismo nos descubres la puerta que se abre!".¡Es maravilloso! ¿Y qué nace de ahí? Lo que nos dice Jesús: "Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia" San Juan 14,10, y más adelante dice: "El Padre que permanece en mí es quien hace las obras, las palabras son las de mi Padre y las obras son las de mi Padre" San Juan 14,10.Es muy lindo eso, el invisible, el que habita en una luz inaccesible, el que nadie ha visto ni puede ver, de repente está ahí ante nosotros en Jesús. Jesús transparencia del Padre, Jesús revelador del Padre. ¡Que venga a nosotros el Espíritu de Jesucristo!Él termina dándonos una esperanza inmensa: "Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haréSan Juan 14,13.Jesús, en tu propio nombre, te pedimos: "¡Danos el Espíritu Santo, junto con toda la Iglesia; Jesucristo, nos estamos preparando para la efusión del Espíritu Santo; Jesús, danos el Espíritu Santo, realiza en nosotros esa obra que nadie más puede hacer!


miércoles, 24 de octubre de 2018

Testigo


Lo que significa la palabra apóstol en su origen, un testigo de la Resurrección del Señor, asociado al grupo de los otros testigos. Un testigo, que puede efectivamente, dar testimonio de que Cristo ha resucitado, porque convivió con Él, porque conoció su ministerio público, que se entiende iniciado en el bautismo de Juan, y que se entiende concluido en el día de la Ascensión.
Dar testimonio de que Cristo ha resucitado, aquel que pudiera decir: “El mismo que murió en el Cruz, ese es el mismo que se nos ha manifestado ahora vivo”. Y esa es la misión del Apóstol.
El evangelio de Juan nos cuenta quién es aquel que es apóstol. Es una dimensión, podríamos decir, es una definición ya no externa, por lo que ha vivido, por lo que ha acompañado exteriormente, sino interna.
Es un testigo del amor de Cristo, y es aquel que puede transmitir ese amor a otras personas; apóstol es el que cumple el mandato del Señor Jesús de amar como el mismo Cristo nos ha amado, y por lo tanto, es aquel que da la vida, como Cristo dio la suya.
El número de los apóstoles. Porque para ser apóstol, en el primer sentido, hay que haber convivido con Jesús durante el tiempo de su ministerio público.
En cambio, también nosotros estamos llamados a ser apóstoles. Porque Jesucristo, dijo la Carta a los Hebreos, “es el mismo mañana, hoy y siempre” Carta a los Hebreos 13,8.
Nosotros, amados por este Cristo, unimos nuestra vida, la ofrenda de nuestra vida, a la de Jesucristo, para la vida del mundo; y de esa manera, participamos de la misma misión de los Apóstoles, dando testimonio no por el camino exterior, sino por el camino interior del amor que salva al mundo.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Construir





Jesús nos hace una llamada a la tolerancia, al respeto, a la alegría por el bien .El discípulo, de ayer y de hoy, ha de saber valorar y trabajar, hombro con hombro, con todo aquel que busque el bien y luche por un mundo más justo y fraterno. Nadie que esté en búsqueda de la justicia deberá sentirse sólo y menos en oposición con el verdadero cristiano. Quien se entrega a favor de los débiles, de los humillados y abandonados, sea quien sea, en realidad está buscando el Reino de Dios, se de él cuenta o no, pero Dios lo sabe y debemos unirnos a su tarea.
Jesús quiere que quede bien clara su opción por el Reino, por una parte está abierto a todos los hombres y mujeres, sean quienes sean, vengan de donde vengan, pero exige radicalidad. En esto debemos tener mucho cuidado,
Jesús no propone esto, va mucho más allá: no mutilar, sino unir
Señor Jesús, que con tu misericordia, nos das la prueba más delicada de tu amor, apiádate de nosotros, pecadores, para que seamos capaces de abrir nuestros brazos al que es diferente y no desfallezcamos en la lucha por construir tu Reino. Amén.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Misterio








"Señor, busco hoy tu ayuda para tener una mejor actitud ante la vida, más entusiasta y optimista y para saber controlarme en los momentos difíciles.   Concédeme la gracia de practicar el bien, pues sin Ti, voy como con rumbo perdido hacia la nada.   Que viva según tu voluntad, con lucidez e inteligencia. Ven mi Dios, dame la perseverancia para llegar a cumplir con todas mis responsabilidades y a aceptar tus enseñanzas por muy duras que parezcan.   Cierra mis oídos a la calumnia y al chisme para evitar distraerme, perder el camino y no hacer, lo que por amor, debería estar haciendo. Las obras que realizo las hago por Ti y solo para Ti.   Me alegra el corazón saber que has puesto tu mirada en mí y me conduces por aguas tranquilas.   No permitas que la duda me asalte.   Envíame la ayuda divina de tus ángeles y la asistencia del Espíritu para pisar firme y ganar las fuerzas que necesito. Concédeme un corazón libre, sin apegos ni afanes egoístas.   Que yo pueda viajar liviano y evitar aquellos enredos que no edifiquen mi vida.   Ayúdame a permanecer enfocado en Ti.   Confío en que me llenas de tu Paz en este momento y me vas colmando de tu gracia.   Amén."



viernes, 3 de agosto de 2018

Jóvenes




Algo que quiere decirnos Jesús, es que cuando encontremos un Amor del cual no vamos a ser dueños sino que será nuestro Dueño, cuando encontremos ese tamaño de amor y sepamos que ese tamaño de amor es el que sí está reinando, habremos encontrado el Evangelio. ¡Ése es el tamaño de la Buena Noticia!: algo que realmente uno no debe perder.
 "Aquel hombre que encontró el tesoro lo volvió a esconder, y de la alegría él vendió todo lo que tenía para comprar aquel terreno" ( San Mateo 13,44). ¡De la alegría!
¡De la alegría! La verdadera alegría del corazón humano no está en llenarse de cosas sino en encontrar algo que  nos llene. 
 Escucha: los jóvenes quieren ser escuchados con empatía, precisamente “allí donde se encuentran, compartiendo su existencia cotidiana” y desean que sus opiniones sean consideradas, buscan sentirse parte activa de la Iglesia, sujetos y no meros objetos de evangelización. Todos los jóvenes quieren ser escuchado, sin excluir a nadie, porque la “escucha es la primera forma de lenguaje verdadero y audaz que los jóvenes piden en voz alta a la Iglesia”.
2.- Acompañamiento: los jóvenes piden se acompañados, a nivel espiritual, formativo, familiar, vocacional. Este acompañamiento no es, de hecho, una opción con respecto al deber de educar y evangelizar a los jóvenes sino un deber eclesial y un derecho de todo joven” que sirve para formar conciencias y libertad, a cultivar sueños pero también a “emprender pasos concretos en las estrecheces de la vida”. Y en este marco el papel de la familia es central y sigue representando una referencia privilegiada en el proceso de desarrollo integral de la persona”.
3.- Conversión: el tema de la conversión es tratado ampliamente en el documento sinodal: está el drama de jóvenes cristianos que “representan una minoría expuesta a la violencia y a la presión de la mayoría que pretende su conversión” como así también la solicitud de una “conversión sistemática” en el ámbito educativo para que todas las estructuras formativas y sus miembros inviertan más en la “formación integral” de manera que no se transmitan sólo contenidos, sino que se dé también testimonio “de madurez humana”, para hacer que los jóvenes sean sujetos y protagonistas de su misma vida.
4.- Discernimiento: es una de las palabras mayormente presentes en el Documento, entendido como “estilo de una Iglesia en salida”, para responder a las exigencias de los jóvenes. El discernimiento debe ser ofrecido a las jóvenes generaciones como “instrumento de lucha” que los haga capaces de reconocer “los tiempos de Dios” y “no desaprovechar” sus inspiraciones y su “invitación a crecer”. Discernimiento que es un “don y riesgo” porque no es inmune al error, pero enseña a los jóvenes la disponibilidad a sumir decisiones que cuestan.
5.- Desafíos: discriminación religiosa, racismo, trabajo precario, pobreza, migraciones forzadas y trata: son muchos los desafíos que deben enfrentar los jóvenes de hoy, y muchos de ellos, explica el Instrumentum Laboris, son generados por fenómenos de exclusión, por la “cultura del descarte”, por un uno impropio de las nuevas tecnologías digitales tan difusivas pero también arriesgadas por el fenómeno del “Dark web” que pueden generar.
6.- Vocación: a este respecto el Documento evidencia la visión reductiva del término “vocación”, ya que la pastoral vocacional es entendida como una actividad finalizada sólo al reclutamiento de sacerdotes y religiosos. Por ello, surge la necesidad de volver a pensar la pastoral juvenil vocacional para que sea “de amplio respiro”. De hecho cada joven tiene su vocación que puede ser expresada en varios ámbitos: familia, estudio, profesión, política… convirtiéndose en “un eje de integración de todas las dimensiones de la persona”.
Con respecto las vocaciones sacerdotales la Iglesia está llamada a reflexionar porque es innegable su preocupación por la disminución del número de los candidatos, y esto hace necesario – señala el Instrumentum – una reflexión renovada sobre la vocación al ministerio y una pastoral vocacional que sepa hacer sentir la fascinación de la llamada de Jesús a transformarse en pastores de su rebaño”

domingo, 15 de julio de 2018

Realización

  A través de los ojos, de la oración, del corazón, del amor, del entendimiento, de la voluntad también de la Santísima Virgen María, el Universo conocido, contemplado, amado y ofrecido por Ella, vuelve hacia Dios.
María es la realización, sin trabas, del amor de Dios; realización completa entonces, la realización íntegra del plan de Dios. Podemos decir, que eso que Dios realiza en nosotros, sólo a pedacitos en nosotros,hasta donde  nos dejamos en María lo puede realizar completamente. María es la realización completa del plan de Dios, ¿y eso cómo se llama? Se llama el Universo.
María es la perfección de la realización del plan amoroso de Dios; esa es la Santísima Virgen María, porque en Ella no hay pecado, ni sombra de pecado; y por consiguiente, la voluntad de Dios se puede realizar completamente en Ella.
Ella no vive para sí misma,todo aquello que es conocido por María, todo aquello que es amado por María, en Ella y a través de Ella, se vuelve hacia Dios. Ahí vamos entendiendo qué quiere decir que María sea Reina.
Podemos decir entonces, que hay dos modos de ser rey, y sólo dos modos de ser rey. Uno es lo que podríamos llamar el reinado que se realiza desde la palabra exterior, hasta la conversión interior. este es el reinado de Jesucristo.
y otro es el reinado que se realiza, desde el amor interior, hasta la humanidad de la Virgen María.

viernes, 6 de julio de 2018

Ojos

                  Jesús, María, os  amo, salvad almas”     
 ¡San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!   
 ¡San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!   
¡San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!   
                           BENDICIONES   !!!   
¡Qué hermoso es conocer del Espíritu Santo! En el evangelio le dan nombre al Espíritu Santo, una especie de título, lo llama: “El dedo de Dios”, una expresión que sirve para que conozcamos un poquito más del Espíritu Santo, para que lo amemos más y para que nos dejemos llevar por su maravilloso poder.
El dedo es muchas cosas: el dedo índice de la mano de cualquier persona sirve para indicar, pero casi siempre nosotros lo usamos para acusar: "Usted fue", "usted es el culpable".
El índice, es el dedo de Dios, este índice, que aparece con la obra de Cristo, no es un dedo de que se acusa, no es un dedo que te señala para condenarte, sino que te señala para amarte.
Hoy queremos que el dedo de Dios nos señale, qué más quisiéramos hoy sino que Cristo Jesús, aquí presente, dijera: “Tú”; qué lindo que Cristo me señale pero que Cristo, según sus propias palabras, no vino al mundo para condenarlo sino para salvarlo.
 El dedo de Dios sirve para señalar la salvación. Qué  Dios me señale, ¡qué hermoso! Que Dios ponga sus ojos en mí y me señale, algo ha de estar pensando conmigo.

viernes, 15 de junio de 2018

Fuente









No es fácil entregarle el control de la vida a Dios. Seguramente necesitamos un encuentro con la vida que trae Jesús Resucitado; necesitamos un encuentro con el Resucitado, para poder entregar el control de nuestra vida a Dios. Todos nuestros sufrimientos, parece que tienen su fuente en eso: nos hace falta entregar el control de nuestra vida a Dios.
"Yo confío en lo que tú resuelvas de mí, Señor; yo creo que tú no me vas a defraudar; yo me apoyo en ti; yo te doy autorización para que tú obres en mí según tu voluntad".
No es solamente admitir que existe Dios, no es solamente admitir que existe Cristo o admitir que Cristo es Dios. Es admitir que Él es mi Señor, que tiene poder en mí y que puede disponer de mí.
En Cristo y en nosotros  hay algo que se parece y es la palabra “confianza”;  ese Cristo que está en la barca en medio de la tormenta, es el Cristo que confía profundamente, y por eso su reproche a los discípulos: “¿ustedes no tienen esa clase de confianza?” Mc 4,40, una pregunta que también tenemos que hacernos nosotros, porque en esa confianza está el comienzo de una verdadera y madura fe, la certeza de que Dios más allá de toda tormenta me sostiene, me cuida y me guía.
 Dios es el Señor del tiempo y Dios maneja el tiempo, Dios gobierna el tiempo, y eso significa que a veces posterga su respuesta, porque en ese aplazamiento quiere que suceda algo adentro de nosotros. Lo más importante no son las cosas que nosotros recibimos o las cosas que nosotros pedimos; lo más importante es lo que sucede adentro de nosotros, a medida que Dios nos va conduciendo y nos va cambiando.
Lo maravilloso es lo que Él hace con nosotros, las personas que llegamos a ser cuando Él obra en nosotros.
Demosle gracias por esa providencia, porque Dios, como Señor del tiempo, de todo dispone y en particular, dispone del tiempo.
A Él la gloria y el honor

sábado, 9 de junio de 2018


No es fácil entregarle el control de la vida a Dios. Seguramente necesitamos un encuentro con la vida que trae Jesús Resucitado; necesitamos un encuentro con el Resucitado, para poder entregar el control de nuestra vida a Dios. Todos nuestros sufrimientos, parece que tienen su fuente en eso: nos hace falta entregar el control de nuestra vida a Dios.
"Yo confío en lo que tú resuelvas de mí, Señor; yo creo que tú no me vas a defraudar; yo me apoyo en ti; yo te doy autorización para que tú obres en mí según tu voluntad".No es solamente admitir que existe Dios, no es solamente admitir que existe Cristo o admitir que Cristo es Dios. Es admitir que Él es mi Señor, que tiene poder en mí y que puede disponer de mí.


martes, 6 de marzo de 2018

Divina Naturaleza



«El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que El es iniciador y consumador: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). Envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas ( Mt 12,30) y a amarse mutuamente como Cristo les amó ( Jn 13,34; 15,12). Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron» (LG 40).
«La santidad es la perfecta unión con Cristo» (LG 50). Esta visión refleja la preocupación general del Concilio de volver a las fuentes bíblicas y patrísticas, superando, también en este campo, el planteamiento escolástico dominante durante siglos. Ahora se trata de tomar conciencia de esta visión renovada de la santidad y hacerla pasar a la práctica de la Iglesia, es decir, a la predicación, a la catequesis, a la formación espiritual de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa y ¿por qué no? también a la visión teológica en la que se inspira la praxis de la Congregación de los Santos[1].
Una de las diferencias mayores entre la visión bíblica de la santidad y la de la escolástica está en el hecho de que las virtudes no se basan tanto en la «recta razón» (la recta ratio aristotélica), cuanto en el kerigma; ser santo no significa seguir la razón (¡a menudo implica al contrario!), sino seguir a Cristo. La santidad cristiana es esencialmente cristológica: consiste en la imitación de Cristo y, en su cumbre como dice el Concilio en la «perfecta unión con Cristo».
La síntesis bíblica más completa y más compacta de una santidad basada en el kerigma es la trazada por san Pablo en la parte parenética de la Carta a los Romanos (cap. 12-15). Al comienzo de ella, el Apóstol da una visión recopilatoria del camino de santificación del creyente, de su contenido esencial y de su objetivo:
«Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual. Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rom 12,1-2).
El Nuevo Testamento define como los «frutos del Espíritu», las «obras de la luz», o también «los sentimientos que hubo en Cristo Jesús» (Flp 2,5).
A partir del capítulo 12 de la Carta a los Romanos se enumeran todas las principales virtudes cristianas, o frutos del Espíritu: el servicio, la caridad, la humildad, la obediencia, la pureza. No como virtudes que hay que cultivar por sí mismas, sino como necesarias consecuencias de la obra de Cristo y del bautismo. «Os exhorto, pues…». Ese «pues» significa que todo lo que el Apóstol diga desde este momento en adelante no es más que la consecuencia de lo que ha escrito en capítulos anteriores sobre la fe en Cristo y sobre la obra del Espíritu. Reflexionaremos sobre cuatro de estas virtudes: caridad, humildad, obediencia y pureza.
2.               Un amor sincero
El ágape, o caridad cristiana, no es una de las virtudes, aunque fuera la primera; es la forma de todas las virtudes, aquella de la que «dependen toda la ley y los profetas» (Mt 22,34; Rom 13,10). Entre los frutos del Espíritu que el Apóstol enumera en Gál 5,22, encontramos en primer lugar el amor: «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz…». Y con él, coherentemente, comienza también la parénesis sobre las virtudes en la Carta a los Romanos. Todo el capítulo duodécimo es una sucesión de exhortaciones a la caridad:
«Que vuestro amor no sea fingido
amaos cordialmente unos a otros,
cada cual estime a los otros más que a sí mismo…» (Rm 12,9ss).
«¡Que vuestro amor no sea fingido!». No es una de tantas exhortaciones, sino la matriz de la que derivan todas las demás. Contiene el secreto de la caridad.
 San Pablo «sin fingimiento», es anhypòkritos, sin hipocresía. Este vocablo es una especie de luz-espía; es, efectivamente, un término raro que encontramos empleado, en el Nuevo Testamento, exclusivamente para definir el amor cristiano. La expresión «amor sincero» (anhypòkritos) vuelve de nuevo en 2 Cor 6, 6 y en 1 Pe 1, 22. Este texto permite captar, con toda certeza, el significado del término en cuestión, porque lo explica con una perífrasis; el amor sincer consiste en amarse intensamente «de corazón».
San Pablo, con afirmación: «¡Que vuestro amor no sea fingido!», lleva el discurso a la raíz misma de la caridad, al corazón. Lo que se requiere del amor es que sea verdadero, auténtico, no fingido. También en esto el Apóstol es el eco fiel del pensamiento de Jesús; en efecto, él había indicado, repetidamente y con fuerza, el corazón, como el «lugar» donde se decide el valor de lo que el hombre hace (Mt 15,19).
Podemos hablar de una intuición paulina, respecto a la caridad; ésta consiste en revelar, detrás del universo visible y exterior de la caridad, hecho de obras y de palabras, otro universo interior, que es, respecto del primero, lo que es el alma para el cuerpo. Esta intuición en el gran texto sobre la caridad, que es 1 Cor 13.  San Pablo se refiere todo a esta caridad interior, a las disposiciones y a los sentimientos de caridad: la caridad es paciente, es benigna, no es envidiosa, no se irrita, todo lo cubre, todo lo cree, todo lo espera… Nada que se refiera, en sí y directamente, al hacer el bien, o las obras de caridad, pero todo se reconduce a la raíz del querer bien. La benevolencia viene antes de la beneficencia.
Es el Apóstol mismo quien explicita la diferencia entre las dos esferas de la caridad, diciendo que el mayor acto de caridad exterior (el distribuir a los pobres todas las propias riquezas) no valdría para nada, sin la caridad interior ( 1 Cor 13,3). Sería lo opuesto de la caridad «sincera».  En este caso, se tiene una apariencia de caridad, que puede, en última instancia, ocultar egoísmo, búsqueda de sí, instrumentalización del hermano, o incluso simple remordimiento de conciencia.
No contraponer entre sí caridad del corazón y caridad de los hechos, o refugiarse en la caridad interior, para encontrar en ella la falta de caridad activa. Sabemos con cuanto vigor la palabra de Jesús (Mt 25), de Santiago (2,16 s) y de San Juan (1 Jn 3,18) impulsan a la caridad de los hechos. Sabemos de la importancia que san Pablo mismo daba a las colectas en favor de los pobres de Jerusalén.
Sin la caridad, «de nada me sirve» el dar todo a los pobres, no significa decir que esto no sirve a nadie y que es inútil; significa,decir que no me sirve «a mí», mientras que puede beneficiar al pobre que lo recibe. Las obras de caridad,  asegurarlas un fundamento seguro contra el egoísmo y sus infinitas astucias. San Pablo quiere que los cristianos estén «arraigados y fundados en la caridad» (Ef 3,17), es decir, que la caridad sea la raíz y el fundamento de todo.
Cuando amamos «desde el corazón», es el amor mismo de Dios «derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo» (Rom 5,5) el que pasa a través de nosotros. El actuar humano es verdaderamente deificado. Llegar a ser «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1,4) significa, en efecto, ser partícipes de la acción divina, la acción divina de amar, ¡desde el momento en que Dios es amor!
Nosotros amamos a los hombres no sólo porque Dios les ama, o porque él quiere que nosotros les amemos, sino porque, al darnos su Espíritu, él ha puesto en nuestros corazones su mismo amor hacia ellos. Así se explica por qué el Apóstol afirma inmediatamente después: «No tengáis ninguna deuda con nadie, si no la de un amor recíproco, porque quien ama al prójimo ha cumplido la ley» (Rom 13,8).
 Hemos recibido una medida infinita de amor a distribuir a su tiempo entre los consiervos ( Lc 12,42; Mt 24,45 ss.). Si no lo hacemos defraudamos al hermano de algo que le es debido. El hermano que se presenta a tu puerta quizás te pide algo que no eres capaz de darle; pero si no puedes darle lo que te pide ten cuidado de no despedirlo sin lo que le debes, es decir, el amor.
3.               Caridad con los de fuera
Después de habernos explicado en qué consiste la verdadera caridad cristiana, el Apóstol,de su parénesis, muestra cómo este «amor sincero» debe traducirse en acto en las situaciones de vida de la comunidad. Dos son las situaciones en las que el Apóstol se detiene: la primera, se refiere a las relaciones ad extra de la comunidad, es decir, con los de fuera; la segunda, las relaciones ad intra, entre los miembros de la misma comunidad.
«Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis Procurad lo bueno ante toda la gente; En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo. No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia . Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber  No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rom 12,14- 21).

sábado, 24 de febrero de 2018

San Juan 20,25




El evangelio nos dice, que este Apóstol Tomás tenía una manera de convencerse. Él decía: "Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y la mano en su costado, no creo" San Juan 20,25.
Se le aparece el Señor Jesucristo a él y a todos, y le dice: "Trae tu dedo; aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado" San Juan 20,28. respondió: "Señor mío y Dios mío" San Juan 20,27.
Tomás no metió el dedo en el agujero de los clavos, no metió la mano en la herida del costado de Jesús.
Jesús se le aparece y le interpela por el método, por la condición, por el camino que él había escogido.
"Señor mío y Dios mío" San Juan 20,28.
Creer es no ponerle condiciones a Dios. "Creer es dejar a Dios ser Dios". ¡Déjalo Él ama mucho, seguramente más de lo que tú deseas.
Creer y dejar a Dios ser Dios, es abrirnos, para que Dios obre del tamaño que es Él,  las obras son mucho mejores, mucho más grandes, mucho más fuertes, mucho más bellas que las que se me podrían ocurrir a mí.
Las heridas de Jesús son las de la Cruz. Las heridas de Tomás son las de la vida. "Hemos visto al Señor" San Juan 20,25.
Las heridas de Jesús van a sanar a las heridas de Tomás. Tomás está herido por la vida.
Jesús su primera palabra es: "Paz a vosotros" San Juan 20,26. Jesús dijo más claramente en un lugar del evangelio: "Yo no he venido a juzgar, sino a salvar" San Juan 12,47.
Jesús viene a salvar. Jesús viene a tocar la soledad, la depresión, la desconfianza de Tomás.
Lo que dijo Tomás: "Señor mío y Dios mío" San Juan 20,28. Jesús le había dado la explicación: "Yo soy el camino,..." San Juan 14,6, y Tomás no había entendido. Ahora le dice: "Me voy a ti", y Tomás dijo: "Yo te recibo. Tú eres mi Señor, tú eres mi Dios".
Nuestras heridas, como las heridas de Tomás, se pueden sanar en contacto con las heridas de Jesús. Jesús le mostró sus heridas, y las llagas de Jesús curaron a Tomás. Jesús sana con sus heridas, porque de esas heridas brota amor, brota la paz, brota el perdón.
"Hemos visto al Señor" San Juan 20,25. "Jesús es el Señor", esa es tu noticia.
Las heridas sanan en contacto con las heridas de Cristo. Él no viene a reírse de tus heridas, Él no viene a hundirte por tus heridas, Él viene a sanarte con sus heridas.Bendito Sea Dios.