sábado, 9 de enero de 2010

La salvación

Dios nos concede la salvación gratuitamente (por pura gracia), pero también debemos esforzarnos con buenas obras para alcanzar la salvación. Si decimos tener fe, pero no la traducimos en buenas obras, nuestra fe es inútil, como vemos claramente en los siguientes textos:

Gn 22.16 ‘Juro por mí mismo – palabra de Yavé – que, ya que has hecho esto y no me has negado a tu hijo …, te colmaré de bendiciones… Y
porque has obedecido mi voz, todos los pueblos de la tierra serán bendecidos a través de tu descendencia’.
Mt 3.8 Muestren los frutos de una sincera conversión, pues de nada les sirve decir: ‘Abraham es nuestro padre’.
Mt 3.10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego.
Mt 5.16 Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos.
Mt 19.17 Si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos.
Mt 16.28 Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, …, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.
Mt 25.29 Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene.
Mt 25.40 El Rey responderá: “…les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”.
Mc 10.17,19 Le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?. Jesús le dijo: …Ya conoces los mandamientos: No mates, …
Lc 10.28,37 Jesús le dijo: ‘¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás’ … Y Jesús le dijo: ‘Vete y haz tú lo mismo’.
Lc 18.18,20 Le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ Jesús le dijo: ‘Ya sabes los mandamientos: no cometas adulterio’
Hch 24.16 ‘Por eso yo también me esfuerzo por tener siempre la conciencia limpia ante Dios y ante los hombres’.
Rom 2.6 El (Dios) pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.
Rom 2.10 La gloria, en cambio, el honor y la paz serán para todos los que han hecho el bien.
Rom 2.13 Porque no son justos ante Dios los que escuchan la Ley, sino los que la cumplen.
Rom 6.15 Díganme: el hecho de que ya no estemos bajo la Ley sino bajo la gracia, ¿nos autoriza a pecar?. Claro que no.
Rom 6.22 Ahora, en cambio, siendo libres del pecado y sirviendo a Dios, trabajan para su propia santificación, y al final está la vida eterna.
Rom 11.22 Fíjate que Dios es a la vez bondadoso y severo: … bondadoso contigo, siempre que perseveres en el bien.
Rom 12.9,11,13 Aborrezcan el mal y procuren todo lo bueno … Sean diligentes y no flojos … Compartan con los hermanos necesitados…
Rom 13.13 Comportémonos con decencia, como se hace de día: nada de banquetes y borracheras, nada de prostitución y vicios, …
1 Cor 6.9 ¿No saben que los injustos no heredarán el Reino de los Cielos? No se engañen: ni los que tienen relaciones sexuales prohibidas…
1 Cor 15.58 Dedíquense a la obra del Señor en todo momento, conscientes de que con él no será estéril su trabajo.
2 Cor 5.10 Hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir …lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas.
2 Cor 11.15 Pero su fin será el que merecen sus obras.
Gal 5.6 Solamente vale la fe que actúa mediante el amor.
Gal 5.21 Les he dicho, y se lo repito: los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.
Gal 6.9 Así, pues, hagamos el bien sin desanimarnos, que a su debido tiempo cosecharemos si somos constantes.
Ef 5.5 Ni el corrompido, ni el impuro, ni el que se apega al dinero, que es servir a un dios falso, tendrán parte en el reino de Cristo y de Dios.
Ef 6.8 El Señor retribuirá a cada uno según el bien que haya hecho, sea siervo o sea libre.
Col 1.10 Que lleven una vida digna del Señor y de su total agrado, produciendo frutos en toda clase de buenas obras.
Col 3.23 Cualquier trabajo que hagan, háganlo de buena gana, pensando que trabajan para el Señor y no para los hombres.
Col 3.25 El que no cumple recibirá lo que merece su maldad, pues Dios no hará excepciones a favor de nadie.
Flm 6 Ojalá esa fe se vea en las obras y manifieste todo lo bueno que tenemos en Cristo.
1 Tes 1.3 Recordamos ante Dios, nuestro Padre, su fe que produce frutos, su amor que sabe actuar.
2 Tes 1.11 Rogamos por ustedes: que nuestro Dios los haga dignos de su llamada, … haciendo que su fe sea activa y eficiente.
1 Tim 6.18-19 Que practiquen el bien, que se hagan ricos en buenas obras, … De esta forma … conseguirán la vida eterna.
Tit 3.8 Una cosa es cierta, y en ella debes insistir: los que creen en Dios han de destacarse en el bien que puedan hacer.
Heb 10.24 Tratemos de superarnos el uno al otro en la forma de amar y hacer el bien.
Heb 11.7 Por la fe Noé escuchó el anuncio de acontecimientos que no se podían anticipar, y construyó el arca en que iba a salvarse.
Heb 11.17 Por la fe Abraham fue a sacrificar a Isaac cuando Dios quiso ponerlo a prueba.
Heb 12.14 Procuren estar en paz con todos y progresen en la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor.
Heb 13.16 No se olviden de compartir y de hacer el bien, pues tales sacrificios son los que agradan a Dios.
Stgo 1.22 Pongan por obra lo que dice la Palabra y no se conformen con oírla, pues se engañarían a sí mismos.
Stgo 1.27 La religión verdadera y perfecta ante Dios, consiste en esto: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus necesidades…
Stgo 2.10 Porque si alguien cumple toda la Ley, pero falla en un solo punto, es como si faltara en todo.
Stgo 2.13 Habrá juicio sin misericordia para quien no ha sido misericordioso.
Stgo 2.14 Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe?
Stgo 2.17 Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita.
Stgo 2.18 Y sería fácil decirle a uno: “Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras”.
Stgo 2.20 ¿Será necesario demostrarte, si no lo sabes todavía, que la fe sin obras no tiene sentido?
Stgo 2.24 Entiendan, pues, que uno llega a la verdadera rectitud a través de las obras y no sólo por la fe.
Stgo 2.26 Porque así como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe que no produce obras está muerta.
1 P 1.17 El Padre que invocan no hace diferencias entre personas, sino que juzga a cada uno según sus obras.
1 P 2.12 De este modo, esos mismos que los calumnian y los tratatn de malhechores notarán sus buenas obras y darán gloria a Dios.
1 Jn 3.18 Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios para afuera, sino de verdad y con hechos.
2 Jn 8 Tengan cuidado, para que no pierdan el fruto de sus trabajos, sino que reciban el pleno salario.
Ap 2.23 Así entenderán todas las Iglesias que yo soy el que escudriña el corazón y la mente, dando a cada uno según sus obras.
Ap 20.12 Entonces fueron juzgados los muertos de acuerdo con lo que está escrito en esos libros, es decir, cada uno según sus obras.
Ap 22.12 Voy a llegar pronto y llevo conmigo el salario para dar a cada uno conforme a su trabajo.

¿piensas que todas las religiones son buenas?
La sensatez en la decisión humana sobre la religión no estará, por tanto, en elegir la religión que a uno le guste o le satisfaga más, sino más bien en acertar con la verdadera, que sólo puede ser una. Como cristiano que soy, creo que el cristianismo es la religión verdadera. Porque si uno no cree que su fe es la verdadera, lo que le sucede entonces, sencillamente, es que no tiene fe.
Lógicamente, creer que el cristianismo es la religión verdadera no implica imponerla a los demás, ni menospreciar la fe de otros, ni nada parecido. Es más, la fe cristiana bien entendida exige ese respeto a la libertad de los demás.
Muchas religiones tendrán una parte que será verdad y otra que contendrá errores (excepto la verdadera, que, lógicamente, no contendrá errores). Por esta razón, la Iglesia Católica -lo ha recordado el Concilio Vaticano II- nada rechaza de lo que en otras religiones hay de verdadero y de santo.

¿Y por qué la religión cristiana va a ser la verdadera?
Para creer, hace falta una decisión libre de la voluntad: la fe es a la vez un don de Dios
y un acto libre. Y nadie se rinde ante una demostración no totalmente evidente (algunos, ni siquiera ante las evidentes), si hay una disposición contraria de la voluntad.
Considerar lo que ha supuesto el cristianismo en la historia de la humanidad. Cómo, en los primeros siglos, la fe cristiana se abrió camino en el Imperio Romano de forma prodigiosa. El cristianismo recibió un tratamiento tremendamente hostil. Hubo una represión brutal, con persecuciones sangrientas, y con todo el peso de la autoridad imperial en su contra durante muchísimo tiempo (unos dos siglos).
Lograr que la religión cristiana se arraigase, se extendiera y se perpetuara; lograr la conversión de aquel enorme y poderoso imperio, y cambiar la faz de la tierra de esa manera, sería un milagro. Absolutamente singular en la historia de la humanidad

Jesús de Nazareth
La pregunta básica sobre la identidad de la religión cristiana se centra en su fundador, en quién es Jesús de Nazareth.
Sus gestos de Jesucristo eran propiamente divinos. Sorprendía y alegraba a las gentes era la autoridad con que hablaba, por encima de cualquier otra, aun de la más alta, como la de Moisés; y hablaba con la misma autoridad de Dios en la Ley o los Profetas, sin referirse más que a sí mismo: "Habéis oído que se dijo..., pero yo os digo..." A través de sus milagros manda sobre la enfermedad y la muerte, da órdenes al viento y al mar, con la autoridad y el poderío del Creador mismo.
Este hombre, que utiliza el yo con la audacia y la pretensión más insostenibles, posee al propio tiempo una perfecta humildad y una discreción llena de delicadeza. Una humilde pretensión de divinidad que constituye un hecho singular en la historia y que pertenece a la esencia misma del cristianismo.
En cualquier otra circunstancia -piénsese de nuevo en Buda, en Confucio o en Mahoma- los fundadores de religiones lanzan un movimiento espiritual que, una vez puesto en marcha, puede desarrollarse con independencia de ellos. Sin embargo, Jesucristo no indica simplemente un camino, no es el portador de una verdad, como cualquier otro profeta, sino que es Él mismo el objeto propio del cristianismo.

¿Puede uno salvarse con cualquier religión?
La verdad sobre Dios es accesible al hombre en la medida en que éste acepte dejarse llevar por Dios y acepte lo que Dios ordena; en la también en que el hombre quiera buscar a Dios rectamente. Por ello, es un barbarismo decir que los que no son cristianos no buscan a Dios rectamente. Hay gente recta que puede no llegar a conocer a Dios con completa claridad. Por ejemplo, por no haber logrado liberarse de una cierta ceguera espiritual. Una ceguera que puede ser heredada de su educación, o de la cultura en la que ha nacido, y en ese caso, Dios que es justo, juzgará a cada uno por la fidelidad con que haya vivido conforme a sus convicciones.
En esta línea, la Iglesia católica señala que los que sin culpa de su parte no conocen el Evangelio ni la Iglesia pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.

¿Por qué, entonces, la Iglesia es necesaria para la salvación del hombre?
La Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único Mediador y el camino de salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia» (Lumen gentium, 14).
Siguiendo a la Dominus Iesus, esta no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios; por lo tanto, «es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación» (Redemptoris missio, 9). Para aquellos que no son formal y visiblemente miembros de la Iglesia, «la salvación de Cristo es accesible en virtud de la gracia que, aun teniendo una misteriosa relación con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situación interior y ambiental. Esta gracia proviene de Cristo; es fruto de su sacrificio y es comunicada por el Espíritu Santo» (ibid, 10).

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