Etapas formativas del discípulo y misionero.
El itinerario de la misión tiene cuatro etapas con los criterios de simultaneidad, flexibilidad e irradiación.
Todos los miembros de la Iglesia como discípulos misioneros tiene el documento DA iluminador y guía para que sea estudiado, reflexionado y asimilado por todos y en todas las instancias eclesiales, de tal modo que las directrices puedan verse reflejadas en todas las etapas de la misión para todos los ámbitos señalados.
1. Sensibilización
• Proclamación, campaña de oración, Pastoral, subsidios, cartelógrafos, etc.
2. Preparación
• Teórica, Doctrina: la persona de Jesús, en su enseñanza, la Iglesia.
• Práctica, Aplicación de Encuesta (estudio y conocimiento creyente de la realidad).
o Profundización: Documento de la Iglesia, Aparecida, subsidios.
o Formación: técnica / espiritual doctrinal
3. Realización
• Aceptación. Acercamiento. Anuncio. Acogida.
4. Evaluación
Parte. Proceso formativo del discípulo misionero.
1 Los Obispos, reunidos en Aparecida, con la asistencia del Espíritu Santo, proponen el Encuentro con Jesucristo vivo como el objetivo principal de la formación integral de los discípulos misioneros. Siendo, por ello, este Encuentro, el hilo conductor de todo el proceso de formación de quienes nos decimos discípulos de Cristo y aceptamos su mandato de ser sus misioneros.
2 En realidad, se trata de propiciar que el bautizado sea dócil a la gracia de Dios y se convierta en discípulo misionero. El método a seguir no es otro que el empleado por nuestro Señor Jesucristo: llamar a todos con paciencia y sabiduría, para que le sigan; a quienes aceptaron la invitación, los catequizó en el misterio del Reino de Dios, durante tres años, viviendo en comunidad con Él y el grupo de discípulos más cercanos; y, después de su muerte y resurrección, les envió a predicar la Buena Noticia, con la fuerza del Espíritu Santo ( DA 276).
3. Este método se considera eficaz en los procesos de formación cristiana que la Iglesia, peregrina en el Continente Latinoamericano, debe emprender, atendiendo al nuevo contexto socio-cultural; a las hondas aspiraciones del hombre y al llamado que el Señor Jesús sigue haciendo a los que quieran ser sus discípulos misioneros ( DA, 277).
4. En consonancia con la exhortación postsinodal, «Ecclesia in America» que lleva por subtítulo: «Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América»; Aparecida propone cinco aspectos fundamentales del proceso formativo que «aparecen de diversa manera en cada etapa del camino pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí» (DA, 278).
EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO
Maestro, ¿dónde vives? (Jn 1,38)
El Kerigma
5. La teología católica entiende por kerigma el primer anuncio gozoso y testimonial de la Buena Nueva (Evangelio), hecho por el heraldo de Cristo (apóstol, misionero, evangelizador…), para convocar a los no creyentes, llamados a la conversión, a la fe y al bautismo. La proclamación del kerigma es la obra esencial de la evangelización y el contenido de la primera predicación de la fe. Toda evangelización, en cualquiera de sus formas: catequesis, homilía y conferencias teológicas, debe tener, siempre, un tono y sabor kerigmático de alegría y optimismo que invite a las personas a la adhesión a Cristo y al cambio de vida, mediante una profunda conversión.
6. El encuentro con Jesucristo vivo es el primer aspecto del proceso de formación del discípulo misionero, que se realiza mediante el kerigma. «El contenido del kerigma, del anuncio, que constituye la esencia de todo el mensaje evangélico, es Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado por nosotros». Se aplica a la predicación del hecho o núcleo central de la fe cristiana, que se hace en forma de testimonio entusiasta por haber encontrado a Cristo y en Él la salvación, para suscitar la fe del oyente.
7. Conviene afirmar que el kerigma en la Nueva Evangelización, supone:
- Al ya convertido al Señor Jesús, se le instruye mediante la catequesis y se le alimenta con los sacramentos, a fin de que fortalezca su fe y profundice en el conocimiento de Jesucristo al que ha aceptado en su vida por el Bautismo.
- A quienes han recibido la fe y con frecuencia se acercan a la Iglesia y los sacramentos, ha de proclamarse el kerigma mediante la homilía dominical, principalmente, para que vivan lo que creen, y crean lo que han recibido y participen activamente en la vida de la Iglesia ( RM 33).
8. Todo discípulo misionero debe transformarse en «testigo». El testigo, cree y profesa su fe, anuncia con su vida y con su palabra el gozo de haber encontrado a Cristo. El testimonio es de vital importancia, desde que Jesús, antes de subir al cielo, dijo a los discípulos: Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.
9.Se ha de implementar una iniciación cristiana auténtica y eficaz.
10. Con el Papa Benedicto XVI estamos plenamente convencidos de que: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida, y, con ello, una orientación decisiva». El encuentro con la persona de Jesús es esencial en la vida del discípulo misionero, pues Jesús es la verdadera respuesta a la pregunta «sobre el sentido de la vida y a los interrogantes fundamentales que asedian también hoy a tantos hombres y mujeres del continente americano».
Se trata de un encuentro personal con Cristo, que «debe renovarse constantemente por el testimonio personal, el anuncio del kerigma y la acción misionera de la comunidad» (DA, 278).
Lugares de encuentro con Jesucristo
11. En el hoy de nuestra Iglesia, en medio de acontecimientos esperanzadores pero también angustiantes, por la creciente secularización de nuestra sociedad, nos preguntamos: ¿Dónde podemos encontrar a Jesús para iniciar «un auténtico proceso de conversión, comunión y solidaridad»? ¿Cuáles son los lugares, los espacios, las personas que nos hablan de Jesús, que nos ponen en comunión con Él y nos permiten ser discípulos y misioneros suyos? ( DA 245).
La fe recibida y vivida en la Iglesia, comunidad viva
12. El encuentro con Cristo se realiza en la fe recibida y vivida en el seno de la Iglesia. Es ahí donde los fieles pueden descubrir el amor del Padre, que se manifiesta en el don que nos hace de Jesucristo ( DA 246).
Por eso Benedicto XVI nos recuerda que «¡La Iglesia es nuestra casa! ¡Ésta es nuestra casa! ¡En la Iglesia católica tenemos todo lo que es bueno, todo lo que es motivo de seguridad y de consuelo!».
La Sagrada Escritura, Palabra de Dios
13. Encontramos a Jesús en la Sagrada Escritura, Palabra de Dios, leída a la luz de la Tradición. «Desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo» (San Jerónimo) y «renunciar a anunciarlo» (DA 247). «Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y El Caribe se dispone a emprender…, es condición indispensable el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios» (Benedicto XVI, DI 3). No se trata de que el cristiano conozca sólo intelectualmente la Sagrada Escritura, sino que viva conforme a ella.
14. La lectura orante de la Biblia o Lectio Divina favorece el encuentro personal con Jesucristo, a ejemplo de tantas personas en el tiempo del Nuevo Testamento ( DA 247; Cf. Jn 6,63).
La Sagrada Liturgia
15. La Liturgia es la celebración del Misterio de Cristo y, en particular, de su Misterio Pascual, muerte y resurrección. «Por la Liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención» DA 250).
16. En el Concilio Vaticano II, se profundizó en las diversas presencias de Jesucristo en la Liturgia: a) En el sacerdote que renueva en el altar el sacrificio de Cristo en la Cruz; b) En las especies consagradas del pan y vino; c) En los sacramentos; d) En la proclamación de la Palabra de Dios; e) En la Iglesia que suplica y canta himnos.
La Eucaristía
17. «La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo» (DA 251). El corazón del hombre oprimido por el pecado, en algunas ocasiones confundido por la duda y el sufrimiento, tiene necesidad de una luz que oriente su vida. ¡La Eucaristía es esa luz! Cada vez que escuchamos la Palabra de Dios y participamos del pan y vino convertidos en Cuerpo y Sangre de Jesús, es precisamente Jesucristo quien ilumina nuestra mente y nuestro corazón como les sucedió a los discípulos de Emaús, que lo reconocieron «al partir el pan» (Lc 24,25) .
18. Siempre que participamos en la Eucaristía tenemos un encuentro íntimo con Jesús. Desde esta óptica, se fundamenta la importancia de la participación en la Misa dominical, que debe experimentarse, no como una obligación, sino como «necesidad interior del creyente, de la familia cristiana y de la comunidad parroquial» (DA 252).
19. Una Eucaristía bien preparada es el campo propicio para que los fieles, al escuchar la Palabra de Dios, ofrezcan el sacrifico de la cruz y se alimenten de su Cuerpo y su Sangre, y se encuentren con Jesucristo. Por otra parte, donde no hay Eucaristía, por la escasez de sacerdotes, la comunidad tiene una doble tarea: por un lado, participar en la «celebración dominical de la Palabra» ( Mt 18,20) y, por otro lado, orar y promover las vocaciones sacerdotales ( DA 253).
El Sacramento de la Reconciliación
20. El hombre que se ha apartado de Dios, escucha la llamada de Jesús a la conversión ( Mc 1,15), se acerca al Sacramento de la Reconciliación y experimenta la gran misericordia del Padre que no le toma en cuenta sus pecados, porque el amor de Dios es más fuerte que el pecado cometido. El creyente debe recordar que sólo Dios perdona los pecados mediante el Sacramento de la Reconciliación ( Mc 2,7).
21. Porque Jesús es el Hijo de Dios, él dice de sí mismo: «El hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra» (Mc 2,10). Más aún, Jesús por su autoridad confiere este poder a los discípulos para que lo ejerzan en su nombre ( Jn 20,21-23) .
La oración personal y comunitaria
22. La oración cristiana es el lugar donde el discípulo misionero cultiva una profunda relación de amistad con Jesucristo y donde descubre cuál es la voluntad del Padre. Santa Teresa de Ávila, la definía así: «No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama».
Los pobres, afligidos y enfermos
23. En cada hombre resplandece el rostro de Cristo, independientemente de su condición física, mental o social. Jesucristo se identifica con los pequeños, es decir, los pobres, los afligidos, los enfermos…: «En cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos míos, aún a los más pequeños, a mí me lo hicieron» (Mt 25,40.45). Los pequeños son, de esta manera, un Evangelio viviente por el testimonio de su fe, por su paciencia, por su apertura a la presencia y voluntad de Dios. ¡Cuántas veces los pobres y los que sufren realmente nos evangelizan y nos acercan con su vida y testimonio al encuentro con Jesucristo! ( DA 257).
La familia cristiana
24. La familia cristiana, Iglesia doméstica, es uno de los lugares privilegiados donde los hijos pueden aprender a conocer y amar a Jesucristo, desde los primeros años de su vida. La verdadera educación cristiana de los hijos no se reduce a incluir a Dios entre las cosas importantes de su vida, sino que sitúa a Dios en el centro de la vida. Esta educación en la centralidad del amor a Dios la realizan los padres, sobre todo, a través de las realidades de la vida diaria: trasmitiendo la fe a sus hijos con su participación alegre en los sacramentos, dando testimonio a los hijos de la importancia que tiene Dios en su vida, enseñando a sus hijos a orar, rezando en familia en las comidas, fomentando en los hijos la gratitud a Dios por los dones recibidos, acudiendo a Él en los momentos de dolor en cualquiera de sus formas, participando en la misa dominical con ellos, acompañándoles a recibir el sacramento de la Reconciliación, corrigiéndolos con el ejemplo de su vida cristiana y con su palabra, etc. .
Espacios del Encuentro con Jesucristo
25. El Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia maneras muy peculiares de buscar y manifestar la fe. Hemos de valorarlas todas, aprovechando la oportunidad, para que muchos fieles tengan un espacio oportuno, mediante una adecuada evangelización, de encuentro con Jesucristo ( EN 48).
La piedad popular
25. Entre estos espacios, es de fundamental importancia la piedad popular, que en palabras del Papa Benedicto XVI, es «el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina». Esta manera de expresar la fe de parte de nuestro pueblo «refleja la sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer» (EN 48). Entre las expresiones de esta espiritualidad se encuentran: Las Posadas y Navidad; las prácticas de cuaresma y Semana Santa; las festividades Marianas, las procesiones, especialmente, la del Corpus Christi; y las propias de cada parroquia; las peregrinaciones a los santuarios, la devoción a los santos, entre otras. Muchas personas, en ocasiones, sólo cuentan con este tipo de espiritualidad que constituye una ocasión privilegiada de evangelización.
26. La piedad popular se convierte, así, en un espacio propicio para que el cristiano inicie un proceso de encuentro personal con Jesucristo, que lo lleve al crecimiento y madurez en su fe, de tal forma que se convierta en discípulo misionero. Algunas personas han tenido una experiencia fuerte de Jesucristo en alguna de estas prácticas de piedad, que se ha constituido en el inicio de un camino serio de conversión. En el mundo secularizado, la piedad popular, es una voz que toca los corazones y un canal todavía vivo para transmitir la fe .
La devoción a María
27. La Virgen María es la discípula más perfecta del Señor. De ella podemos imitar su fe ( Lc 1,45), su obediencia a la voluntad de Dios ( Lc 1,38), su silencio, su escucha y meditación de la Palabra ( Lc 2,19), su sí incondicional. La Virgen María es, también, la gran misionera; así como dio a luz al Salvador del mundo, acompaña la evangelización de nuestra patria (Virgen de los Angeles). Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho de nuestra Patria son un testimonio de la presencia cercana de nuestra Madre.
28. La Iglesia propone algunos tiempos y prácticas que ayudan a la espiritualidad mariana del discípulo misionero: el sábado, dedicado a venerar a la Virgen María (memoria de Santa María); la preparación a las fiestas marianas (triduos y novenarios); el mes de mayo dedicado a María; la recitación del Angelus Domini (Reina del cielo); el rezo del Rosario; la consagración a la Virgen; el uso de escapularios (Virgen del Carmen) y medallas marianas.
Los Apóstoles y los Santos
29. Las vidas de los Apóstoles y Santos son, también, espacios privilegiados del encuentro con Jesucristo ( DA 273). Nuestra América Latina tiene el privilegio de contar con un gran número de discípulos misioneros, testigos vivientes de Jesús, que probaron la gracia del martirio. «El mártir es el mejor discípulo porque va con Cristo hasta la Cruz y es el misionero más creíble porque sella con su sangre lo que anuncia». El ejemplo de estos cristianos nos motiva a imitar y renovar el ardor apostólico y misionero que nos han transmitido.
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