Que, ahora entiendo, que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey, que no le dejara tantas veces solo,alguna me estuviera con El, y más procurara que no estuviera tan sucia. Mas¡qué cosa de tanta admiración, quien hinchiera mil mundos y muy mucho máscon su grandeza, encerrarse en una cosa tan pequeña! A la verdad, como es Señor, consigo trae la libertad, y como nos ama, hácese a nuestra medida.
Cuando un alma comienza, por no la alborotar de verse tan pequeña
para tener en sí cosa tan grande, no se da a conocer hasta que va
ensanchándola poco a poco, conforme a lo que es menester para lo que ha de
poner en ella. Por esto digo que trae consigo la libertad, pues tiene el
poder de hacer grande este palacio. Todo el punto está en que se le demos
por suyo con toda determinación, y le desembaracemos para que pueda poner y
quitar como en cosa propia. Y tiene razón Su Majestad, no se lo neguemos. Y
como El no ha de forzar nuestra voluntad, toma lo quele damos, mas no se da
a Sí del todo hasta que nos damos del todo. Esto es cosa cierta y,
porque importa tanto, os lo acuerdo tantas veces: ni obra en el alma como
cuando del todo sin embarazo es suya, ni sé cómo ha de obrar; es amigo de
todo concierto. Pues si el palacio henchimos de gente baja y de baratijas,
¿cómo ha de caber el Señor con su corte? Harto hace de estar un poquito
entre tanto embarazo.
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