jueves, 27 de octubre de 2011

Perceverar

Se escucha decir: "Dios es tan bueno, que la verdad yo creo que nos va a salvar a todos". Esta expresión es en parte verdad y en parte no. Ciertamente Dios es tan bueno y nos ama tanto que "envió a su Hijo amado para que todo el que crea en él no muera sino que tenga vida eterna". Sin embargo, requiere, como lo hemos oído hoy de nuestro Señor, la cooperación del hombre: "Esfuércense por entrar". Este esfuerzo no es otra cosa que la cooperación a la gracia que Dios ya ha depositado en nuestro corazón y que nos impulsa a vivir en la gracia y a rechazar el pecado.

De manera concreta podemos decir que una de las formas más efectivas de cooperar a esta gracia, es reconociendo con sinceridad nuestras áreas débiles (las que de ordinario nos llevan al pecado) acción de la gracia, y alejándonos de las ocasiones de pecado cooperación humana .

El pensamiento de Pablo sobre la gracia y la acción del Espíritu en nuestra vida, contiene una profundidad que en una pocas líneas no podríamos agotar. Por ello, sólo tomemos para nuestra reflexión personal el hecho de que nuestra oración debe ser hecha "en el Espíritu". Esto obedece a que nuestra frágil humanidad está debilitada por el pecado, lo que nos hace tender con mucha facilidad hacia el egoísmo. Lo que se transforma, en no pocas ocasiones, en peticiones que poco contribuyen a nuestro crecimiento y al de nuestros hermanos.
Por ello, san Pablo invita a los fieles a dejar que sea el mismo Espíritu, que no sólo conoce nuestros corazones sino que conoce el proyecto de amor de Dios, quien ore en nosotros. Ciertamente esto no es algo que se adquiere fácilmente, es necesario orar y aprender poco a poco a escuchar la voz silenciosa del Espíritu que se mueve en nuestro corazón. La oración no solamente da gloria al Padre, sino que atrae hacia el orante la abundancia de la gracia.

Perceverar en la oración hace ver por experiencia propia a lo que se refiere san Pablo.

Padre bueno, que la fuerza del Espíritu de tu Hijo me conduzca por los caminos de la confianza filial para que te ame y reconozca como Padre, de tal manera que viva dócil a Ti y en el constante servicio a mis hermanos.

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