sábado, 7 de abril de 2012

Alegraos!

Celebremos y hagamos nuestro aquel primer día de la semana el domingo de Pascua cuando Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: “La paz con vosotros”. Los discípulos se llenaron de alegría al ver que era Jesús, aquel a quien vieron morir en la cruz y que entonces reconocían glorificado. Jesús les infundió el Espíritu y les envió como testigos de la Vida a continuar la misión que el Padre le había encomendado. Tomás, uno de los apóstoles, no estaba allí y no se lo creía. Pero ocho días después Jesús se presentó de nuevo, llamó a Tomás y le dijo: “Acércate, trae tu mano y métela en mi herida. Dichosos los que crean sin haber visto” (cf Jn 20, 19-29).
Esta es la historia que trasciende la historia de los hombres. Jesús de Nazaret es la luz que ilumina nuestro interior. Él da sentido a nuestros pequeños pasos y al camino de la Humanidad. Abramos los ojos del corazón, apartemos de nuestra vista la falsedad, la hipocresía y el egoísmo… Mirad al Hombre que en la cruz entregó su espíritu en manos del Padre, murió por nosotros y se nos da al partir el pan como sacramento de amor y vida. «Con la Pascua –nos dice san Agustín– no sólo recordamos la muerte y resurrección del Señor, sino que también nosotros pasamos de muerte a vida» (Ep. 55, 2).
Jesús nos habla también hoy. ¿No lo oyes?. Escucha su palabra en la Escritura. Oye como su voz resuena en la comunidad reunida en su nombre, en el amor sincero y en el silencio de tu corazón. Es su lamento el que se oye en el dolor del enfermo, en la necesidad del pobre y en el que sufre la injusticia y el abandono. Escucha cómo en tu dialecto más familiar te invita cada día a amar y a rezar, a perdonar y a esperar, a construir la paz y a obrar la justicia, a anhelar la felicidad verdadera.
Levanta tu mirada al cielo y observa la tierra. Contempla a Cristo y mira al que sufre con esperanza, al que es sencillo y generoso. Fíjate en el que ama con alegría y gasta su vida sirviendo con amor. Con la Pascua la muerte ha sido vencida: Jesús ha mostrado el corazón de Dios y nos ha abierto las puertas de la eternidad.

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