El Misionerismo se basa en el amor, en la entrega y en el servicio a los demás que te lleva a la "Trascendencia". Lleva una buena dosis de cuidado. Cuidado y preocupación por el otro, ya que todos somos hechos a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto, con una relación fraterna.
El Misionerismo se traducirá en la formación de la conciencia, en la promoción personal y familiar, en la salvación de uno mismo y de los otros, por medio de los valores humanos, universales, cristianos, y Trascendentes. Tiene como principio y fundamento a Dios. La meta natural de quien vive el Misionerismo es la Trascendencia, ya que el amor desinteresado trasciende al mundo material, lo cual lleva a la persona hacia la eternidad.
Para poder llevar este mensaje de amor, primero hay que recibirlo. Porque Dios es amor, se hace don al hombre; el amor es la única actitud justa ante la persona para que pueda desarrollar su vida en forma armoniosa. Como lo especifica claramente Benedicto XVI en su Encíclica Dios es Amor: "Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don. Es cierto -como nos dice el Señor- que el hombre puede convertirse en fuente de la que emanan fuentes de agua viva (cf. Jn 7, 37-38). No obstante, para llegar a ser una fuente así, él mismo ha de beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón traspasado brota el amor de Dios (cf. Jn 19, 34)".(3) Según Juan Pablo II "el hombre "no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás"
No hay comentarios:
Publicar un comentario