sábado, 28 de abril de 2012
Candente
Uno de los temas más candentes y discutidos en la crisis de la pastoral vocacional. Si antes del concilio se realizaba una pastoral vocacional decidida, con sus fallos y exageraciones, el tiempo posterior llevó a un abandono de la pastoral vocacional. Todavía se da una resistencia a la misma. Como reflejo de esa crisis, abunda más la preocupación por las vocaciones que los planes precisos y experimentados de pastoral vocacional.
Difícilmente se va a realizar bien o se va a proponer bien la elección de vida si no se aprecian las diversas vocaciones en el interior de la iglesia. No se trata de una guerra entre las diversas vocaciones. Cada una de ellas refleja la excelencia de la vida cristiana, y en todas ellas se puede vivir la santidad y la perfección, la plenitud de la vida cristiana. Como reacción a una insistencia desproporcionada sobre el valor del ministerio ordenado y de la vida consagrada, se ha pasado en algunos ambientes bien a ignorar la cuestión de la elección de vida o bien incluso a considerar, tácitamente, que el laicado es una forma de vida superior o más actual.
La reacción en contra de una Iglesia excesivamente clerical parece positiva. La pastoral vocacional no puede considerarse una pastoral anti-laical. Esto no quita que tanto el ministerio ordenado como la vida consagrada representen dentro de la Iglesia dos formas excelentes de vida cristiana, que toda comunidad cristiana debería estar empeñada en promover.
En muchos de los nuevos movimientos se celebra vivamente la existencia de vocaciones en su seno, se aprecian las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, las familias se alegran de que broten en su seno, lo entienden como una enorme bendición de Dios, en estas comunidades se reza por estas vocaciones, se presenta su belleza, se vive su atractivo por parte de todos los miembros, ya sean llamados o no. Tales comunidades constituyen un cultivo propicio para las vocaciones.
Estos seis elementos teológicos presentados para crear una cultura vocacional no bastan. Seguramente hay otros aspectos que inciden en este tema tan complejo. Ciertamente, existen al menos otros elementos, antropológicos (maduración de la persona: capacidad de silencio y soledad, resistencia ante las dificultades, mayor o menor fuerza de voluntad en las toma de decisiones, compromisos a largo plazo, autonomía...; desarrollo afectivo-sexual, acompañamiento, etc.) y sociológicos (ambiente familiar, fuerte incidencia en la identidad personal de la familia, el dinero y la profesión, horizonte débil de valores, etc.) que afectan especialmente a la pastoral vocacional. No es posible tratarlos todos aquí.
El problema de las vocaciones no tiene que ver sólo con una categoría de religioso/a, los pastoralistas de jóvenes. El problema pertenece a toda la Provincia, desde el más anciano hasta el último novicio. Todas tienen que preocuparse de la animación vocacional.
La experiencia de Dios recibida como un don y vivida en nuestro propio carisma, es capaz de llenar y llegar.
1. Reconoce tu importancia: Eres una persona importante; de alguna manera ha visto en ti los ideales vocacionales si te ha elegido como confidente.
2. Manténte en contacto: Charlas periódicas, llamadas, e-mails; lo importante es que le prestes atención y que lo advierta.
3. Ponle en contacto con otras personas que viven la vocación: que vaya a comer a tu comunidad, invítale a una celebración litúrgica, proporciónale buenas lecturas sobre la congregación, la oración, Jesús; ofrécele asistir a una ceremonia de votos o celebración especial.
4. Háblale de tus propias ideas y experiencias: ¿qué te entusiasma e ilusiona en tu vocación? Tus gozos y desafíos que has encontrado.
5. Apoya su desarrollo espiritual: anímale a permanecer cerca de Dios a través de los sacramentos y la oración. Ayúdale a encontrar un método de oración, ofrécele un acompañamiento espiritual o sugiere a otra persona; invítale a un retiro.
6. Se paciente: dale tiempo suficiente para que llegue a una decisión libre y ponderada.
7. Ora.
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