miércoles, 20 de junio de 2012
Cumbre de los Pueblos
Veinte años después de la Cumbre de la Tierra, se convirtió en hilo conductor para el cambio, volvemos a reunirnos para discutir sobre las posibilidades del desarrollo sostenible.
Evidentemente no es fácil hacer una evaluación de veinte años de actividad. Si consideramos las expectativas en reducción de la pobreza, acceso de millones de personas a sanidad, educación o patrones de consumo, entonces sí tenemos motivos para celebrar. Pero algunos de los temas que se discutieron en el 92 en Río no sólo no han mejorado sino que han empeorado. La pobreza extrema sigue afectando a más de mil millones de personas en el mundo, el hambre, las hambrunas siguen aconteciendo así como conflictos armados y violencia. Lo que todavía es más evidente es el efecto negativo de la acción humana en su medio ambiente (agotamiento de recursos naturales, desertificación, polución) y el continuo impacto del cambio climático, mantenido por el excesivo consumo de algunos y su falta de solidaridad.
El resultado del Programa para el Medio Ambiente afirma que: “Los cambios que actualmente se observan en el sistema Tierra no tienen precedentes en la historia de la humanidad. Los esfuerzos por reducir la velocidad o la magnitud de los cambios incluyendo una mejora en la eficiencia de los recursos y medidas de mitigación han dado resultados moderados pero no han conseguido revertir los cambios ambientales adversos. En los últimos cinco años no han disminuido ni la escala de los cambios ni su velocidad”.
La humanidad se está acercando a algunos umbrales como no lo había hecho nunca antes, algunos los ha traspasado a nivel local o regional y en muchos otros estamos muy cerca de hacerlo. La perspectiva global es hoy mucho más negativa, urgente y grave que nunca. Por eso provoca más urgencia la posibilidad de que puede ser un nuevo fracaso a engrosar la larga lista de los fallidos procesos internacionales por promover la sostenibilidad. Lo que está en juego es mucho más que la reputación de los diplomáticos, y mucho más que la capacidad de las Naciones Unidas por ser ese organismo que coordine las políticas globales. Es evidente que los gobiernos no se han centrado de la manera adecuada en estos problemas durante las dos últimas décadas y ahora en medio de una devastadora crisis financiera y un comercio internacional ingobernable es difícil imaginar que va a surgir la voluntad política necesaria para responder a la degradación medioambiental acumulada. Existe una gran preocupación por la falta de voluntad y capacidad, de parte de los gobiernos y poderes económicos, para afrontar esta situación. Sin duda que esto significa una mayor responsabilidad de parte de la sociedad civil que tendrá que demandar las respuestas adecuadas.
Los dos temas principales son “una economía verde” y la “reducción de la pobreza.” Este segundo tema es mucho más conocido aunque también genera cuestiones, especialmente en las formas que se están adoptando para erradicar situaciones tan dramáticas. El concepto “economía verde” está lleno de ambigüedades y no admite una interpretación unívoca. No se está seguro de la capacidad de este concepto “verde” de promover los cambios necesarios para transformar la estructura económica actual y asumir los posibles costes. La dificultad del concepto “economía verde” se muestra en la dificultad de formular un borrador de documento conjunto para países desarrollados y menos desarrollados.
Pero Rio+20 será mucho más que esto. La ciudad va a acoger a decenas de miles de participantes en la Cumbre de los Pueblos, un evento semejante al Foro Social Mundial que nació precisamente en Brasil. Serán dos semanas de presentaciones, mesas redondas, encuentros, debates e incluso liturgias. La Cumbre de los Pueblos cuenta con un apoyo importante del gobierno de Brasil que quería que Rio se asociase con un lugar de amplia participación social y no sólo como el lugar del encuentro.
Se ha buscado la manera de conectar la Cumbre de los Pueblos con la Conferencia de Naciones Unidas, para ello una plataforma virtual permitirá trasladar a la conferencia oficial los acuerdos de la Cumbre de los Pueblos. Río quiere promover la participación para mostrar que necesitamos un auténtico proceso desde abajo hacia arriba, que permita que la sostenibilidad sea algo real y no otra materia objeto de comercio.
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