lunes, 11 de junio de 2012
Tabernáculo
La fiesta del Corpus Christi es un gran acto de culto público de la Eucaristía, sacramento en el que el Señor sigue estando presente incluso más allá del momento de la celebración, para estar siempre con nosotros, a lo largo del paso de las horas y de los días.San Justino, que nos dejó uno de los testimonios más antiguos sobre la liturgia eucarística, dice que, después de la distribución de la comunión a los presentes, el pan consagrado se lo llevaban los diáconos a los ausentes (Apologia 1,65). Por lo tanto, el lugar más sagrado de las iglesias es, precisamente, donde se custodia la Eucaristía.Al compartir este pan, nace y se renueva la capacidad de compartir incluso la vida y los bienes, de sobrellevar unos el peso de los otros, de ser hospitalarios y acogedores.
La solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo propone nuevamente el valor de la adoración eucarística. El siervo de Dios. Pablo VI, recordaba que la Iglesia católica profesa el culto de la eucaristía "no sólo durante la misa, sino también fuera de su celebración, conservando con la máxima diligencia las hostias consagradas, presentándolas a la solemne veneración de los fieles cristianos, llevándolas en procesión con alegría.
La oración de adoración se puede realizar, sea personalmente, haciendo una pausa en recogimiento ante el tabernáculo, o ya sea en forma comunitaria, también con salmos y cantos, pero siempre privilegiando el silencio, en el cual escuchar interiormente al Señor vivo y presente en el Sacramento. La Virgen María es maestra también de esta oración, porque nadie mejor que ella ha sido capaz de contemplar a Jesús con los ojos de la fe, y acoger en el corazón la íntima resonancia de su presencia
La solemnidad del Cuerpo y Sangre del Señor, la Eucaristía. Es una tradición muy viva, en este día, se organizan solemnes procesiones con el Santísimo Sacramento por las calles y en las plazas. Este día de la fiesta las solemnes procesiones transcurren en medio de intensa atmósfera de música, cantos, aromas, recogimiento y oración. Renovando en los cristianos la alegría y la gratitud por la presencia eucarística de Jesús en medio de nosotros. Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.
El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.
Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario