lunes, 26 de noviembre de 2012

Tou Staurou

La fe católica es, razonable y brinda confianza también a la razón humana. El Concilio Vaticano I, en la Constitución dogmática Dei Filius, dijo que la razón es capaz de conocer con certeza la existencia de Dios por medio de la vía de la creación, mientras que solo corresponde a la fe la posibilidad de conocer "fácilmente, con absoluta certeza y sin error" (DS 3005) la verdad acerca de Dios, a la luz de la gracia. El conocimiento de la fe, más aún, no va contra la recta razón. El beato Papa Juan Pablo II, en la encíclica Fides et ratio, resumió: "La razón del hombre no queda anulada ni se envilece dando su asentimiento a los contenidos de la fe, que en todo caso se alcanzan mediante una opción libre y consciente" (n. 43). En el irresistible deseo por la verdad, solo una relación armoniosa entre la fe y la razón es el camino que conduce a Dios y a la plenitud del ser.
Esta doctrina es fácilmente reconocible en todo el Nuevo Testamento. San Pablo, escribiendo a los cristianos de Corinto, sostiene, como hemos escuchado: "Mientras los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles" (1 Cor. 1, 22-23). Dios ha salvado al mundo no con un acto de fuerza, sino a través de la humillación de su Hijo único: de acuerdo a los estándares humanos, el modo inusual ejecutado por Dios,contrasta con las exigencias de la sabiduría griega.
Sin embargo, la cruz de Cristo tiene una razón, que san Pablo llama: ho lògos tou staurou, "la palabra de la cruz" (1 Cor. 1,18). Aquí, el término lògossignifica tanto la palabra como la razón, y si alude a la palabra, es porque expresa verbalmente lo que la razón elabora. Por lo tanto, Pablo ve en la Cruz no un evento irracional, sino un hecho salvífico, que tiene su propia racionalidad reconocible a la luz de la fe. Al mismo tiempo, tiene tal confianza en la razón humana, hasta el punto de asombrarse por el hecho de que muchos, a pesar de ver la belleza de la obra realizada por Dios, se obstinan a no creer en Él. Dice en la Carta a los Romanos "Porque lo invisible [de Dios], es decir, su poder eterno y su, se deja ver a la inteligencia a través

Configura

Con ocasión del Sínodo de la Palabra el Papa Benedicto XVI proclamó la Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini. Se destaca en ella la fecundidad de la exégesis histórica y se insiste en la necesidad de completar el acercamiento histórico con una exégesis teológica. Esta última requiere una interpretación del texto que tenga presente la unidad de toda la Escritura, la tradición viva de la Iglesia y la analogía de la fe. Los tres elementos no se deducen de los textos, sino que son convicciones de fe anteriores a la lectura, que la sostienen como una mirada verdaderamente teológica de la Biblia, la más adecuada a la naturaleza de las Sagradas Escrituras. Benedicto XVI advierte en Verbum Domini: “La falta de una hermenéutica de la fe con relación a la Escritura no se configura únicamente en los términos de una ausencia; es sustituida por otra hermenéutica, una hermenéutica secularizada, positivista, cuya clave fundamental es la convicción de que Dios no aparece en la historia humana. Según esta hermenéu- tica, cuando parece que hay un elemento divino, hay que explicarlo de otro modo y reducir todo al elemento humano. Por consiguiente, se proponen interpretaciones que niegan la historicidad de los elementos divinos”. Una lectura fideísta de la Biblia, que excluye la razón, en la práctica, elabora un sistema que se apoya sobre pocos versículos bíblicos y no escucha a Dios, sino a su propia ideología, abriéndose así camino para el fundamentalismo.

Sujeto

Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a El .El alma humana está compuesta por un espíritu y por un cuerpo, en tu cuerpo físico habita tu espíritu (tu mente y tu corazón).Tu espíritu, como tu cuerpo, están sujetos a la ley de Dios.
Tu espíritu desea el bien pero por causa del pecado no puede agradar a Dios, y condenado a muerte, pide a Dios misericordia, pues la condena es irrevocable.

Dios que es la misericordia misma, instituye el Nuevo Pacto y envía a su propio Hijo a salvarte. Como te salva Jesucristo? Dios envía a su Hijo Emmanuel a vivir su vida en ti, para que haciéndose pecado, viniendo a tu carne y muriendo cada día junto contigo, el pueda vencer a tu viejo hombre, y formar al nuevo hombre. Quien es el nuevo hombre? es el Espíritu de Dios habitando en tu cuerpo carnal, mortal, terrenal.

Jesucristo no vino a salvar al viejo hombre, el vino a destruirlo y a formar en ti al nuevo. Entonces, tu espíritu, el que habita en el viejo hombre (tu mente y corazón) comienza progresivamente a ser revestido del nuevo hombre, al recibir la doctrina de Jesús (la mente de Cristo) y un nuevo hombre comienza a desarrollarse, eterno, incorruptible, hecho a la imagen y semejanza de Dios nuestro amado Padre.

Una figura de todo esto es el matrimonio, cuando un hombre y una mujer se juntan en matrimonio, hacen una sola carne y procrean un nuevo ser. Igualmente, cuando tu espíritu, el que habita el cuerpo de tu viejo hombre, recibe a Cristo hace un mismo Espíritu junto con El y un nuevo hombre el Espiritual nace. Entonces el mismo Espíritu que resucitó a Jesús el hijo de María, también en su momento te resucitará a ti, dándote un nuevo cuerpo, no el viejo cuerpo animal rejuvenecido, sino un nuevo cuerpo espiritual totalmente nuevo (en una futura resurrección), inmortal, glorioso y poderoso. Cuando tú escuchas  la palabra de Dios, la entiendes y crees, naces de nuevo, y en tu cuerpo corruptible, mortal, carnal, animal, conviven temporalmente los dos: vive tu viejo hombre, el gemelo mayor, el viejo Adán y vive también tu nuevo hombre, el gemelo menor, el nuevo Adán, El Cristo. El menor de acuerdo a todas las profecías, vencerá al mayor, vivirá para siempre  y heredará todas las cosas...el mayor morirá progresiva e irremediablemente causándote un gran sufrimiento…..

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Pedid y se os dará (Mt7,7-12)

Nos corresponde responden "anunciar el Evangelio de Jesucristo, como fuente de esperanza, de humanización, como fundamento para una ética personal responsable. Nuestra contribución al bien común, por una parte consiste en llevar a cabo la tarea de la “nueva evangelización” y, por otra, ofrecer nuestra palabra, que desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia contribuya a esclarecer el camino hacia el logro del bien común".En primer lugar, para transmitir la fe hace falta una comunidad de creyentes. Necesitamos profesores que sean verdaderos educadores católicos y que vivan su fe con autenticidad. El claustro de profesores de un colegio católico debe constituirse en verdadera comunidad de fe que se une en torno a Cristo para cumplir la misión que la Iglesia les encomienda: conducir a los niños a Cristo para procurar la salvación de sus almas. Hacen falta profesores militantemente creyentes y que sean además buenos profesionales en sus respectivas materias.
El formador debe enseñar desde el diálogo y la comunión entre fe y razón.
Los formadores deben celebrar juntos su fe en comunidad y compartir de manera frecuente la oración y el encuentro con el Señor en la Eucaristía. Si los sarmientos no están firmemente unidos a la Vid Verdadera, no podrán dar fruto.
El formador debe ser ejemplo de vida intachable en coherencia con la fe que profesa y con los principios morales de la Iglesia. Y como signo de esa fe, proclamar públicamente nuestra adhesión al Credo de la Iglesia y jurar fidelidad al magisterio y a la tradición de la Santa Madre Iglesia y al Romano Pontífice, sucesor de Pedro.
Los padres tienen una relación especialmente importante que debe ser aprovechada para la formación humana y espiritual, de tal modo que recuperemos el ámbito doméstico para que las familias sean verdaderas iglesias donde se vuelva a vivir y a transmitir la fe. Aprovechar para animar a que se formen grupos de oración, de formación o de diálogo en los que se pueda compartir la fe y la vida desde una perspectiva comunitaria. La fe no debe vivirse nunca como un mero espiritualismo desencarnado. La fe en el Resucitado, si es verdadera, debe impulsarnos al desarrollo de la acción caritativa. Por pura coherencia eucarística, debemos fomentar todo tipo de acciones de voluntariado que impliquen servir a los más necesitados. Tal vez, se debería favorecer la implicación en campañas de Caritas de la parroquia o la visita a enfermos y ancianos. En cualquier caso, la vida de fe debe sustanciarse en acciones concretas que hagan realidad las obras de misericordia que agradan al Señor: “dar de comer al hambriento, de beber al sediento; visitar al enfermo; vestir al desnudo; acoger al emigrante.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Inseparable

María es testigo de la caridad de Cristo y de la unidad que la Iglesia debe vivir desde Pentecostés hasta el fin de los tiempos. Su mirada sabe percibir las necesidades de los seres humanos, como hizo en Caná y preparar el camino de la intervención de Cristo transformando el agua de nuestra vida en el vino de la salvación que purifica nuestros corazones. y nos hace agradables a Dios. No nos faltará en esta MISIÓN ocasiones en que sintamos cómo María nos señala las carencias de los hombres para que, como testigos de la Verdad, anunciemos a Cristo y colaboremos a que su presencia se haga sentir con toda la fuerza de su gracia. De la experiencia sinodal saldrán muchos efectos y frutos espirituales, pastorales y misioneros para toda la Iglesia. Su programa, sus caminos, su objetivo y su espíritu se sienten confirmados, profundizados y enriquecidos con lo ya aprendido y vivido en la experiencia sinodal. Las intervenciones del Santo Padre han sido extraordinariamente luminosas, señalándonos la verdad teológica del itinerario eclesial de la nueva evangelización para la transmisión de la fe. El Mensaje de los Padres Sinodales puede ayudarnos a comprenderlo, a realizarlo con mayor ardor, mayor audacia y valor apostólico y movidos por un apasionado celo por la salvación del hombre y de las almas que nos han sido confiadas.
Invocando a Nuestra Señora y Madre, hagamos nuestra las palabras finales del Mensaje de los Padre Sinodales, plenas de belleza espiritual y de tierna devoción a la Madre del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, y Madre de la Iglesia:
“La figura de María nos orienta en el camino. Este camino, ha dicho Benedicto XVI, podrá parecer una ruta en el desierto; sabemos que tenemos que recorrerlo llevando con nosotros lo esencial: la cercanía de Jesús, la verdad de su Palabra, el pan eucarístico que nos alimenta, la fraternidad de la comunión eclesial y el impulso de la caridad. Es el agua del pozo la que hace florecer el desierto y como en la noche en el desierto las estrellas se hacen más brillantes, así en el cielo de nuestro camino resplandece con vigor la luz de María, estrella de la nueva evangelización a quien, confiados, nos encomendamos”.

Maestra

 “Por dignidad humana, empleo para todos” quiere expresar la necesidad de que las personas tengan un trabajo estable que les ayude a vivir de forma plena, como la urgencia de combatir las enormes cifras de desempleo que está trayendo la crisis que estamos atravesando. El horizonte cristiano es que las personas puedan vivir de forma digna, y el tener un trabajo es uno de los pilares que permite sostener la dignidad de las personas.
«¿Pero acaso no es posible también hoy para los jóvenes, muchachos, adultos, hacer de vuestra vida un testimonio de comunión con el Señor, que se transforme en una auténtica obra maestra de santidad?  Esto será posible si se sigue manteniéndose fiel a sus profundas raíces de fe, alimentadas por una adhesión plena a la palabra de Dios, por un amor incondicional a la Iglesia, por una participación vigilante en la vida civil y por un constante compromiso formativo. Responded generosamente a esta llamada a la santidad, según las formas más características de vuestra condición laical... Esta amplia dimensión eclesial, que identifica el carisma  cristiano, no es signo de una identidad , más bien, atribuye una gran responsabilidad a la vocación laical: iluminados y sostenidos por la acción del Espíritu Santo y arraigados constantemente en el camino de la Iglesia, se estimula a buscar con valentía síntesis siempre nuevas entre el anuncio de la salvación de Cristo al ser humano de nuestro tiempo y la promoción del bien integral de la persona y de toda la familia.
 Donde  "florece el desierto", se reafirma la fe en Cristo resucitado, camino, verdad y vida. En Él confian su "vocación de servicio", la misma que Él quiso para su Iglesia. Así, lo "podremos vivir este Año de la Fe, como tan hermosamente lo representaba el Santo Padre, 'como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión, sino el evangelio y la fe de la Iglesia'".
 "Que la Santísima Virgen María, a quien los católicos expresamos nuestro especial cariño y devoción, nos haga más fieles discípulos misioneros de su Hijo".
María es, ante todo, Sierva de la Verdad, porque escuchó la Palabra de Dios y la aceptó en su corazón con la certeza de que en ella se cumplirá lo que le dijo el Señor. Y se cumplió plenamente al acoger en su mismo seno la Palabra de Dios hecha carne. Desde entonces no dejó de servir a su Hijo y se convirtió en la primera y más leal colaboradora. Sirvió a su Hijo en todo momento con sencillez y humildad y, al fin de su vida, con la fortaleza de la Mujer nueva que, al pie de la cruz, no huye ante el escándalo del sufrimiento y de la muerte, sino que lo supera con una fe inconmovible que la convierte en baluarte de toda la Iglesia y tipo perfecto del creyente. Quien mira a María descubre en ella cómo vivir la fe en cada circunstancia y cómo expresar con la palabra y con la vida lo que ella misma nos dice en Caná: “Haced lo que él os diga”. Esta la actitud que debemos suplicar : Hacer siempre la voluntad de Cristo que no dejará de hacer fecunda nuestra vida.
María es, también,  Testigo de la Verdad, porque confirmó con sus actitudes más profundas y sus gestos sencillos la fe que profesaba. No dudó en ponerse en camino para llevar a su pariente Isabel el testimonio de su caridad, que llenó de gozo al Bautista como un presagio de la alegría desbordante que traería la salvación a todos los seres humanos.

Danos

Señor, dame de esa agua ,para que no tenga sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”(Juan 4,15)
La formación  no se trata solo de formar a defender los propios intereses, sino, antes y sobre todo, a tener intereses, a interesarse por algo; “pues quien ha aprendido a defender sus intereses, pero en realidad no se interesa nada más que por él, no puede ser feliz”.  Vivir con alegría la identidad de Cristianos y la pertenencia a la Iglesia .
Sin duda los intereses tienen que ver con los deseos. Por eso es también interesante la formación de los deseos,que revisa el propio estilo de vida y adoptar formas de ser y actuar más responsables. El “deseo de Dios”, como “un aspecto fascinante de la experiencia humana y cristiana”. Inscrito por Dios en el corazón humano, este deseo hace que sólo en Dios el hombre puede encontrar la verdad y la felicidad que no cesa de buscar. la fe? Dios sale a nuestro encuentro de muchas maneras. En cada experiencia conmovedora de la naturaleza, en cada encuentro verdaderamente humano, en cada aparente casualidad, en cada sufrimiento, en cada reto que se nos plantea, hay un mensaje escondido de Dios para cada uno. También lo escuchamos en la voz de nuestra conciencia si está abierta a la verdad.
Oración a Santa María: “Gloriosa Madre de Cristo, porque has creído que el Hijo, a quien concebiste muerto por nosotros, había de resucitar. ¡Oh, piadosa!, tú eres para la Iglesia fortaleza de la fe”
Dios Omnipotente que con la ayuda del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de María la Virgen Madre para ser Digna Morada de tu Hijo,al recordarlo con alegría librános por su intersección de los males presentes y de la muerte eterna. Cóncedenos que guiados por el mismo Espíritu,sintamos la rectitud y gocemos de tu consuelo por Jesucristo Nuestro Señor.Amén.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Mirar

Mirar a Cristo para comprender al ser humano,nos dice Benedicto XVI.
Frente a un estilo de vida donde se afirma que sólo existe este mundo material, que estamos aquí por azar y que cuando morimos nos podrimos, el cristiano argumentará desde la razón natural, desde la naturaleza humana y el sentido común, no desde la religión. Sostenemos que la dignidad de la persona humana no depende del tamaño o grado de desarrollo del individuo o de simples mayorías que excluyan de la comunidad moral a los niños no nacidos, a los que tienen alguna malformación , y a los enfermos incurables; que la ciencia certifica que existe un nuevo ser humano desde la concepción; que es esencial para la supervivencia, y ante el evidente invierno demográfico, practicar esa anticuada costumbre de comprometerse para toda la vida con una persona de sexo opuesto y tener hijos .

 Nuestros argumentos carecerán de toda credibilidad si no están respaldados por el testimonio de vida. Reducir el cristianismo a un conjunto de valores sociales o ideales morales sería empobrecerlo. Lo esencial es la fe en que Dios se ha revelado definitivamente en Jesucristo, y que es un Dios salvador que satisface el anhelo eternamente insatisfecho del corazón humano. La convicción de que hemos sido salvados en Jesucristo es lo fundamental. Todo lo demás es una consecuencia lógica. La religión, sin la experiencia del descubrimiento del Hijo de Dios y de la comunión con Él, se convierte en un mero conjunto de principios cada vez más difíciles de comprender, y de reglas que cada vez se hacen más duro aceptar.

Nuestra vida, por tanto, debería irradiar el gozo de quien ha sido salvado. En esta capacidad de irradiación, en esta capacidad de mostrar que hemos encontrado la piedra preciosa, se juega la credibilidad de nuestro discurso y de nuestra influencia en la sociedad. Sobre nosotros pesa siempre la dura sentencia de Nietzsche: “los cristianos no tienen el aire de estar salvados”. Nos incumbe la gran responsabilidad de mostrar con nuestras vidas que la salvación en Jesucristo es real, que la fe puede realmente transfigurar la existencia.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Primordialmente

Es evidente que, aunque siempre va unida a las dos primeras aplicaciones,  la “nueva” evangelización va específicamente dirigida a las personas que están registradas en los libros de la Iglesia en tanto que fueron bautizados y se cuentan como católico romanos en las estadísticas oficiales, a pesar de que están prácticamente sin iglesia, son espiritualmente paganos y tienen necesidad de ser recuperados por  la  Iglesia,  si bien sacramentalmente forman parte de ella. Estos son los católico romanos en el sentido cultural, pero no se encuentran nunca en la misa dominical, tienen creencias ingenuas y estilos de vida desconcertantes si se evalúan según el Catecismo .

 La Nueva Evangelización va dirigida a los católico romanos “nominales”, aunque la palabra “nominal” no se utiliza en el documento.

Las estadísticas globales recientes indican que el número total de católico romanos en todo el mundo va en aumento: en 2009 había 1.181 billones de personas que habían sido bautizadas (1,3% más que en 2008). Con todo, estas cifras dicen solo la mitad de la verdad. La preocupación real de la Iglesia CR es el incremento de católico romanos secularizados, especialmente en el Mundo Occidental, pero también en muchas partes del “Mundo Mayoritario”.

Estas personas “pertenecen” sin “pertenecer” (todo lo contrario de lo que ocurre en el mundo evangélico donde la gente puede pertenecer sin ser miembro). La Nueva Evangelización es el medio por el que pueden pertenecer y creer, ya que ambos son cuantitativa y cualitativamente parte de la Iglesia .

 La otra preocupación, esencialmente en Latino América, es la pérdida de personas que en su día fueron bautizadas en la Iglesia , pero ahora están afiliadas a las “sectas” (una palabra despectiva que también se usa para estigmatizar a los evangélicos).  Según el  Lineamenta,  los instrumentos de la Nueva Evangelización son dos patrones de formación espiritual muy tradicionales pero bien establecidos: un énfasis renovado en el catecismo (o sea, la transmisión de la fe ) y un reanimado esfuerzo hacia el catecumenado (o sea, el fomento del discipulado).
La Nueva Evangelización no trata primordialmente sobre la misión dirigida al mundo incrédulo. Va dirigida principalmente a revertir la marea dentro del cristianismo , o sea, que es más un asunto interno que un objetivo misionero. Su labor es recobrar para  la  Iglesia a aquellos que han sido bautizados, quizás llamados a la fe, asisten a los funerales y a las bodas, pero su estilo de vida es ajeno a las normas que marca el Catecismo

 El documento  Lineamenta  sienta las bases para la discusión global sobre la Nueva Evangelización y plantea muchas preguntas a las que los Obispos tendrán que responder. Sin embargo, se ha descuidado un gran tema.

Aunque hay una abierta comprensión del problema, la conciencia de las causas parece incompleta. Sin duda, la secularización explica muchas cosas del alejamiento del Mundo Occidental de hoy de los ritos y patrones tradicionales de la Iglesia. Pero,  debe hacerse una pregunta más profunda que tiene que ver con la eclesiología surgida del Vaticano II (1962-1965). La gran pregunta que el Vaticano II dirigió era eclesiológica: ¿qué clase de iglesia queremos?

¿Una iglesia de los fieles, una iglesia confesional, una iglesia que armonice la fe y la práctica? ¿O bien una iglesia “católica”, la iglesia del pueblo, con lo que esto significa de falta de fidelidad y de integridad? ¿Una iglesia que se especializa en conversiones y discipulado o una iglesia que todo lo abarca y todo lo incluye?
Ante la evidencia de esta sed de felicidad y de esta impotencia para aferrarla, continúa Pascal diciendo: «que hubo antaño en el hombre una verdadera felicidad, de la que no le queda ahora más que la señal la impronta vacía, y que trata inútilmente de llenar con todo lo que le rodea»… pero en vano, «porque este abismo infinito sólo puede ser llenado por un objeto infinito e inmutable, es decir, por el mismo Dios».
 Desde el punto de vista eclesiológico, la pregunta era: ¿queremos una iglesia de los bautizados (dejando de lado lo que ocurre  después  del bautismo del infante) o una iglesia de discípulos?  El Vaticano II contestó inequívocamente: ¡la primera, preservando al mismo tiempo el aparato de la última! Esta respuesta tiene las graves consecuencias que son evidentes para todos, incluida la jerarquía CR.

La secularización es una explicación de la falta de profundidad espiritual de la Iglesia CR de Occidente, pero la otra aclaración se encuentra en la eclesiología del Vaticano II. El documento  Lineamenta  habla mucho de la secularización y se salta los dogmas de la eclesiología CR de hoy en día como si no formaran parte de la cuestión que está en juego.

 A continuación hacemos algunas preguntas que deberían haber sido formuladas en lugar de las anteriores:
• El momento crucial de la vida cristiana, ¿es el bautismo (sea cual sea la teología que haya detrás) o la conversión?
• Los pagano-cristianos, ¿necesitan sólo ser conscientes de quienes ya son, o les hace falta la conversión de los ídolos a Dios?
• La disciplina de la iglesia, ¿es una marca calificativa de la iglesia o es un añadido complementario opcional?

Veremos como responde el Sínodo.  ¿Será la “Nueva Evangelización” simplemente una iniciativa pastoral para que la gente regrese a la iglesia, dejando todo los demás intacto?

Referencia

La nueva Evangelización parece que va a convertirse,en el futuro en el eslogan clave en los círculos La frase fue introducida y utilizada extensamente por Juan Pablo II durante su largo pontificado, ya que fue una de sus maneras de enfrentarse a los efectos de la secularización del Mundo Occidental.

El Papa Benedicto XVI ha hecho siempre referencia a la Nueva Evangelización en sus enseñanzas y en 2010 se creó un Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización para formalizarla, con el deseo de difundirla a largo plazo y por todo el mundo. Juan Pablo II tuvo la visión y proporcionó el lenguaje (acuñando un nuevo título mariano al estilo de Hollyvood: ¡María la “Estrella de la Nueva Evangelización”!), pero Benedicto XVI desarrolla detalladamente lo que esto significa.

 Además, el Papa Benedicto XVI ha anunciado recientemente que el próximo Sínodo de los Obispos se celebrará en octubre de 2012 sobre el tema de la Nueva Evangelización.  Esto significa que todos los obispos del mundo serán convocados a Roma para debatirlo.
1. Se presentará un documento preparatorio, el  (Lineamenta),  pidiendo respuestas y comentarios;
2. Basándose en las respuestas escritas de los obispos se preparará una herramienta de trabajo, el  (Instrumentum Laboris)  [el instrumento de trabajo], que servirá de texto oficial del Sínodo y
3. Después del Sínodo (quizás uno o dos años más tarde) el Papa emitirá una Exhortación Post-Sinodal que será parte de su magisterio. O sea, que tanto el  Lineamenta  como el  Instrumentum Laboris  son los documentos preliminares y provisionales, por lo que la Exhortación final tiene valor magisterial.

Ahora estamos en la fase del  Lineamenta.  El texto de 60 páginas (en ocho idiomas oficiales) se ha enviado a los Obispos y se ha presentado a la prensa. Su título oficial completo es  La Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe Cristiana.  En noviembre de 2011 se habrán reunido todos los comentarios a fin de redactar el  Instrumentum Laboris  a tiempo para el Sínodo de Octubre de 2012. ¿Cuál es la trascendencia del  Lineamenta ? Hay una en particular…
La frase “Nueva Evangelización” hace al menos tres décadas que circula por los documentos y los discursos de los Papas. Pero en el  Lineamenta,  puede que por primera vez, se expone el significado de “nueva”, al menos en parte:
1. La misión permanente y corriente de la iglesia.
2. La “primera” evangelización a las gentes no cristianas.
3. La “nueva” evangelización a las personas bautizadas, pero no evangelizadas.

Ejercitación

El Espíritu que el Padre ha derramado en nuestros corazones es el Espíritu de Cristo. Por eso todos somos hijos de Dios en el Hijo Amado. Lo anterior ya pasó, nuestro hombre viejo ha muerto y en Cristo somos una criatura nueva. El hombre espiritual se deja guiar por el Espíritu y ya no está sometido a nada ni a nadie. San Pablo nos asegura: todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.
¿Cómo experimentar hoy esa plenitud en Cristo? La globalización es una realidad que experimentamos a diario: el mundo se ha hecho más pequeño, más interrelacionado. Entendemos que ese fenómeno es una oportunidad para vivir mejor la espiritualidad de la comunión y la catolicidad.
Nos posibilita la percepción de la presencia de Dios en un mundo ancho y ajeno, pero que el Espíritu nos lo hará cercano y querido. Él nos permite captar la presencia recreadora de Dios en nuestro hoy. El mundo es nuestra casa y debemos sentirnos a gusto en él junto con todos los hombres nuestros hermanos.
Es conveniente afinar esta percepción que nos permitirá sentirnos, más que espectadores, corresponsables de la acción de Dios. El Espíritu sanará nuestros ojos y los iluminará para que descubramos las maravillas que Dios obra en el aquí y ahora.
El Espíritu se servirá para descubrirte la personalidad nueva, polifacética y pletórica que el Padre te regala en Cristo. Así podrás experimentar con gozo la comunión y la catolicidad con toda la humanidad y con la misma naturaleza donde vivimos. Los que han llegado a ser hijos de Dios y han sido hallados dignos de renacer de lo alto por el Espíritu Santo y poseen en sí a Cristo, que los ilumina y los crea de nuevo, son guiados por el Espíritu de varias y diversas maneras, y sus corazones son conducidos de manera invisible y suave por la acción de la gracia.
A veces, lloran y se lamentan por el género humano y ruegan por él con lágrimas y llanto, encendidos de amor espiritual hacia el mismo.
 El Espíritu Santo los inflama con una alegría y un amor tan grandes que, si pudieran, abrazarían en su corazón a todos los hombres, sin distinción de buenos o malos. Experimentan un sentimiento de humanidad que los hace rebajarse por debajo de todos los demás hombres, teniéndose a sí mismos por los más abyectos y despreciables.
El Espíritu les comunica un gozo inefable.Son seres humanos valeroso que, equipado con toda la armadura regia y lanzándose al combate, pelea con valentía contra sus enemigos y los vence. Así también el hombre espiritual, tomando las armas celestiales del Espíritu, arremete contra el enemigo y lo somete bajo sus pies.  El alma descansa en un gran silencio, tranquilidad y paz, gozando de un excelente optimismo y bienestar espiritual y de un sosiego inefable.
El Espíritu le otorga una inteligencia, una sabiduría y un conocimiento inefables, superiores a todo lo que pueda hablarse o expresarse. 
De este modo, el alma es conducida por la gracia a través de varios y diversos estados, según la voluntad de Dios que así la favorece, ejercitándola de diversas maneras, con el fin de hacerla íntegra, irreprensible y sin mancha ante el Padre celestial.
Pidamos también nosotros a Dios, y pidámoslo con gran amor y esperanza, que nos conceda la gracia celestial del don del Espíritu, para que también nosotros seamos gobernados y guiados por el mismo Espíritu, según disponga en cada momento la voluntad divina, y para que él nos reanime con su consuelo multiforme; así, con la ayuda de su dirección y ejercitación y de su moción espiritual, podremos llegar a la perfección de la plenitud de Cristo, como dice el Apóstol: Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Cristo.