Es evidente que, aunque siempre va unida a las dos primeras aplicaciones, la “nueva” evangelización va específicamente dirigida a las personas que están registradas en los libros de la Iglesia en tanto que fueron bautizados y se cuentan como católico romanos en las estadísticas oficiales, a pesar de que están prácticamente sin iglesia, son espiritualmente paganos y tienen necesidad de ser recuperados por la Iglesia, si bien sacramentalmente forman parte de ella. Estos son los católico romanos en el sentido cultural, pero no se encuentran nunca en la misa dominical, tienen creencias ingenuas y estilos de vida desconcertantes si se evalúan según el Catecismo .
La Nueva Evangelización va dirigida a los católico romanos “nominales”, aunque la palabra “nominal” no se utiliza en el documento.
Las estadísticas globales recientes indican que el número total de católico romanos en todo el mundo va en aumento: en 2009 había 1.181 billones de personas que habían sido bautizadas (1,3% más que en 2008). Con todo, estas cifras dicen solo la mitad de la verdad. La preocupación real de la Iglesia CR es el incremento de católico romanos secularizados, especialmente en el Mundo Occidental, pero también en muchas partes del “Mundo Mayoritario”.
Estas personas “pertenecen” sin “pertenecer” (todo lo contrario de lo que ocurre en el mundo evangélico donde la gente puede pertenecer sin ser miembro). La Nueva Evangelización es el medio por el que pueden pertenecer y creer, ya que ambos son cuantitativa y cualitativamente parte de la Iglesia .
La otra preocupación, esencialmente en Latino América, es la pérdida de personas que en su día fueron bautizadas en la Iglesia , pero ahora están afiliadas a las “sectas” (una palabra despectiva que también se usa para estigmatizar a los evangélicos). Según el Lineamenta, los instrumentos de la Nueva Evangelización son dos patrones de formación espiritual muy tradicionales pero bien establecidos: un énfasis renovado en el catecismo (o sea, la transmisión de la fe ) y un reanimado esfuerzo hacia el catecumenado (o sea, el fomento del discipulado).
La Nueva Evangelización no trata primordialmente sobre la misión dirigida al mundo incrédulo. Va dirigida principalmente a revertir la marea dentro del cristianismo , o sea, que es más un asunto interno que un objetivo misionero. Su labor es recobrar para la Iglesia a aquellos que han sido bautizados, quizás llamados a la fe, asisten a los funerales y a las bodas, pero su estilo de vida es ajeno a las normas que marca el Catecismo
El documento Lineamenta sienta las bases para la discusión global sobre la Nueva Evangelización y plantea muchas preguntas a las que los Obispos tendrán que responder. Sin embargo, se ha descuidado un gran tema.
Aunque hay una abierta comprensión del problema, la conciencia de las causas parece incompleta. Sin duda, la secularización explica muchas cosas del alejamiento del Mundo Occidental de hoy de los ritos y patrones tradicionales de la Iglesia. Pero, debe hacerse una pregunta más profunda que tiene que ver con la eclesiología surgida del Vaticano II (1962-1965). La gran pregunta que el Vaticano II dirigió era eclesiológica: ¿qué clase de iglesia queremos?
¿Una iglesia de los fieles, una iglesia confesional, una iglesia que armonice la fe y la práctica? ¿O bien una iglesia “católica”, la iglesia del pueblo, con lo que esto significa de falta de fidelidad y de integridad? ¿Una iglesia que se especializa en conversiones y discipulado o una iglesia que todo lo abarca y todo lo incluye?
Ante la evidencia de esta sed de felicidad y de esta impotencia para aferrarla, continúa Pascal diciendo: «que hubo antaño en el hombre una verdadera felicidad, de la que no le queda ahora más que la señal la impronta vacía, y que trata inútilmente de llenar con todo lo que le rodea»… pero en vano, «porque este abismo infinito sólo puede ser llenado por un objeto infinito e inmutable, es decir, por el mismo Dios».
Desde el punto de vista eclesiológico, la pregunta era: ¿queremos una iglesia de los bautizados (dejando de lado lo que ocurre después del bautismo del infante) o una iglesia de discípulos? El Vaticano II contestó inequívocamente: ¡la primera, preservando al mismo tiempo el aparato de la última! Esta respuesta tiene las graves consecuencias que son evidentes para todos, incluida la jerarquía CR.
La secularización es una explicación de la falta de profundidad espiritual de la Iglesia CR de Occidente, pero la otra aclaración se encuentra en la eclesiología del Vaticano II. El documento Lineamenta habla mucho de la secularización y se salta los dogmas de la eclesiología CR de hoy en día como si no formaran parte de la cuestión que está en juego.
A continuación hacemos algunas preguntas que deberían haber sido formuladas en lugar de las anteriores:
• El momento crucial de la vida cristiana, ¿es el bautismo (sea cual sea la teología que haya detrás) o la conversión?
• Los pagano-cristianos, ¿necesitan sólo ser conscientes de quienes ya son, o les hace falta la conversión de los ídolos a Dios?
• La disciplina de la iglesia, ¿es una marca calificativa de la iglesia o es un añadido complementario opcional?
Veremos como responde el Sínodo. ¿Será la “Nueva Evangelización” simplemente una iniciativa pastoral para que la gente regrese a la iglesia, dejando todo los demás intacto?
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