lunes, 19 de noviembre de 2012

Inseparable

María es testigo de la caridad de Cristo y de la unidad que la Iglesia debe vivir desde Pentecostés hasta el fin de los tiempos. Su mirada sabe percibir las necesidades de los seres humanos, como hizo en Caná y preparar el camino de la intervención de Cristo transformando el agua de nuestra vida en el vino de la salvación que purifica nuestros corazones. y nos hace agradables a Dios. No nos faltará en esta MISIÓN ocasiones en que sintamos cómo María nos señala las carencias de los hombres para que, como testigos de la Verdad, anunciemos a Cristo y colaboremos a que su presencia se haga sentir con toda la fuerza de su gracia. De la experiencia sinodal saldrán muchos efectos y frutos espirituales, pastorales y misioneros para toda la Iglesia. Su programa, sus caminos, su objetivo y su espíritu se sienten confirmados, profundizados y enriquecidos con lo ya aprendido y vivido en la experiencia sinodal. Las intervenciones del Santo Padre han sido extraordinariamente luminosas, señalándonos la verdad teológica del itinerario eclesial de la nueva evangelización para la transmisión de la fe. El Mensaje de los Padres Sinodales puede ayudarnos a comprenderlo, a realizarlo con mayor ardor, mayor audacia y valor apostólico y movidos por un apasionado celo por la salvación del hombre y de las almas que nos han sido confiadas.
Invocando a Nuestra Señora y Madre, hagamos nuestra las palabras finales del Mensaje de los Padre Sinodales, plenas de belleza espiritual y de tierna devoción a la Madre del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, y Madre de la Iglesia:
“La figura de María nos orienta en el camino. Este camino, ha dicho Benedicto XVI, podrá parecer una ruta en el desierto; sabemos que tenemos que recorrerlo llevando con nosotros lo esencial: la cercanía de Jesús, la verdad de su Palabra, el pan eucarístico que nos alimenta, la fraternidad de la comunión eclesial y el impulso de la caridad. Es el agua del pozo la que hace florecer el desierto y como en la noche en el desierto las estrellas se hacen más brillantes, así en el cielo de nuestro camino resplandece con vigor la luz de María, estrella de la nueva evangelización a quien, confiados, nos encomendamos”.

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