jueves, 31 de enero de 2013

El el 31 de enero celebramos la fiesta del Atleta de la Fe San Juan Bosco, recordando su fallecimiento en 1888. Un santo cuya vida fue un derramar constante de milagros, en medio de un don gigantesco de guía y formación de jóvenes y adolescentes. Juan tenía una cantidad inigualable de dones: dueño de un físico superdotado, podía derrotar a deportistas profesionales en medio de proezas que sorprendían a todos. Actor inspirado, su talento para la comedia y el drama atraía a niños y adultos. Pero su amor por Jesús, a través de Maria Auxiliadora, supo darle a su vida un giro sorprendente. En pocos años se transformó en un imán que atraía a las multitudes, que sabían de los milagros sorprendentes que lo rodeaban, signo de su santidad.  Sus sueños proféticos, de los que se cuentan 159 en forma documentada, adelantaron muchas cosas que ya han ocurrido, y muchas otras que están pendientes de ocurrir. El más famoso, sin dudas, es el de las dos columnas, verdadero anticipo de la historia que espera a la iglesia y al mundo.

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