Uno de los elementos más maravillosos que Jesús trajo a nuestras vidas es el amor de Dios, ya que con ello, como hoy nos los dice el apóstol, llega también a nuestro corazón la paz; una paz profunda de saber que él está con nosotros y que con nosotros caminará hasta que lleguemos a la casa del Padre. Para que este amor permanezca en nosotros, nos dice el texto de hoy, que debemos vivir de la misma forma que Jesús vivió, es decir, haciendo la voluntad del Padre, observando su ley y permaneciendo en su amor. Esta es la clave que crea en nosotros la paz, pues, quien vive haciendo la voluntad de Dios, vive en él y él vive en nosotros. Por eso no tememos y vivimos con tranquilidad.
Una vida llena de Dios será una vida en paz y de alegría pues ésta es una vida llena de amor. No nos desanimemos en el camino del Evangelio, en el seguimiento de Cristo, en buscar con todas nuestras fuerzas el hacer su voluntad, cierto que no siempre es fácil, sin embargo, busquemos complacer a nuestro amado Dios en todo lo que podamos. La recompensa de esto será siempre la paz interior y una felicidad maravillosa que Dios mismo creará en nuestra vida y en nuestros ambientes. Vivamos como Jesús vivió.
Señor, tu inconmensurable amor ha echado fuera de mí mis grandes miedos, el miedo a la muerte, pues sé que solo es la entrada a la eternidad contigo, el miedo a la desaprobación de la gente, pues lo que más me importa es lo que tú piensas de mí, sin embargo, reconozco que aún hay temores arraigados y de los cuales estoy seguro de que la razón es que no he dejado que la seguridad de tu amor penetre hasta esas áreas; por eso, Dios mío, te entrego mis temores y te pido que los tornes en un derramamiento profundo y sanador por tu gran amor.
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