Observemos el abandono confiado de los discípulos a la providencia de
Dios en las necesidades más grandes de la vida y su desprecio hacia una
existencia lujosa: eran doce y tenían sólo cinco panes y dos peces. No se
preocupaban de las cosas del cuerpo; se dedicaban con celo a las cosas del
almas.No guardaron para ellos estas provisiones: se las dieron en
seguida al Salvador cuando se las pidió. Aprendamos de este ejemplo, a
compartir lo que nosotros tenemos con los que están necesitados, aunque
tengamos poco. Cuando Jesús les pide los cinco panes, no dicen: "¿qué nos
quedará para más tarde? ¿De dónde sacaremos lo que nos hace falta a
nosotros?" Obedecen en seguida... Tomando pues los panes, el Señor los
partió y les confió a los discípulos el honor de distribuirlos. No quería
solo honrarlos con este santo servicio, sino que quería que participaran en
el milagro, para que fueran testigos bien convencidos y no olvidaran lo que
habían visto con sus ojos. Por ellos hace sentar a la gente y distribuye
el pan, con el fin de que cada uno de ellos pueda dar testimonio del
milagro que se realizó entre sus manos. Todo en este acontecimiento
el lugar desierto, la tierra desnuda, poco pan y pescado, la distribución
de las cosas sin preferencia, cada uno que tiene tanto como su vecino
todo esto nos enseña la humildad, la frugalidad, y la caridad fraterna.
También amarnos unos otros, tenerlo todo en común entre los que sirven al
mismo Dios, es lo que nos enseña nuestro Salvador.
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