En la Eucaristía, va completando
con amor las vasijas que quedaron incompletas de los que ya murieron, pero
indudablemente nosotros estamos hechos para ser perfectos, para ser completos,
para alcanzar nuestro máximo. Cuando
Dios te dice: "No dejes incompleta tu vida, no dejes a medio hacer tu
obra", lo que está diciendo es: "Quiero que seas todo lo que puedes
ser, quiero que alcances todo lo que estás llamado a ser"; eso es lo
bello, eso es lo hermoso de este llamado. Los mandamientos de Dios entonces son
señales del amor de Dios, es algo que tenemos que recordar con frecuencia
"Tú vas a ser propiedad del Señor" Deuteronomio 26,17, le dice Moisés al
pueblo, a punto de entrar en la Tierra Prometida.
Si nosotros somos propiedad de Dios, significa
que Dios puede cumplir su voluntad en nosotros. Declararnos propiedad de Dios
es declararnos obedientes a Dios, es declararnos siervos de Dios.
Es decirle
a Dios: "Te doy permiso de que obres en mí tu voluntad, te doy permiso de
que dispongas de mí". Con este acto por el que nosotros nos declaramos
propiedad de Dios, le permitimos a Dios cumplir su voluntad en nosotros, que es
la cosa más maravillosa, porque si Dios cumple su voluntad en nosotros,
entonces Él nos lleva a su propia plenitud.
Nosotros
somos la obra de Dios, cuando le damos permiso a Dios de que cumpla su voluntad
en nosotros, le damos permiso de que Él complete su obra.
Nadie
puede alcanzar la santidad si no es con la vida de Dios adentro; nadie alcanza
la santidad si no es dejando obrar al Santo que es Dios en nosotros.