Es al mismo tiempo la concesión más grande que podría darnos Dios la responsabilidad más terrible que podría encomendarnos, es la concesión más grande: “si perdonáis a los demás las culpas, Dios os perdonará a vosotros” San Mateo 6,15.
Lo único que puede separarnos de Dios es el pecado, porque por creación le pertenecemos, somos suyos, somos ovejas de rebaño; por voluntad de su alianza, por la obra del Espíritu, le pertenecemos, somos suyos, lo único que puede separarnos de Él es el pecado.
Quitado el pecado, quitado todos los obstáculos, “Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros” San Mateo 6,15. ¡Es una concesión maravillosa! Es de esas cosas tan sencillas, tan profundas, tan bellas que tienen sabor de Jesús, estilo de Jesús, son como la Eucaristía, “el Cuerpo de Cristo”, se nos dice cuando recibimos la Hostia Consagrada y respondemos: "Amén", "el Cuerpo de Cristo."
Como sólo hay un Cristo ese Cristo está en el cielo, cuando se nos dice: “El Cuerpo de Cristo”, es como si se nos dijera: "-Mira, todo el cielo para ti", Amén", y comulga; " todo el cielo, ahí tienes el cielo, comulga, aquí está al amor grande, este es el amor infinito, toma es para ti", "-amén".
"Este es el amor más grande, nadie podrá separarte de este amor; toma", " Amén". Eso es muy sencillo, es lo que yo llamo a lo Jesús, al estilo de Jesús, a lo Jesús, al modo de Jesús. “Si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre del Cielo perdonará vuestras culpas; si no perdonáis, tampoco seréis perdonados” San Mateo 6,14-15.
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