sábado, 7 de febrero de 2015

Salmo 95(94),6-7.8-9.10-11

 Él, Jesús, es el Señor, y hoy por los siglos, Jesucristo, el Señor, estará cautivando corazones, fascinando vidas, despertando cánticos, maravillando nuestras almas para la gloria de Dios Padre Qué felicidad encontrarse con Jesucristo y poder un día también nosotros decir estas palabras que son de admiración y de reconocimiento, son las palabras que hacen que Jesús, que la imagen de Él, quede profundamente impresa en nuestros corazones.mc2,12.Participar en el descanso del Señor “sígueme” San Marcos 2,14, pero en esa palabra está toda la historia del amor de Dios.
Que Dios llame al ser humano, al ser humano pecador, al ser humano que le ha dado la espalda, a que ha huido de Dios, que Dios lo llame, que se vuelva a él, que se haga visible ante él y que se deje oír de él, no para aterrarlo como a un condenado, sino para llamarlo, para cautivarlo, para seducirlo.  El discurso de Dios, un discurso de una sola palabra, pero un discurso que lo dice todo: “sígueme” San Marcos 2,14, y qué importante captar la grandeza de esa palabra, porque mira que nosotros siempre vamos detrás de algo, siempre vamos detrás de alguien.
Cuando éramos niños, siempre teníamos un héroe o un superhéroe, llegamos a jóvenes y siempre nos fijamos en alguien, muchísimas veces es un actor o una actriz, un cantante, un gran deportista, un gran corredor de fórmula uno.
Otros muchachos tienen otros ideales y buscan a los filósofos, a los científicos o a los políticos. Siempre vamos detrás de alguien, siempre hay alguien delante, y ese que va adelante ¿a dónde nos conduce?

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