Se nos invita a ser perfectos a
ser santos. Entonces es muy fácil entender que ser santo es ser perfecto, pero
ser perfecto significa ser completo, ser acabado.
La invitación a ser santo
significa: complétate; eso que te está haciendo falta, complétalo, complétate.
Perfecto
también significa lo máximo, y por eso la invitación a ser santo es:
"alcanza tu propio nivel, alcanza ese nivel para el que fuiste creado, no
te quedes a medio hacer."
La
imperfección, la falta de santidad es quedarse en el camino, es quedarse a
medio hacer. La santidad y la perfección son alcanzar la plenitud, son terminar
la obra.
Jesucristo
al momento de morir dijo una palabra que en lengua griega
"Tetélestai", cumplido, acabado, pero también se podría decir
“perfecto”. Esa palabra que dijo Jesucristo tiene muchas interpretaciones,
precisamente porque no aparece ningún sujeto.
La
santidad es eso, la santidad es morir diciendo "Tetélestai". La
santidad es no morirse incompleto, la santidad es no morirse con cuentas
pendientes, con asuntos que siempre quisimos hacer.
La
santidad es morirse sintiendo que está hecho lo que tenía que hacer, que está
completo lo que se empezó, que la misión se realizó, que no me quedé a medio
camino.
El dolor
de haberse quedado a medio camino, cuando uno cree en Dios, es el dolor del
purgatorio. El purgatorio tiene un dolor, es un dolor de amor, y el dolor de
amor del purgatorio es: "Yo creo en Dios, yo sé que Dios es mi Salvador,
pero también reconozco, en la luz de verdad que Dios me da, que yo me quedé a medio
camino".
Pero
ya la persona no puede hacer más por sí misma en el purgatorio, entonces ya
sólo cuenta con los baños de amor, con el caudal .de amor que le regala la
Iglesia, con ese caudal de amor la persona va sanando lo que le ha quedado
incompleto.
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