viernes, 20 de febrero de 2015

Isaìas 58,11.

 "Dará el Señor reposo permanente, hará fuertes sus huesos, tú vas a ser un huerto bien regado" Isaías 58,11.
Es una experiencia deliciosa de vida y de belleza. Esa es la experiencia que precisamente nos hace falta, esa es la experiencia que no tenemos muchas veces, y esa es la experiencia de la cual carecen especialmente los más pequeños, los más niños, los más enfermos, los más pobres.
Esa experiencia, la experiencia de sentirse soportado por la vida y conducido, abrazado, envuelto en la belleza. Necesitamos vida, pero necesitamos también belleza; necesitamos hermosura, necesitamos que vivir sea una alegría, no una carga insoportable.
Isaías sabe de esa necesidad del corazón humano.  Nos da una pista para llegar a experimentar ese manantial que nunca cesa, ese huerto regado, esa viña hermosa.
Dos elementos, dos puntos de encuentro da Isaías, capítulo cincuenta y ocho, donde se nos cuenta por qué caminos podemos llegar a experimentar la vida abundante.
Como no acordarnos aquí de esa palabra de Jesucristo en el capítulo décimo de San juan: "He venido para que tengan vida, -no para que sobrevivan-, sino para que tengan vida, vida abundante" San Juan 10,10.

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