Date a mí, mi Dios, date siempre a mí... Descansamos en el don de tu Espíritu; allí gozamos de ti, allí está nuestro bien y nuestro descanso. El amor nos enseña, y tu Espíritu que es bueno exalta nuestra bajeza, retirándola de las puertas de la muerte En la buena voluntad encontramos la paz.
Un cuerpo, por su peso, tiende hacia su lugar propio; el peso no va necesariamente hacia abajo, sino a su lugar propio. El fuego tiende hacia lo alto, la piedra hacia abajo..., cada uno hacia su propio lugar; el aceite sube encima del agua, el agua desciende debajo del aceite. Si algo no está en su lugar, está sin reposo; pero cuando ha encontrado su lugar, queda en reposo. Mi peso es mi amor: es él quien me arrastra, o que me lleva. Tu don nos inflama y nos lleva hacia arriba; nos abraza y partimos... Tu fuego, tu buen fuego nos hace quemar y vamos, subimos hacia la paz de la Jerusalén celeste porque he encontrado mi alegría cuando se me ha dicho: « ¡Vamos a la casa del Señor! » Es allí donde la buena voluntad nos conducirá para estar en nuestro lugar, allí donde no desearemos nada más que morar por la eternidad.
Gracias, Señor, por SER en mí, por dignificarme con tu gracia y venir a vivir en mi interior. Eres Dios conmigo y en mí. Te pido que me ayudes a no olvidar esta realidad maravillosa de que mi cuerpo ahora es tu cuerpo; mis miembros, tus miembros; mi voz, tu voz. Que mi ser lleno de presencia sirva para que ilumines al mundo y lo lleves hasta la plenitud de tu amor, yo te ratifico mi disposición de ser tu instrumento; úsame como quieras, Señor, y santifícame.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Prevalezca
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso»
Hermano, te recomiendo esto: que la compasión prevalezca siempre en tu balanza, hasta que sientas en tí la compasión que Dios siente por el mundo. Que este estado llegue a ser el espejo en el que nos veamos en nosotros mismos la verdadera « imagen y semejanza » de la naturaleza y del ser de Dios (Gn 1,26). Es por estas cosas y por otras semejantes como recibimos la luz, y como una clara resolución nos lleva a imitar a Dios. Un corazón duro y sin piedad no será jamás puro (Mt 5,8). Pero el hombre que se compadece es el médico de su alma; como por un viento violento expulsa fuera de él las tinieblas de la confusión.
Espíritu Santo, gracias por tu acción en mi vida, gracias porque cada día me insistes en que me acerque a mi Padre celestial. Reconozco lo que tú ya sabes de mí, que aún me encuentro habituado a hacer el mal y que todavía tengo cosas en mi vida de las cuales Jesús no se enseñorea; siempre pediré perdón por ellas. Pero hoy quiero pedir perdón, más que por eso, por mi falta de docilidad a tus inspiraciones, pues estoy seguro de que si yo me dejara guiar, iría realmente adelantada en eso de "aprender a hacer el bien".
Hermano, te recomiendo esto: que la compasión prevalezca siempre en tu balanza, hasta que sientas en tí la compasión que Dios siente por el mundo. Que este estado llegue a ser el espejo en el que nos veamos en nosotros mismos la verdadera « imagen y semejanza » de la naturaleza y del ser de Dios (Gn 1,26). Es por estas cosas y por otras semejantes como recibimos la luz, y como una clara resolución nos lleva a imitar a Dios. Un corazón duro y sin piedad no será jamás puro (Mt 5,8). Pero el hombre que se compadece es el médico de su alma; como por un viento violento expulsa fuera de él las tinieblas de la confusión.
Espíritu Santo, gracias por tu acción en mi vida, gracias porque cada día me insistes en que me acerque a mi Padre celestial. Reconozco lo que tú ya sabes de mí, que aún me encuentro habituado a hacer el mal y que todavía tengo cosas en mi vida de las cuales Jesús no se enseñorea; siempre pediré perdón por ellas. Pero hoy quiero pedir perdón, más que por eso, por mi falta de docilidad a tus inspiraciones, pues estoy seguro de que si yo me dejara guiar, iría realmente adelantada en eso de "aprender a hacer el bien".
Humildad
Poco importa saber quien está contigo o contra ti; Ten más bien cuidado de que Dios esté contigo en todos tus pensamientos y acciones. Guarda la conciencia pura y Dios te defenderá...
Si sabes callarte y sufrir, recibirás la ayuda de Dios. El conoce el tiempo y la manera de librarte; abandónate pues en EL. Es Él quien te ayuda y te libera de toda confusión.
A menudo es útil, para mantenernos en una mayor humildad, que los otros conozcan nuestros defectos y que nos los reprochen. Cuando un hombre reconoce humildemente sus defectos, desarma fácilmente a sus enemigos y gana sin pena a los que se la querían producir.
Dios protege al hombre de corazón humilde: le ama y le reconforta, se inclina hacia él, le colma de su gracia y le hace en fin participar de su gloria. Es a él que le revela sus secretos; le invita y le atrae con suavidad.
Las afrentas no turban la paz del hombre humilde, porque se apoya en Dios y no en seres mortales. No te imagines haber hecho algún progreso si te crees aún superior a tu prójimo.
Si sabes callarte y sufrir, recibirás la ayuda de Dios. El conoce el tiempo y la manera de librarte; abandónate pues en EL. Es Él quien te ayuda y te libera de toda confusión.
A menudo es útil, para mantenernos en una mayor humildad, que los otros conozcan nuestros defectos y que nos los reprochen. Cuando un hombre reconoce humildemente sus defectos, desarma fácilmente a sus enemigos y gana sin pena a los que se la querían producir.
Dios protege al hombre de corazón humilde: le ama y le reconforta, se inclina hacia él, le colma de su gracia y le hace en fin participar de su gloria. Es a él que le revela sus secretos; le invita y le atrae con suavidad.
Las afrentas no turban la paz del hombre humilde, porque se apoya en Dios y no en seres mortales. No te imagines haber hecho algún progreso si te crees aún superior a tu prójimo.
martes, 29 de marzo de 2011
Palabra
En el amor, como en el humor, hombres y mujeres seguimos estrategias cerebrales diferentes. Sobre la base de una indiscutible igualdad, partimos del mismo punto y, siguiendo procesos distintos, llegamos a un destino común. Cada uno con su estilo personal, sienta y, según su sensibilidad, exprese de alguna forma: me gusta quién soy cuando estoy contigo. Por eso enseña que las cosas importantes sólo se ven con los ojos del corazón. Por idéntico motivo es posible que la auténtica escucha requiera también del corazón. Reglas lingüísticas al margen, podemos contemplar ese vocablo como expresión de una realidad colaborativa de la inteligencia: co-razón.
A lo largo de este proceso conviven la inteligencia cognitiva y la emocional. En este sentido, el verbo recordar (del latín cor-cordis) podría traducirse libremente como volver a pasar por el corazón. Supone un gran descubrimiento personal evolucionar de querer saber a saber querer.
A lo largo de este proceso conviven la inteligencia cognitiva y la emocional. En este sentido, el verbo recordar (del latín cor-cordis) podría traducirse libremente como volver a pasar por el corazón. Supone un gran descubrimiento personal evolucionar de querer saber a saber querer.
Fluye
“El amor romántico es una poderosa experiencia humana que influye con fuerza en muchos aspectos de nuestras vidas”. . Se centra en la activación cerebral y su relación con la satisfacción en los primeros estadíos de enamoramiento .
Tal afecto se enraíza en el cerebro con una estrategia universal, permanente y genuinamente humana. La respuesta a la visión de “su” cara libera oxitocina, la hormona llamada de la confianza, el acercamiento, la ternura. Esta hormona activa la dopamina denominada de la felicidad, que participa en la generación de un estado placentero.
La visión del rostro crea pistas neuroquímicas en el cerebro que refuerzan los circuitos correspondientes y generan ese vínculo, afectivo y cognitivo a la vez. Se activan las áreas de la corteza que forman parte del conocido como cerebro social, el que procesa las relaciones interpersonales. En ese momento se produce un efecto sorprendente: se silencian las áreas que procesan lo negativo.
Se observa así en la neuroimagen lo que la sabiduría popular resume diciendo que el amor romántico es ciego y que las madres son siempre partidarias de sus hijos. Por supuesto, los padres también, pero ellas lo viven de forma muy particular en una especie de diálogo molecular y emocional.
Tal afecto se enraíza en el cerebro con una estrategia universal, permanente y genuinamente humana. La respuesta a la visión de “su” cara libera oxitocina, la hormona llamada de la confianza, el acercamiento, la ternura. Esta hormona activa la dopamina denominada de la felicidad, que participa en la generación de un estado placentero.
La visión del rostro crea pistas neuroquímicas en el cerebro que refuerzan los circuitos correspondientes y generan ese vínculo, afectivo y cognitivo a la vez. Se activan las áreas de la corteza que forman parte del conocido como cerebro social, el que procesa las relaciones interpersonales. En ese momento se produce un efecto sorprendente: se silencian las áreas que procesan lo negativo.
Se observa así en la neuroimagen lo que la sabiduría popular resume diciendo que el amor romántico es ciego y que las madres son siempre partidarias de sus hijos. Por supuesto, los padres también, pero ellas lo viven de forma muy particular en una especie de diálogo molecular y emocional.
Evidencia
¿Qué evidencias muestra la ciencia sobre el enamoramiento? Hablamos de una realidad mucho más rica y personal que lo que apenas puede esbozarse en estas líneas. Por apuntar algunas pinceladas, las neurociencias revelan hoy qué cambios experimenta el cerebro ante este fenómeno entrañablemente humano.
Junto al amor romántico o enamoramiento, el maternal se ha celebrado en todas las épocas y latitudes. También en las diferentes expresiones del arte, la literatura, la música… como una de las más bellas e inspiradas manifestaciones de la humanidad.
Estos amores tienen un fuerte contenido emocional, anclado al cuerpo. Son como tendencias naturales que constituyen las más potentes motivaciones de acción humana. ¡Qué no hace una persona enamorada por su amante o una madre por su hijo! Las neurociencias han aprovechado ese componente emocional para conocer cómo procesa el cerebro ese fuerte vínculo de apego.
Ver el rostro de la persona amada inyecta una energía al amante que impide olvidarla. Precisamente, esa emoción placentera que subyace al sentimiento amoroso al ver la cara, observable con técnicas de imagen funcional del cerebro, ha permitido conocer qué tienen en común los dos amores .
Junto al amor romántico o enamoramiento, el maternal se ha celebrado en todas las épocas y latitudes. También en las diferentes expresiones del arte, la literatura, la música… como una de las más bellas e inspiradas manifestaciones de la humanidad.
Estos amores tienen un fuerte contenido emocional, anclado al cuerpo. Son como tendencias naturales que constituyen las más potentes motivaciones de acción humana. ¡Qué no hace una persona enamorada por su amante o una madre por su hijo! Las neurociencias han aprovechado ese componente emocional para conocer cómo procesa el cerebro ese fuerte vínculo de apego.
Ver el rostro de la persona amada inyecta una energía al amante que impide olvidarla. Precisamente, esa emoción placentera que subyace al sentimiento amoroso al ver la cara, observable con técnicas de imagen funcional del cerebro, ha permitido conocer qué tienen en común los dos amores .
Ante todo
Es preciso comprender qué se entiende, en un sentido amplio, por fe. La fe no se dirige primariamente a "algo", sino más bien a "alguien". La fe es un "fiarse", y uno no se fía de las cosas, sino de las personas. Cuando hay fe en alguien, se acepta lo que dice no tanto por lo que se dice en sí, sino más bien por quién lo dice. Supone aceptar un "algo", pero por causa del "alguien" de quien nos fiamos. Cuando el motivo por el que se tiene algo como verdad es que nos convence, está claro de quién nos fiamos: de nosotros mismos. Supone no confiar plenamente en quien lo afirma. Y en este caso se trata nada menos que de Dios: creemos no tanto por el hecho de las verdades reveladas aparecen como verdaderas e inteligibles a la luz de la razón natural, sino a causa de la autoridad de Dios mismo que revela y no puede engañarse ni engañarnos . La adhesión por la fe a Jesucristo exige una coherencia personal respecto a su doctrina.
Por ello la importancia de las tareas de formación cristiana, aunque sea la catequesis más elemental, la primera necesidad es comprobar y cuidar la formación de quienes se pretende que formen a los demás.
Por ello la importancia de las tareas de formación cristiana, aunque sea la catequesis más elemental, la primera necesidad es comprobar y cuidar la formación de quienes se pretende que formen a los demás.
martes, 15 de marzo de 2011
Crisis
Debemos asegurar de que el alimento va a quien lo necesita. La crisis alimentaria ha demostrado que algunas regiones se enfrentan a graves carencias, y que en zonas tradicionalmente productoras de alimentos las reservas están vacías o son limitadas. Estas circunstancias implican fuertes restricciones a la ayuda alimentaria en situaciones de emergencia. La fluidez de los productos alimenticios implican diversas condiciones: que los mercados locales sean eficientes, transparentes y abiertos; la información debe fluir eficientemente; es indispensable la inversión en carreteras, transporte y almacenaje de cosechas. Las barreras a las exportaciones decididas por los estados soberanos deberían ser limitadas. Estas barreras temporales aumentan los déficits de los países importadores y provocan un fuerte aumento de los precios; finalmente, la ayuda alimentaria, que tiene un papel vital en casos de desastre y o catástrofe no debería perjudicar a la producción local.
Medidas adecuadas, deben ser tomadas para proteger a los agricultores de la volatilidad de los precios que tiene un fuerte impacto en la seguridad alimentaria por varias razones: los altos precios hacen de los alimentos algo inalcanzable para los pobres y los bajos precios dan a los agricultores información incorrecta , después de la cosecha, sobre los semilleros necesarios para el año siguiente. Para prevenir la volatilidad de los precios o al menos minimizar su impacto, las cosechas de alimentos locales deben ser protegidas de las alteraciones de los precios internacionales. Los aranceles de las importaciones (o el ajuste cíclico del tratamiento especial y diferencial) debería tener en cuenta dos cosas, las necesidades de los consumidores pobres y el precio a pagar a los pequeños agricultores para que ellos se puedan permitir un digno nivel de vida y promover la producción. La especulación se debe limitar para el correcto funcionamiento de los mercados futuros. Los gobiernos deberían abstenerse de crear medidas que aumenten esta volatilidad, y están llamados a reconsiderar que los alimentos no pueden ser considerados una mera mercancía, objeto de especulaciones e instrumento de presión política. El establecimiento de reservas de alimentos crudos (cereales, azúcar, aceite) puede tener dos tipos de beneficios: estas reservas pueden ser vendidas a un precio asequible en caso de shock, y por otro lado, pueden tener un papel de moderador frente a la volatilidad de los precios locales.
La disponibilidad de alimentos no es factor suficiente para garantizar los alimentos a todos. La gente debe tener ingresos suficientes para comprar alimentos o los alimentos deberían tener un precio asequible a los pobres. Esto plantea la cuestión de una red de seguridad integral que puede consistir en hacer disponibles productos alimentarios a precios subsidiados para los más pobres a un nivel regional. El nivel de subsidio puede variar de acuerdo al precio de mercado de manera que el coste del alimento quede estable. Es ilusorio creer que hay “un buen precio” para el trigo o el maíz. El precio que un consumidor pobre puede pagar no corresponde a lo que un granjero africano necesita para vivir. Debemos construir mecanismos que crucen el vacío que existe entre estos dos precios y la solidaridad con los países más pobres requiere que sean financiados internacionalmente.
La inversión en el hambre y en la agricultura es esencial para erradicar el hambre y la desnutrición.
Medidas adecuadas, deben ser tomadas para proteger a los agricultores de la volatilidad de los precios que tiene un fuerte impacto en la seguridad alimentaria por varias razones: los altos precios hacen de los alimentos algo inalcanzable para los pobres y los bajos precios dan a los agricultores información incorrecta , después de la cosecha, sobre los semilleros necesarios para el año siguiente. Para prevenir la volatilidad de los precios o al menos minimizar su impacto, las cosechas de alimentos locales deben ser protegidas de las alteraciones de los precios internacionales. Los aranceles de las importaciones (o el ajuste cíclico del tratamiento especial y diferencial) debería tener en cuenta dos cosas, las necesidades de los consumidores pobres y el precio a pagar a los pequeños agricultores para que ellos se puedan permitir un digno nivel de vida y promover la producción. La especulación se debe limitar para el correcto funcionamiento de los mercados futuros. Los gobiernos deberían abstenerse de crear medidas que aumenten esta volatilidad, y están llamados a reconsiderar que los alimentos no pueden ser considerados una mera mercancía, objeto de especulaciones e instrumento de presión política. El establecimiento de reservas de alimentos crudos (cereales, azúcar, aceite) puede tener dos tipos de beneficios: estas reservas pueden ser vendidas a un precio asequible en caso de shock, y por otro lado, pueden tener un papel de moderador frente a la volatilidad de los precios locales.
La disponibilidad de alimentos no es factor suficiente para garantizar los alimentos a todos. La gente debe tener ingresos suficientes para comprar alimentos o los alimentos deberían tener un precio asequible a los pobres. Esto plantea la cuestión de una red de seguridad integral que puede consistir en hacer disponibles productos alimentarios a precios subsidiados para los más pobres a un nivel regional. El nivel de subsidio puede variar de acuerdo al precio de mercado de manera que el coste del alimento quede estable. Es ilusorio creer que hay “un buen precio” para el trigo o el maíz. El precio que un consumidor pobre puede pagar no corresponde a lo que un granjero africano necesita para vivir. Debemos construir mecanismos que crucen el vacío que existe entre estos dos precios y la solidaridad con los países más pobres requiere que sean financiados internacionalmente.
La inversión en el hambre y en la agricultura es esencial para erradicar el hambre y la desnutrición.
Condición
El abandono que experimenta Cristo en la Cruz es una participación voluntaria en la condición del ser humano herido por el pecado. Cristo se siente abandonado porque experimenta lo más amargo de la injusticia, que consiste en recibir males por bienes. El silencio del Padre ante esa injusticia produce la sensación de supremo desamparo.
Cristo experimentó el poder del pecado no como dueño de su alma, sino como agente de muerte que riega su veneno por todas partes y termina salpicando a los inocentes y frágiles. Es como el caso del niño maltratado: es inocente, pero experimenta el pecado porque recibe las consecuencias de los pecados de otros. Como Cristo quedó colmado y triturado por los pecados del mundo, todas las áreas de su ser fueron afectadas por esas consecuencias del pecado del mundo, hasta el punto que todo dentro de él fue lastimado y como fracturado por el pecado. Así como cuando un incendio hace que todo se vuelva fuego, sin importar si se trataba de papel, plástico o madera, así la devastación incendiaria del pecado del mundo hizo que todo se volviera "pecado" en Cristo sin que él sin embargo hubiera cometido pecado alguno. De nuevo ayuda a comprender esto la imagen del niño, por ejemplo, del abortado: todo su ser ha sido despedazado por la muerte y el pobre bebé ha sido convertido en muerte, sin haber matado a nadie, sino habiendo sido muerto él mismo. San Juan Bautista dijo que Cristo "quita el pecado del mundo." Puede decirse que él quitó el pecado del mundo y se lo puso como vestido de irrisión e ignominia.
Estas consideraciones deben llevarnos a tomar con infinita seriedad e infinita gratitud la redención que hemos recibido por pura bondad divina.
Cristo experimentó el poder del pecado no como dueño de su alma, sino como agente de muerte que riega su veneno por todas partes y termina salpicando a los inocentes y frágiles. Es como el caso del niño maltratado: es inocente, pero experimenta el pecado porque recibe las consecuencias de los pecados de otros. Como Cristo quedó colmado y triturado por los pecados del mundo, todas las áreas de su ser fueron afectadas por esas consecuencias del pecado del mundo, hasta el punto que todo dentro de él fue lastimado y como fracturado por el pecado. Así como cuando un incendio hace que todo se vuelva fuego, sin importar si se trataba de papel, plástico o madera, así la devastación incendiaria del pecado del mundo hizo que todo se volviera "pecado" en Cristo sin que él sin embargo hubiera cometido pecado alguno. De nuevo ayuda a comprender esto la imagen del niño, por ejemplo, del abortado: todo su ser ha sido despedazado por la muerte y el pobre bebé ha sido convertido en muerte, sin haber matado a nadie, sino habiendo sido muerto él mismo. San Juan Bautista dijo que Cristo "quita el pecado del mundo." Puede decirse que él quitó el pecado del mundo y se lo puso como vestido de irrisión e ignominia.
Estas consideraciones deben llevarnos a tomar con infinita seriedad e infinita gratitud la redención que hemos recibido por pura bondad divina.
lunes, 14 de marzo de 2011
Escondidos en Cristo
Oh Señor
¿cómo pueden los hombres verte en la Cruz Clavado
y dejarte allí abandonado?
¿Cómo pueden mirarte y no amarte
ni prestar oídos a Tus Latidos
que llaman con Purísimo Amor no correspondido
a los hombres que ingratos, despiadados y llenos de pecados
te hemos por completo olvidado o negado?
De Vos, Nuestro Dios, nos avergonzamos
y juntos en la Cruz te hemos colgado.
Tus Santas Llagas nos muestras
como mudo Amor por respuesta
que das Tu Vida por la nuestra.
Tu Precioso Rostro, Señor, ya no reconozco
todo bañado de Sangre y polvo.
Por Tus Ojos se escapa la vida
pero todavía me miras con ternura infinita
para en plegaria de Amor decirme
"no voy a irme, si en Mí tú vives".
Y yo, Señor, quiero abrazarte
y así de la Cruz bajarte
para ocupar el lugar que por mí ocupaste
pues a pesar de ser tan miserable
no quiero ya más permitir este ultraje.
A mi Rey vestido de Sangre
¡cómo puedo no amarle!
si frente a Tí vengo a postrarme
para traspasar con mi pobre amor Tu Santa Carne
y así consolarte deshaciendo mi existencia en Tí
para sólo en Tí vivir y decirte así, siempre si.
¿cómo pueden los hombres verte en la Cruz Clavado
y dejarte allí abandonado?
¿Cómo pueden mirarte y no amarte
ni prestar oídos a Tus Latidos
que llaman con Purísimo Amor no correspondido
a los hombres que ingratos, despiadados y llenos de pecados
te hemos por completo olvidado o negado?
De Vos, Nuestro Dios, nos avergonzamos
y juntos en la Cruz te hemos colgado.
Tus Santas Llagas nos muestras
como mudo Amor por respuesta
que das Tu Vida por la nuestra.
Tu Precioso Rostro, Señor, ya no reconozco
todo bañado de Sangre y polvo.
Por Tus Ojos se escapa la vida
pero todavía me miras con ternura infinita
para en plegaria de Amor decirme
"no voy a irme, si en Mí tú vives".
Y yo, Señor, quiero abrazarte
y así de la Cruz bajarte
para ocupar el lugar que por mí ocupaste
pues a pesar de ser tan miserable
no quiero ya más permitir este ultraje.
A mi Rey vestido de Sangre
¡cómo puedo no amarle!
si frente a Tí vengo a postrarme
para traspasar con mi pobre amor Tu Santa Carne
y así consolarte deshaciendo mi existencia en Tí
para sólo en Tí vivir y decirte así, siempre si.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Juan 4,7
La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» ( Jn 4, 7), expresa la pasión de Dios por todo ser humano y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» ( v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.
El Espíritu que recibimos de su hijo, nos hace posible conocerlo y servirlo seegún la vardad, Dios necesita la nobleza de nuestro espíritu.Es preciso llegar al conocimiento espiritual de Dios.
El Espíritu que recibimos de su hijo, nos hace posible conocerlo y servirlo seegún la vardad, Dios necesita la nobleza de nuestro espíritu.Es preciso llegar al conocimiento espiritual de Dios.
Valioso
La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor .
1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante . San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» ( Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.
El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» ( Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.
El Bautismo se vincula con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.
1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante . San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» ( Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.
El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» ( Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.
El Bautismo se vincula con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.
domingo, 6 de marzo de 2011
Estrecho

Jesús, con esta instrucción nos habla, como acostumbra hacerlo Él, en términos de radicalidad mostrando que el camino al cielo es un camino estrecho y que quien quiere ir por él no puede convivir con el pecado. Las imágenes que presenta sirven solo para ejemplificar lo duro, lo difícil y doloroso que puede ser el separarse de personas, actividades, lugares muy queridos para nosotros pero que son ocasión de pecado. Para entenderlo tendríamos que pensar por ejemplo en lo difícil y doloroso que sería dejar a un amigo o amiga de la infancia que no habiendo hecho una opción de Cristo vive bajo los criterios del mundo y cada vez que convivimos con esta persona terminamos pecando. Un caso que se presenta con cierta frecuencia es cuando uno de los novios se convierte, pero antes de esto, ha llevado una relación deshonrada con la novia o con el novio, especialmente en el área sexual y tienen que tomar la disyuntiva de continuar su camino cristiano o dejar al novio o la novia que no quiere aceptar el noviazgo como lo propone Jesús; hay también decisiones de trabajo, sobre todo en el área de la justicia, en donde se debe escoger entre continuar en el trabajo, que nos propone la injusticia y el pecado o renunciar y quedar sin sustento para la familia. Todas ellas son decisiones realmente difíciles y dolorosas, pero en ellas nos jugamos la eternidad. No valoremos equivocadamente. Nada de este mundo, por muy amado que sea se compara a la dicha de vivir eternamente con Dios. Cualquier sacrificio, por doloroso que sea, vale la pena.
Señor de la historia

Fue una noche de luna llena, pero también una noche de gritos, sudor, sangre y lágrimas según los evangelios allá en el olivar. El problema no era si Jesús moría o no moría, sino si moría voluntariamente. El Señor de la historia, el Padre, había permitido que el hijo fuera eliminado de aquella manera y a aquella edad, y el hijo después de gritar y llorar, sudando sangre, aceptó aquella voluntad y se entregó sin violencia a la violencia de los hechos, abandonándose en silencio y paz en las manos de quien permitió su martirio y del gran combate surgió la gran victoria.
El combate (agonía, que eso es lo que significa) había sido entre lo que Yo quiero y lo que quieres Tu. Tomó Jesús a los tres confidentes y delante de ellos comenzó a sentir horror y angustia y les hizo esta terrible confesión “Siento tristeza de muerte” o “Me muero de tristeza”. Se apartó de ellos y caído en tierra decía: “Papá querido todo es posible para ti, aparta de mí este cáliz, pero si no es posible, no se haga lo que yo quiero sino lo que quieras tu”. Una noche oscura se había apoderado del alma de Jesús, le parecía que el Padre estaba lejos o simplemente no estaba. Como no había consolación divina, buscó consolación humana. Se levantó, se fue donde ellos estaban y los encontró dormidos. “Estén despiertos y oren” les advirtió.
Los dejó, regresó a la soledad y entrando en agonía oraba más angustiosamente repitiendo las mismas palabras “aparta de mí este cáliz, pero si no es posible que pase de mí este cáliz sin que yo lo beba, no se haga lo que yo quiero sino lo que quieras tu”. La gran crisis estaba en su apogeo. En su terrible soledad, de nuevo buscó Jesús un poco de consolación volviendo a sus tres confidentes. Vana ilusión, seguían dormidos, nada les dijo, regresó al lugar de la agonía repitiendo “si no es posible que pase de mí este cáliz sin que yo lo beba, no se haga lo que yo quiero sino lo que quieras tú”. Volviendo a repetir las mismas palabras: “hágase, hágase”.
Se levantó por tercera vez y se fue de nuevo a donde ellos estaban, pero esta vez les dijo resueltamente, “Basta ya, llegó la hora. Levántense y vámonos” como si dijera “basta de vacilaciones, basta de reclamos, basta de lagrimas, basta de miedos, basta de angustias y protestas, basta de quejas y cobardías, llegó la hora, la hora de la resolución y de la entrega, levántense y vámonos” Y emprendió la peregrinación del dolor y amor hacia la muerte, y avanzó silenciosamente pero resueltamente, con la mirada fija en la voluntad del Padre, sin un gesto de amargura, vestido de serenidad y paz hasta el final.
Para todos nosotros llegó también la hora, la hora del “basta ya”. Ya lloraron bastante, ya pasaron demasiadas noches sin dormir, ya echaron las culpas a medio mundo, ya reclamaron demasiado, ya dieron rienda suelta al rencor, a los impulsos de venganza, basta ya, basta de quejas, basta de llantos, basta de reproches, basta de echar las culpas a los demás, basta de reclamar contra Dios. Llegó la hora, la hora de callar, de silenciar la mente, reclinar la cabeza, extenderle un cheque en blanco y quedarse abandonados en sus manos en silencio y paz.
Lucas 9,57
Como finalidad de motivar un camino de seguimiento, inspirado en el Evangelio de San San Lucas el “Cantor de la dulzura de Jesús”.
El seguimiento nos lleve a decir: señor te Seguiré adonde quiera que vayas, tratare de ser el buen samaritano que se interesa por su prójimo de manera especial a aquel que más lo necesite, tomando en cuenta la oración para que en nuestro llamado y caminar con Jesús pueda tener frutos favorables y visibles, es decir con nuestra propia vida.
Constrastando con la comprensión de Jesús hacia todo lo humano ,lo vemos aquí en una actitud muy exigente para el discípulo que lo quiere acompañar :él no puede perder su tiempo en la formación de seres humanos que no están dispuestos a dejarlo todo por el Evangelio.
El primero de esos admiradores de Jesús no se había fijado en la comodidad que lo tenía amarrado. Los apóstoles deben sentirse libres frente a los compromisos con su familia
Y con su ambiente . Dificilmente podrá uno pensar que es libre si no ha sentido
la ocasión de demostrarlo ,actuando en forma diferente a lo que su ambiente entiende y acepta. Ahora tenemos que olvidarnos de obligaciones sociales de toda clase,cosas buenas pero que se multiplican tanto como para que olvidemos lo único necesario. Los que viven se dedican preferentemente a las obras de evangelización que solamente ellos entienden.
El seguimiento nos lleve a decir: señor te Seguiré adonde quiera que vayas, tratare de ser el buen samaritano que se interesa por su prójimo de manera especial a aquel que más lo necesite, tomando en cuenta la oración para que en nuestro llamado y caminar con Jesús pueda tener frutos favorables y visibles, es decir con nuestra propia vida.
Constrastando con la comprensión de Jesús hacia todo lo humano ,lo vemos aquí en una actitud muy exigente para el discípulo que lo quiere acompañar :él no puede perder su tiempo en la formación de seres humanos que no están dispuestos a dejarlo todo por el Evangelio.
El primero de esos admiradores de Jesús no se había fijado en la comodidad que lo tenía amarrado. Los apóstoles deben sentirse libres frente a los compromisos con su familia
Y con su ambiente . Dificilmente podrá uno pensar que es libre si no ha sentido
la ocasión de demostrarlo ,actuando en forma diferente a lo que su ambiente entiende y acepta. Ahora tenemos que olvidarnos de obligaciones sociales de toda clase,cosas buenas pero que se multiplican tanto como para que olvidemos lo único necesario. Los que viven se dedican preferentemente a las obras de evangelización que solamente ellos entienden.
sábado, 5 de marzo de 2011
Juan Pablo II

Sus obras son de admirar porque son expresión de la profundidad y autenticidad de su relación con Dios, de su amor por Cristo y por todas las personas, comenzando por los pobres y los débiles, de su tierna relación filial con la Madre de Jesús.
Lo recordamos además en su profundo y extenso recogimiento en oración, en su deseo de celebrar y anunciar a Jesús redentor y salvador del hombre, de presentarlo y que sea amado por los jóvenes de todo el mundo, cuando se detenía con afecto ante los enfermos y sufrientes, al visitar los pueblos más necesitados de alimento y justicia, y por último, en su paciente y verdadera experiencia de sufrimiento personal, de enfermedad vivida en la fe, ante Dios y ante todos nosotros.
Su vida y su pontificado fueron recorridos con la pasión de presentar al mundo entero lo que él vivió, el mundo de nuestra dramática historia en el traspaso de los milenios, la consoladora y entusiasmante grandeza de la misericordia de Dios, y es esto lo que el mundo necesita.
justamente, el gozo de celebrar la beatificación solemne el día en que él mismo quiso que toda la Iglesia dirija su mirada y su oración a esta Divina Misericordia. «La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana». (Spe salvi, 38). El sufrimiento llama y puede suscitar amor. Muchísimo amor. Sin el sufrimiento no conoceríamos lo profundo del amor. Pidamos entenderlo y vivirlo, para crecer en humanidad.
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