“El amor romántico es una poderosa experiencia humana que influye con fuerza en muchos aspectos de nuestras vidas”. . Se centra en la activación cerebral y su relación con la satisfacción en los primeros estadíos de enamoramiento .
Tal afecto se enraíza en el cerebro con una estrategia universal, permanente y genuinamente humana. La respuesta a la visión de “su” cara libera oxitocina, la hormona llamada de la confianza, el acercamiento, la ternura. Esta hormona activa la dopamina denominada de la felicidad, que participa en la generación de un estado placentero.
La visión del rostro crea pistas neuroquímicas en el cerebro que refuerzan los circuitos correspondientes y generan ese vínculo, afectivo y cognitivo a la vez. Se activan las áreas de la corteza que forman parte del conocido como cerebro social, el que procesa las relaciones interpersonales. En ese momento se produce un efecto sorprendente: se silencian las áreas que procesan lo negativo.
Se observa así en la neuroimagen lo que la sabiduría popular resume diciendo que el amor romántico es ciego y que las madres son siempre partidarias de sus hijos. Por supuesto, los padres también, pero ellas lo viven de forma muy particular en una especie de diálogo molecular y emocional.
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