En el amor, como en el humor, hombres y mujeres seguimos estrategias cerebrales diferentes. Sobre la base de una indiscutible igualdad, partimos del mismo punto y, siguiendo procesos distintos, llegamos a un destino común. Cada uno con su estilo personal, sienta y, según su sensibilidad, exprese de alguna forma: me gusta quién soy cuando estoy contigo. Por eso enseña que las cosas importantes sólo se ven con los ojos del corazón. Por idéntico motivo es posible que la auténtica escucha requiera también del corazón. Reglas lingüísticas al margen, podemos contemplar ese vocablo como expresión de una realidad colaborativa de la inteligencia: co-razón.
A lo largo de este proceso conviven la inteligencia cognitiva y la emocional. En este sentido, el verbo recordar (del latín cor-cordis) podría traducirse libremente como volver a pasar por el corazón. Supone un gran descubrimiento personal evolucionar de querer saber a saber querer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario