
Jesús, con esta instrucción nos habla, como acostumbra hacerlo Él, en términos de radicalidad mostrando que el camino al cielo es un camino estrecho y que quien quiere ir por él no puede convivir con el pecado. Las imágenes que presenta sirven solo para ejemplificar lo duro, lo difícil y doloroso que puede ser el separarse de personas, actividades, lugares muy queridos para nosotros pero que son ocasión de pecado. Para entenderlo tendríamos que pensar por ejemplo en lo difícil y doloroso que sería dejar a un amigo o amiga de la infancia que no habiendo hecho una opción de Cristo vive bajo los criterios del mundo y cada vez que convivimos con esta persona terminamos pecando. Un caso que se presenta con cierta frecuencia es cuando uno de los novios se convierte, pero antes de esto, ha llevado una relación deshonrada con la novia o con el novio, especialmente en el área sexual y tienen que tomar la disyuntiva de continuar su camino cristiano o dejar al novio o la novia que no quiere aceptar el noviazgo como lo propone Jesús; hay también decisiones de trabajo, sobre todo en el área de la justicia, en donde se debe escoger entre continuar en el trabajo, que nos propone la injusticia y el pecado o renunciar y quedar sin sustento para la familia. Todas ellas son decisiones realmente difíciles y dolorosas, pero en ellas nos jugamos la eternidad. No valoremos equivocadamente. Nada de este mundo, por muy amado que sea se compara a la dicha de vivir eternamente con Dios. Cualquier sacrificio, por doloroso que sea, vale la pena.
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