Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso»
Hermano, te recomiendo esto: que la compasión prevalezca siempre en tu balanza, hasta que sientas en tí la compasión que Dios siente por el mundo. Que este estado llegue a ser el espejo en el que nos veamos en nosotros mismos la verdadera « imagen y semejanza » de la naturaleza y del ser de Dios (Gn 1,26). Es por estas cosas y por otras semejantes como recibimos la luz, y como una clara resolución nos lleva a imitar a Dios. Un corazón duro y sin piedad no será jamás puro (Mt 5,8). Pero el hombre que se compadece es el médico de su alma; como por un viento violento expulsa fuera de él las tinieblas de la confusión.
Espíritu Santo, gracias por tu acción en mi vida, gracias porque cada día me insistes en que me acerque a mi Padre celestial. Reconozco lo que tú ya sabes de mí, que aún me encuentro habituado a hacer el mal y que todavía tengo cosas en mi vida de las cuales Jesús no se enseñorea; siempre pediré perdón por ellas. Pero hoy quiero pedir perdón, más que por eso, por mi falta de docilidad a tus inspiraciones, pues estoy seguro de que si yo me dejara guiar, iría realmente adelantada en eso de "aprender a hacer el bien".
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