Es preciso comprender qué se entiende, en un sentido amplio, por fe. La fe no se dirige primariamente a "algo", sino más bien a "alguien". La fe es un "fiarse", y uno no se fía de las cosas, sino de las personas. Cuando hay fe en alguien, se acepta lo que dice no tanto por lo que se dice en sí, sino más bien por quién lo dice. Supone aceptar un "algo", pero por causa del "alguien" de quien nos fiamos. Cuando el motivo por el que se tiene algo como verdad es que nos convence, está claro de quién nos fiamos: de nosotros mismos. Supone no confiar plenamente en quien lo afirma. Y en este caso se trata nada menos que de Dios: creemos no tanto por el hecho de las verdades reveladas aparecen como verdaderas e inteligibles a la luz de la razón natural, sino a causa de la autoridad de Dios mismo que revela y no puede engañarse ni engañarnos . La adhesión por la fe a Jesucristo exige una coherencia personal respecto a su doctrina.
Por ello la importancia de las tareas de formación cristiana, aunque sea la catequesis más elemental, la primera necesidad es comprobar y cuidar la formación de quienes se pretende que formen a los demás.
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