viernes, 25 de noviembre de 2011

Advenimiento

¿Qué es el advenimiento de Cristo? La liberación de la esclavitud y
la desestimación del antiguo contrato, el comienzo de la libertad y el
honor de la adopción, la fuente de la remisión de los pecados y la vida
verdaderamente inmortal para todos.Como el Verbo, la Palabra de Dios, nos
viene de lo alto, tiranizados por la muerte, disueltos, atados por los
lazos de la caída, llevados por un camino sin retorno, vino para tomar la
naturaleza de Adam, el primer hombre, según el designio del Padre. No les
confió a ángeles ni a arcángeles la tarea de nuestra salvación, sino Él
mismo tomó sobre sí el combate por nosotros, obedeciendo las órdenes del
Padre... Recogiendo y recapitulando en Él toda la grandeza de su divinidad,
vino a la medida que quiso... por el poder del Padre no perdió lo que
tenía, pero tomando lo que no tenía, llegó a ser tal, que se convirtió en
un ser limitado... Mira que es el Señor: "Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha" (Sal 109,1)... Ve que es el Hijo: "Él me llamará
Padre, y yo lo haré mi Hijo" (Salmo 88,27-28) ... Observa que también es
Dios: "Los poderosos vendrán y se postrarán ante ti; te rogarán, porque tú
eres su Dios" (Isaías 45,14) ...Mira que es el Rey eterno: "Cetro de
justicia, es tu cetro real... Dios, tu Dios te ha ungido con óleo sagrado
"(Salmo 44,7-8)... Ve que es el Señor de los ejércitos, "¿Quién es este Rey
de gloria? El Señor de los ejercitos, Él es el Rey de gloria " (Sal
23,8)... También vemos que es el Sumo y Eterno Sacerdote, "Tú eres
sacerdote para siempre" (Salmo 109,4). Pero si él es Señor y Dios, Hijo y
Rey, Señor y sumo y eterno sacerdote, y porque ha querido, "también es
hombre: ¿quién lo comprenderá?"(Jer 17,9 LXX)... Como Dios y como
hombre, Jesús vino a nuestra casa... Se revistió de nuestro cuerpo
miserable y caduco... y se hizo cargo de nuestro cuerpo con sus
enfermedades, y las curó con su poder, para que se cumpliera la palabra:
"Yo soy el Señor... te cogeré de la mano derecha y te fortaleceré... Yo soy
el Señor, este es mi nombre... Y el último enemigo, la muerte, será
destruida... Muerte, ¿dónde está tu aguijón? "(Is 42,6; 1 Cor 15,26.55).

Espera

"Esperamos al Salvador" (Flp 3,20; liturgia latina). En realidad,
es la gozosa esperanza de los justos, de aquellos que esperan «venida en
gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:13). «¿Cuál es
mi esperanza, dijo el justo, no es el Señor?» (Sal 38,8) Luego se vuelve
hacia él y exclama:" Lo sé: no defraudarás mi esperanza» (Sal 118,116). De
hecho, mi ser está ya a tu lado, ya que nuestra naturaleza, asumida por ti
y dada a nosotros, ha sido glorificada en ti. Esto nos da la esperanza de
que "toda carne vendrá a ti" (Sal 64,3)... Sin embargo, es con una
gran confianza en la espera del Señor, que podemos decir: " Haceos tesoros
en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que
abren boquetes y los roban» (Mt 6,20). He depositado todos mis bienes a tus
pies: lo sé... «tú me los multiplicarás por cien y además me darás la vida
eterna"(Marcos 10,30). Vosotros que sois pobres de espíritu, ¡sois
herederos! (Mt 5,3)... Porque el Señor dijo: "Donde está tu tesoro, allí
estará tu corazón" (Mt 6,21). Que vuestros corazones le sigan, ¡que ellos
sean vuestro tesoro! Poned vuestro pensamiento allí, y que vuestra atención
se fije en Dios, para poder decir con el apóstol Pablo: "Nuestra vida está
en el cielo; de donde esperamos al Salvador".

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La fuerza nos viene de Dios

Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo, y aprendan de mi, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Mateo 11, 28-30
“¡Feliz el hombre que soporta la prueba! Porque superada la prueba recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman”.
Santiago 1, 12


Dios eterno, Dios, creador de la tierra hasta sus bordes, no se cansa ni se fatiga; imposible escrutar su inteligencia. Que al cansado da vigor, y al que no tiene fuerzas la energía le acrecienta. Los jóvenes se cansan, se fatigan, los valientes tropiezan y vacilan, mientras que a los que esperan en Dios él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse.”
Isaías 40, 28-31


“No te abandones a la tristeza, ni te atormentes con tus pensamientos. La alegría de corazón es vida para el ser humano, y la felicidad le alarga los días. Distrae tu alma y consuela tu corazón, aparta de ti la tristeza; pues la tristeza ha perdido a muchos, de ella no se saca ningún provecho. Envidia y malhumor acortan los días,”
Eclesiástico 30, 21-24


“En efecto, la tristeza según Dios produce un irreversible arrepentimiento para la salvación; más la tristeza del mundo produce la muerte. Mirad qué ha producido entre vosotros esa tristeza según Dios: ¡qué interés, qué disculpas, qué enojo, qué temor, qué añoranza, qué afán, qué escarmiento”.
2ª. Corintios 7, 10-11

Hagamoslo

Cuanto más se acerca el rey, hay que prepararse más. Cuanto más
cercano es el momento en que se le concederá el premio al combatiente, hay
que combatir mejor. Hagamos como en las carreras: cuando llega el
final de la carrera, cuando se acerca el fin, estimulemos con más ardor a
los caballos. Por eso dijo San Pablo: " Ahora la salvación está más cerca
de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día ya
se acerca" (Rm 13,11-12). Ya que la noche se acaba y el día aparece,
hagamos las obras del día; dejemos las obras de las tinieblas. Así como
hacemos en esta vida: cuando vemos que la noche deja paso a la aurora y que
empieza el canto la golondrina, nos despertamos los unos a otros, aunque
todavía sea de noche... apresurándonos en las tareas del día; nos vestimos
dejando atrás el sueño, para que el sol nos encuentre preparados. Lo que
hicimos entonces, hagamoslo ahora: sacudamos la modorra, arranquemos los
sueños de la vida presente, salgamos de nuestro sueño profundo y
revistámonos con el traje de la virtud. Esto es lo que el apóstol nos dice
claramente: " Rechacemos las obras de las tinieblas y revistámonos con las
armas de la luz" (v. 12). Ya que el día nos llama a la batalla, en el
combate. ¡No os alarméis al oír estas palabras de combate y lucha!
Si revestirse de una armadura pesada es doloroso, en cambio es deseable
revestirse de una armadura espiritual, porque es una armadura de luz. Así
brillarás con un resplandor mayor que el del sol, y brillando con un
intenso resplandor, estarás segura, porque estas son las armas..., las
armas de la luz. Entonces, ¿estamos dispensados de luchar? ¡No! Hay que
combatir, pero sin llegar al cansancio y sin pesadumbre. Ya que esto es
menos que una guerra, a la que se nos invita, como una fiesta y una
celebración.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Mt 19,21 . 29, 5,3

¡Dios mío, no sé si es posible a algunas almas veros pobres y
seguir a gusto siendo ricas, verse mayores que su Maestro, que su
Bienamado, no quererse parecer a Vos en todo lo que de ellas depende y
sobre todo en vuestras humillaciones; yo creo que ellas os aman, Dios mío,
y sin embargo creo que falta algo a su amor, y en todo caso yo no puedo
concebir el amor sin una necesidad, una imperiosa necesidad de
conformación, de semejanza, y sobre todo de compartir todas las penas,
todas las dificultades, todas las durezas de la vida... Ser rico, a mi
gusto, vivir tranquilamente de mis bienes, cuando Vos habéis sido pobre,
machacado, viviendo penosamente de un trabajo rudo! Yo no puedo, Dios
mío... Yo no puedo amar así.

«No conviene que el criado sea mayor que el Amo» (Jn 13,16), ni que
la esposa sea rica, cuando el Esposo es pobre... a mí me resulta imposible
entender el amor, sin la búsqueda de la semejanza... sin la necesidad de
compartir todas las cruces...

martes, 15 de noviembre de 2011

Cuestión de justicia

La educación no sólo escolar formal, sino también la llamada informal, que toma en cuenta la que se recibe en la familia, en la comunidad, en las tradiciones, en los medios de comunicación, en los grupos eclesiales. Por emergencia educativa entendemos los retos que, en las escuelas, en la cultura y en la vida, se plantean a la formación de personas maduras, libres, solidarias, justas y fraternas, debido al cambio de época que vivimos, la pobreza, la desigualdad social, el desempleo, la migración, la violencia, el crimen organizado, las nuevas tecnologías, la desintegración familiar, la secularización, el relativismo, la deserción religiosa, etc.
“América Latina y El Caribe viven una particular y delicada emergencia educativa. las nuevas reformas educacionales de nuestro Continente, impulsadas para adaptarse a las nuevas exigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y habilidades, y denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado. Por otra parte, con frecuencia propician la inclusión de factores contrarios a la vida, a la familia y a una sana sexualidad”(328).
“La educación humaniza y personaliza al ser humano cuando logra que éste desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolo fructificar en hábitos de comprensión y en iniciativas de comunión con la totalidad del orden real. De esta manera, el ser humano humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y construye la historia” (330).
“La Iglesia cree que los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a prestarles su adhesión personal” (482).

viernes, 11 de noviembre de 2011

Más allá

Con especial animación de alcanzar el Reino de Dios en cuanto que es una realidad de comunión plena con Dios 1 (tes2, 12), en términos explícitos motivación distinta, para ir por el mundo, palpando un desafío vocacional, pensamiento fresco, nuevo, juvenil como pan del día queriendo la energía del Espíritu Santo, manteniéndonos en permanente conversión, en camino constante de encuentro. El camino del hermano/a se tiene que convertir en mi camino. El nuevo horizonte, el llamado del Señor es matutino, “antes de que te despiertes yo te llamaré”, no se debe tener ningún pero, en dar la luz de Cristo. Se ha dado una importancia a la transformación de vida y obras una vida de gracia que se nos ha dado gratuitamente al ser sus hijos adoptivos, y una potenciación a la movilidad, al encuentro señalando estilo de vida conforme al seguimiento evangélico, testimonio individual y comunitario.
El cielo abre las puertas dejando que el amor de Dios, descienda del trono de Dios y se derrame sobre nosotros con todo el candor de la Reina de la Esperanza. Se incide en la necesidad de potenciar otro mundo interior vivido y experimentado que interpela e intensifica, el encuentro con Cristo sobre nuestra situación de Pecado, mediante un acercamiento, al fin de vernos amados por Dios. Sólo desde la luz podemos ver quiénes somos y cuál es nuestra situación ; necesitamos la luz para ver . La luz es alegría , es vida, es renovación, es canto. Cuánta seguridad y certeza nos da Cristo? que es la luz que nos ilumina. Por ello se nos pide el uso de las tecnologías de información y comunicaciones, porque están demostrando ser la mayor palanca de innovación social en la actualidad. Si queremos seguir estando entre las sociedades debemos conseguir que nuestro sistema DE COMUNICACIÓN esté al nivel de los mejores en el desarrollo, de las tecnologías de la información y los medios sociales como un aliado extraordinario para la Nueva Evangelización y la potenciación de un espíritu innovador . A través de la integración de estas tecnologías y de una metodología formativa adecuada, conseguiremos que no sólo se desarrolle competencias en el uso de estas tecnologías sino que se sea capaz y se sienta movida a utilizar su enorme potencial de innovación.
Nuestra vida va a estar cada vez más influenciada por la tecnología y ésta en el itinerario de muchos proyectos, destacando entre los institutos de formación. Seguirá siendo básica la búsqueda de nuevos instrumentos y vías de compromiso personal e intelectual en la defensa de los derechos humanos, especialmente el derecho a la vida, de las mayorías empobrecidas, como símbolo de compromiso evangélico a favor de la justicia y la paz y se identifica con las líneas de fuerza que han marcado por ejemplo vivo al servicio de la fe y la promoción de la justicia concretándose en la defensa de los derechos humanos ”.
Convertirnos en personas anunciadoras del Reino de DIOS, en sacudida de humanidad y en expresión de un cristianismo que merece la pena ,en relación con los derechos humanos, más allá de su institucionalización o positivización, se defiende los derechos humanos desde la experiencia de las personas masiva e injustamente empobrecidas, cuya liberación es tarea fundamental del ser humano. Para que los derechos humanos alcancen a todos los humanos, para que sean universales es necesario pensarlos desde los que no tienen voz, para que los derechos humanos signifiquen, hoy y aquí no podemos pretender reflexionar ni festejar una Declaración de derechos humanos, sin pensar en quienes sufren de modo constante su vulneración.

Unión

La unión de la familia humana cobra sumo vigor y se completa con la unidad, fundada en Cristo, de la familia constituida por los hijos de Dios.
La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. Precisamente de esta misma misión derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina. Más aún, donde sea necesario, según las circunstancias de tiempo y de lugar, la misión de la Iglesia puede crear, debe crear, obras al servicio de todos, particularmente de los necesitados, como son, por ejemplo, las obras de misericordia u otras semejantes.
La Iglesia reconoce, además, cuanto de bueno se halla en el actual dinamismo social: sobre todo la evolución hacia la unidad, el proceso de una sana socialización civil y económica. La promoción de la unidad concuerda con la misión íntima de la Iglesia, ya que ella es “en Cristo como sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. Enseña así al mundo que la genuina unión social exterior procede de la unión de los espíritus y de los corazones, esto es, de la fe y de la caridad, que constituyen el fundamento indisoluble de su unidad en el Espíritu Santo. Las energías que la Iglesia puede comunicar a la actual sociedad humana radican en esa fe y en esa caridad aplicadas a la vida práctica. No radican en el mero dominio exterior ejercido con medios puramente humanos.
En virtud de su misión y naturaleza, no está ligada a ninguna forma particular de civilización humana ni a sistema alguno político, económico y social, la Iglesia, por su universalidad, puede constituir un vínculo estrechísimo entre las diferentes naciones y comunidades humanas, con tal que éstas tengan confianza en ella y reconozcan efectivamente su verdadera libertad para cumplir tal misión. La Iglesia advierte a sus hijos, y también a todos los seres humanos, a que con este familiar espíritu de hijos de Dios superen todas las desavenencias entre naciones y razas y den firmeza interna a las justas asociaciones humanas.

Comunicación

El Documento de Aparecida, que se refiere a la sociedad de la comunicación, impulsa con valentía a una conversión pastoral que haga salir de los antiguos esquemas y estructuras para favorecer que las personas se encuentren verdaderamente con el Resucitado. La Misión continental anima a construir comunidades vivas y palpitantes. Pero esa Misión, sencillamente, no puede realizarse sin comunicación: es comunicación. Me refiero NO a los medios, sino a la comunicación en sí, ese proceso humano por el que se comparte el propio ser, palabras, esperanzas, contenidos, de tal forma que crece la unidad entre las personas. El esfuerzo por realizar una Nueva Evangelización orientará a toda la Iglesia en los próximos años, en particular donde muchas comunidades viven y se mueven en el contexto de lo que llamamos cultura digital. Por eso pedimos la luz del Espíritu Santo, para profundizar en la teología de la comunicación y estudiar la multicultural sociedad latinoamericana para realizar mejor la perenne misión que Cristo encomendó a los apóstoles y a la Iglesia entera.

Toda ella, conducida por el Papa, ha tomado conciencia de que ha nacido un nuevo continente. Un continente en el cual habitan muchísimas de las personas que encontramos por la calle, aunque sus fronteras no se noten a simple vista. Un signo de él podemos percibirlo en los más jóvenes, tantos de ellos centrados en sus teléfonos móviles y sus iPods. Si entramos en una casa y saludamos a toda la familia, quizá la mitad de ella tenga parte de su mente y de su corazón en lo que llamamos “ciberespacio”, por lo que están presentes y a la vez ausentes.

La sociedad digital está habitada por muchos seres humanos que ¿Cómo van a sentirse interpelados por el Amor de Dios si nadie se les hace cercano en nombre de Cristo, en el ciberespacio?
Ciertamente la presencia física, el encuentro cara a cara, es y será esencial para la experiencia cristiana auténtica, pero ya no podemos limitarnos a ella. Hemos de alcanzar también ese otro espacio cultural que no está separado, sino cada vez más íntimamente unido con lo que hasta ahora hemos llamado “vida real”. Hoy sabemos que los dos ambientes son reales, en ambos habitan personas con nombres, apellidos, historia. Son dos formas de la misma y única realidad, cada vez más compleja y entrelazada. Pero lo virtual tiene, como todos, sus particularidades, su lenguaje y sus modos de relación. Este aspecto de los lenguajes, que está transformando el mundo de la empresa, del comercio, de la educación. También el conjunto de la Iglesia cuenta ya con jóvenes creyentes que viven y expresan la riqueza de la fe en las categorías de la cultura digital, facilitando así un diálogo abierto y valiente con sus coetáneos, habituados a la interactividad y la producción de contenidos, más que a la pasiva recepción de mensajes unidireccionales. Se cumple así el deseo del Papa Benedicto XVI: “Para nosotros, cristianos, la Verdad es divina; es el “Logos” eterno, que tomó expresión humana en Jesucristo, que pudo afirmar con objetividad: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). La convivencia de la Iglesia, con su firme adhesión al carácter perenne de la verdad, con el respeto por otras “verdades”, o con la verdad de otros, es algo que la misma Iglesia está aprendiendo. En este respeto dialogante se pueden abrir puertas nuevas para la transmisión de la verdad.” (Discurso al mundo de la cultura, Lisboa, 12 de mayo 2010).

Comprendamos a los habitantes de ese continente digital para mejor servirlos. Conocer mejor sus particulares formas de expresión, sus dinamismos, sus formas de crear comunidad. Nos ayudará a apreciar los valores que ya viven, a veces ejemplarmente. Y también detectar los muchos riesgos que aquí, como en todo fenómeno humano, aparecen y deben ser evitados. Aspiramos, además, a lograr la inclusión de comunidades y personas aún privadas de acceso a la mesa común del diálogo y la cultura. Una mayor justicia será un signo fuerte de vida cristiana en la sociedad digital. Necesitamos el esfuerzo de construir redes inteligentes, sin exclusiones y llenas del Amor del Espíritu Santo, redes de comunión, capaces de hacer un discernimiento para “quedarse con lo bueno” (1Tes 5, 21) y crear nuevo conocimiento, en todo el amplio sentido de la palabra.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Dentro

«El Reino de Dios está dentro de vosotros» dice el Señor... Ea,
pues, alma fiel prepara tu corazón a este Esposo para que quiera venirse a
ti, y hablar contigo. Porque Él dice así: «Si alguno me ama, guardará mi
palabra, y vendremos a él, y haremos en él nuestra morada» (Jn 14,23). Da,
pues, lugar a Cristo, y a todo lo demás cierra la puerta. Si a Cristo
tuvieres estarás rico, y te bastará. Él será tu fiel procurador, y te
proveerá de todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los
hombres. Porque los hombres se mudan fácilmente, y desfallecen en breve;
pero «Jesucristo permanece para siempre» (Jn 12,34), y está firme hasta el
fin. No hay que poner mucha confianza en el hombre frágil y mortal
aunque sea útil y bien querido, ni has de tomar mucha pena si alguna vez
fuere contrario o no te atiende. Los que hoy son contigo, mañana te pueden
contradecir, y al contrario; porque muchas veces se vuelven como el viento.
Pon en Dios toda tu esperanza, y sea Él tu temor y tu amor. Él responderá
por ti, y lo hará bien, como mejor convenga. «No tienes aquí
domicilio permanente» (Hb 13,14). Dondequiera que estuvieres, serás
«extraño y peregrino» (Hb 11,13), y no tendrás nunca reposo, si no
estuvieres íntimamente unido a Cristo

viernes, 4 de noviembre de 2011

Salmo 136

Un gran himno de alabanza que celebra al Señor en las múltiples y repetidas manifestaciones de su bondad a lo largo de la historia de los seres humanos.”
"La historia de Israel está atravesada por momentos de alegría, de plenitud de vida, de conciencia de la presencia de Dios y de su salvación, pero también está marcada por episodios de pecado, por periodos de penosa oscuridad y de profunda aflicción. Y han sido muchos los adversarios de los que el Señor ha liberado a su pueblo". En el salmo se recuerdan estos acontecimientos, en especial el exilio en Babilonia, con la destrucción de Jerusalén, "cuando Israel parecía haber perdido todo, incluso su propia identidad, también la confianza en el Señor. Pero Dios se acuerda y libera. La salvación de Israel y de todos los hombres está ligada a la fidelidad del Señor, que recuerda. Mientras que el hombre olvida fácilmente, Dios permanece fiel: su memoria es el cofre precioso que guarda esa 'misericordia eterna' que canta nuestro salmo".

El salmo concluye recordando que Dios da alimento a todas las criaturas, "cuidando la vida y dando pan. En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios se hace hombre para dar la vida, para la salvación de cada uno de nosotros, y se entrega como pan en el misterio eucarístico para hacernos entrar en su alianza que nos hace hijos. A tanto llega el amor bondadoso de Dios y la sublimidad de su 'eterna misericordia'". Para finalizar, el Papa recordó las palabras de San Juan en su primera carta, aconsejando a los fieles que las tengan siempre presentes en su oración: "Ved qué gran amor nos ha dado el Padre para ser llamados hijos de Dios, y lo somos verdaderamente".

Estilo de vida

Jesús es, sin duda, el modelo de un estilo de vida de comunión constante con el Padre. El evangelio de Lucas menciona al menos diez oportunidades en las que el Señor está orando y cada una de ellas están refrendadas por acontecimientos extraordinarios de poder, milagros y maravillas.

Miremos cómo inicia su ministerio terrenal, su vida pública. Dice el texto en Lucas 3:21 "Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió". La consecuencia inmediata de aquella oración fue cielos abiertos. Esto quiere decir que cuando Jesús comenzó a orar, el cielo se rompió con gran estruendo y tras esa ruptura se pudo oír la voz del Padre diciendo "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia" (Lucas 3:22).

Al sellar su obra salvífica en la cruz, lo hace de la misma manera como empezó, orando, "Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). De esta manera establece el propósito de su crucifixión, el amor expresado a través del perdón. Por eso podemos asegurar que Nuestro Señor, comenzó y terminó su ministerio en oración. Ésta es la razón por la cual "Orad sin cesar" debe ser nuestro estilo de vida, un grito que abre los cielos, porque proclama una fe que va más allá de toda duda, generadora esperanza, seguridad que deja lugar a la esperanza de salvación.

La oración nos mantendrá todos nuestros días con cielo abierto y una cobertura de su amor. Te animamos a que puedas hoy, comenzar y terminar tu día orando para que oigas la voz de Dios diciéndote: “Tú eres mi Hijo amado de quien estoy feliz” y para que un manto de amor y perdón vengan sobre ti.

Solemnidad de todos los Santos

En la Solemnidad de Todos los Santos, el Papa Benedicto XVI señaló que esta Fiesta constituye un aliento para que todos los creyentes sean santos como Dios es santo. El Papa dijo que la liturgia "nos invita a contemplar el amor infinito de Dios, que se refleja en la victoria de los que ya gozan de su gloria en el cielo". "Es el amor del Padre que nos llama a ser hijos suyos, nos entrega a su propio Hijo para redimirnos con su sangre purificadora. Por eso nos proclama dichosos aun cuando sufrimos tribulación, porque en Él tenemos nuestra esperanza". "Respondamos alentó el Papa con generosidad y coherencia a ese don, que ha sido derramado en nuestros corazones, siendo Santos como Dios es Santo, para que también en nosotros se manifieste su gloria". Benedicto XVI dijo que la Fiesta "nos recuerda que la santidad es la vocación originaria de cada bautizado. Cristo, de hecho, que con el Padre y con el Espíritu es el sólo Santo, ha amado a la Iglesia como su esposa y se ha dado a sí mismo por ella, a fin de santificarla". "Por esta razón todos los miembros del Pueblo de Dios están llamados a ser santos, según la afirmación del apóstol Pablo: 'La voluntad de Dios es que sean santos'. Por lo tanto, estamos invitados a mirar la Iglesia no en su aspecto temporal y humano, marcado por la fragilidad, sino como Cristo la ha querido, esto es 'comunión de los Santos'". El Santo Padre dijo luego que "en el Credo, la profesamos 'santa', en cuanto es el Cuerpo de Cristo, es instrumento de participación a los santos misterios, en primer lugar la Eucaristía, es familia de los Santos a cuya protección venimos confiados en el día del Bautismo". "Hoy veneramos propiamente esta innumerable comunidad de Todos los Santos, los cuales, a través de sus diferentes recorridos de vida, nos indican diversos caminos de santidad, unidos por un único denominador: seguir a Cristo y conformarse a Él, hasta lo último de nuestra realidad humana". Tras recordar que todos los estados de vida permiten llegar a la santidad, el Papa recordó la celebración, la fiesta de todos los Fieles Difuntos, que "nos ayuda a recordar a nuestros seres queridos que nos han dejado y a todas las almas en camino hacia la plenitud de la vida, propiamente en el horizonte de la Iglesia celeste".

El Papa Benedicto XVI resaltó que la oración por los muertos es "no sólo útil sino necesaria, en cuanto ella no sólo los puede ayudar, sino que al mismo tiempo hace eficaz su intercesión en nuestro favor". "También la visita a los cementerios mientras custodian los lazos de afecto con quienes nos han amado en esta vida, nos recuerda que todos tendemos hacia otra vida, más allá de la muerte", añadió.

El Papa hizo votos para "que el llanto, debido al desprendimiento terreno, no prevalezca por esto sobre la certeza de la resurrección, sobre la esperanza de alcanzar la bienaventuranza de la eternidad, 'momento colmado de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad'". "El objeto de nuestra esperanza de hecho es gozar de la presencia de Dios en la eternidad.

Lo ha prometido Jesús a sus discípulos: 'Los veré de nuevo y su corazón se alegrará y ninguno podrá quitarles este gozo'". Finalmente el Santo Padre subrayó que "a la Virgen, Reina de Todos los Santos, confiamos nuestra peregrinación hacia la patria celeste, mientras invocamos para los hermanos y las hermanas difuntos su materna intercesión".