viernes, 4 de noviembre de 2011

Salmo 136

Un gran himno de alabanza que celebra al Señor en las múltiples y repetidas manifestaciones de su bondad a lo largo de la historia de los seres humanos.”
"La historia de Israel está atravesada por momentos de alegría, de plenitud de vida, de conciencia de la presencia de Dios y de su salvación, pero también está marcada por episodios de pecado, por periodos de penosa oscuridad y de profunda aflicción. Y han sido muchos los adversarios de los que el Señor ha liberado a su pueblo". En el salmo se recuerdan estos acontecimientos, en especial el exilio en Babilonia, con la destrucción de Jerusalén, "cuando Israel parecía haber perdido todo, incluso su propia identidad, también la confianza en el Señor. Pero Dios se acuerda y libera. La salvación de Israel y de todos los hombres está ligada a la fidelidad del Señor, que recuerda. Mientras que el hombre olvida fácilmente, Dios permanece fiel: su memoria es el cofre precioso que guarda esa 'misericordia eterna' que canta nuestro salmo".

El salmo concluye recordando que Dios da alimento a todas las criaturas, "cuidando la vida y dando pan. En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios se hace hombre para dar la vida, para la salvación de cada uno de nosotros, y se entrega como pan en el misterio eucarístico para hacernos entrar en su alianza que nos hace hijos. A tanto llega el amor bondadoso de Dios y la sublimidad de su 'eterna misericordia'". Para finalizar, el Papa recordó las palabras de San Juan en su primera carta, aconsejando a los fieles que las tengan siempre presentes en su oración: "Ved qué gran amor nos ha dado el Padre para ser llamados hijos de Dios, y lo somos verdaderamente".

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