Jesús es, sin duda, el modelo de un estilo de vida de comunión constante con el Padre. El evangelio de Lucas menciona al menos diez oportunidades en las que el Señor está orando y cada una de ellas están refrendadas por acontecimientos extraordinarios de poder, milagros y maravillas.
Miremos cómo inicia su ministerio terrenal, su vida pública. Dice el texto en Lucas 3:21 "Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió". La consecuencia inmediata de aquella oración fue cielos abiertos. Esto quiere decir que cuando Jesús comenzó a orar, el cielo se rompió con gran estruendo y tras esa ruptura se pudo oír la voz del Padre diciendo "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia" (Lucas 3:22).
Al sellar su obra salvífica en la cruz, lo hace de la misma manera como empezó, orando, "Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). De esta manera establece el propósito de su crucifixión, el amor expresado a través del perdón. Por eso podemos asegurar que Nuestro Señor, comenzó y terminó su ministerio en oración. Ésta es la razón por la cual "Orad sin cesar" debe ser nuestro estilo de vida, un grito que abre los cielos, porque proclama una fe que va más allá de toda duda, generadora esperanza, seguridad que deja lugar a la esperanza de salvación.
La oración nos mantendrá todos nuestros días con cielo abierto y una cobertura de su amor. Te animamos a que puedas hoy, comenzar y terminar tu día orando para que oigas la voz de Dios diciéndote: “Tú eres mi Hijo amado de quien estoy feliz” y para que un manto de amor y perdón vengan sobre ti.
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