jueves, 2 de febrero de 2012

Iluminar

El Padre de la luz ( Jc 1,17) invita a los hijos de la luz (Lc
16,18) a celebrar esta fiesta de luz: " Acercaos y sed inundados de
claridad ", dice el salmo (33,6). De hecho, " el que habita una luz
inaccesible " (1Tm 6,16) se dignó hacerse accesible; él descendió en la
desnudez de la carne para que lo débil y lo pequeño puedan subir hasta él.
¡Qué descenso de misericordia! "Inclinó los cielos ", es decir las cumbres
de la divinidad, " y descendió " haciéndose presente en la carne, " y una
nube oscura estaba bajo sus pies " (Sal. 17,10)... ¡Oscuridad
necesaria para devolvernos la luz! La luz verdadera se escondió bajo la
nube de la carne, ( Ex 13,21) nube oscura por su semejanza con "nuestra
condición humana de pecadores" (Rm 8,3)... Ya que la verdadera Luz hizo de
la carne su escondite, ¡Que los mortales nos acerquemos hoy al Verbo hecho
carne para dejar atrás las obras de la carne y aprender a pasar, poco a
poco, a las obras del Espíritu! Que nos acerquemos pues, hoy, ya que un
nuevo sol brilla en el firmamento. Hasta este momento encerrado en el
pueblo de Belén, en la estrechez de un pesebre y conocido por un pequeño
número de personas, hoy viene a Jerusalén, al templo del Señor. Está
presente ante varias personas. Hasta ahora, tú Belén, te alegrabas, tú
sola, de la luz que nos ha sido dada a todos. Orgullosa de tal privilegio
de novedad inaudita, podías compararte con el mismo Oriente .

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