viernes, 24 de febrero de 2012

E xhorta

El Papa exhorta a escuchar voz de Dios y no endurecer el corazón.- El Papa Benedicto XVI alentó a escuchar la voz de Dios y no endurecer el corazón.
El Santo Padre invita a "todos a escuchar la voz de Dios y a no endurecer el corazón. Busquemos tiempo para meditar cuanto el Señor nos propone en la divina Palabra y respondamos a ella con una oración sincera, constante y humilde". De ahí, "sacaremos fuerzas para afrontar las dificultades de la vida y servir con sencillez a los que nos rodean, sobre todo a quienes pasan por pruebas diversas".
El Papa se refirió al pasaje del Evangelio de San Marcos, en el que un hombre "poseído por un espíritu inmundo" reconoce en Cristo al "Santo de Dios" y Mesías que lo libera de la posesión, afirmó que "la palabra que Jesús dirige a los hombres abre inmediatamente el acceso a la voluntad del Padre y a la verdad de sí mismos". "No así, en cambio, sucedía a los escribas, que tenían que esforzarse en interpretar las Sagradas escrituras con numerosas reflexiones. Además, a la eficacia de la palabra, Jesús unía aquella de los signos de la liberación del mal".
San Atanasio, "observa que 'ordenar a los demonios y expulsarlos nos es una obra humana sino divina', de hecho, el Señor 'alejaba de los hombres toda clase de enfermedades. ¿Quién, viendo su poder… habría aún dudado que Él sea el Hijo, la Sabiduría y la Potencia de Dios?'". La autoridad divina, explicó, "no es una fuerza de la naturaleza. Es el poder del amor de Dios que crea el universo y encarnándose en el Hijo Unigénito, bajando en nuestra humanidad, sana al mundo corrompido por el pecado".
"A menudo para el hombre la autoridad significa afán de posesión, poder, dominio, suceso. Para Dios, en cambio, la autoridad significa servicio, humildad, amor; significa entrar en la lógica de Jesús que se inclina para lavar los pies a los discípulos, que busca el verdadero bien del hombre, que mira las heridas, que es capaz de un amor tan grande de dar la vida, porque es el Amor".
"Invoquemos con fe a María Santísima, para que guíe nuestros corazones para tomar siempre de la misericordia divina, que libera y sana nuestra humanidad, colmándola de toda gracia y bien, con la potencia del amor"

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