viernes, 18 de mayo de 2012

Evocan

Las lecturas de la Palabra de Dios evocan el misterio de la Ascensión del Señor. La primera lectura de los Hechos de los apóstoles nos narra la última aparición del Señor a sus discípulos antes de subir a los cielos. Del mismo modo el pasaje del Evangelio de san Marcos nos recuerda el último encuentro de Jesús resucitado con sus apóstoles, al término del cual Jesús es elevado al cielo donde está sentado a la derecha del Padre. El Apóstol por su parte, en la carta a los Efesios, valiéndose de una referencia de un salmo sobre "el subir al cielo", nos habla de la subida al cielo de Jesús desde donde nos comunica todos sus dones. San Lucas, en los Hechos de los apóstoles (1,1-11), en la última aparición del Señor y antes de su Ascensión a los cielos, Jesús nos asegura el don del Espíritu Santo en el cumplimiento de la misión que Él nos confía: "recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra". De este modo nos reclama al compromiso que tenemos como cristianos: ser testimonios de Él entre nuestros hermanos, haciéndoles partícipes de la salvación que Él nos ha alcanzado. San Marcos recrea el mismo acontecimiento presentado en los Hechos de los apóstoles: la última aparición y la misión que Cristo confía a sus discípulos antes de su Ascensión a los cielos (16,15-20). Esta misión, por una parte, se presenta desproporcionada a la capacidad humana de los discípulos: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación" . Pero, por otra parte, les asegura la asistencia de Jesús en el cumplimiento de la misma, indicando las señales y prodigios que en su nombre realizarán para llamar a la conversión a todos los hombres. Conscientes de la grandeza de la misión que Jesús les confía y de sus propias limitaciones, los apóstoles están llamados a colaborar con todas sus fuerzas, pero sobre todo a apoyar su entrega en el poder y en la acción de Cristo, de quien son siempre instrumentos en su obra de salvación. En la carta a los Efesios, la misión que Cristo nos ha confiado produce frutos maravillosos en los destinatarios de la misma: todas las personas llegan a formar un solo cuerpo, el cuerpo mismo de Cristo resucitado (4,1-13). Entonces los miembros de este cuerpo alcanzamos la plena unidad, en un solo espíritu, el Espíritu Santo, y nos ponemos al servicio de un solo Dios, que es "Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos" . Vivamos, pues, este misterio de la Ascensión llenos de gozo por los dones que Cristo nos ofrece y por toda su acción en nuestras vidas, buscando vivir siempre "de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados" .

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