martes, 15 de mayo de 2012

Ternura

“Lo más grande de una mujer, de una mamá, es su feminidad, ella aporta una fortaleza que permanece ante el dolor y frente la dificultad, es muchas veces el soporte que permite que el matrimonio se mantenga unido y lucha por sacar adelante a la casa”, expresó el Cardenal Juan Luis Cipriani en el programa Diálogo de Fe del sábado 12 de mayo. Una bendición especial a todas las madres, quienes mañana celebrarán su día y recordó que este año coincide con la Fiesta de la Virgen de Fátima. “Tengo en mis ojos y en mi mente a nuestra madre la Virgen María. Les envío a todas las madres mi especial cariño, bendición, poniéndolas a todas bajo la protección de la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, y pedirle a Dios que fortalezca esa identidad de la mujer que tanta falta nos hace”, reflexionó. Mencionó que la mamá tiene el deber de amar, comprender, escuchar y acompañar a sus hijos; pero del mismo modo, el hijo tiene el deber de nunca ser indiferente con su madre, tenerle paciencia, visitarla, comprenderla y ayudarla; ya que este es el mandato de Cristo. “La madre no se rinde nunca ante el deber y el llamado de su hijo o hija. Es una relación no sociológica ni política; no maltratemos la grandeza de una mujer, es mucho más profundo que eso. Es su misma manera de ser y estar en el mundo lo que la lleva permanentemente a buscar el perdón y buscar un nivel de exigencia único”, señaló. “La mamá es ternura, perdón, sufrimiento, serenidad y al mismo tiempo genio. Digo todo esto contemplando a la Virgen María, recordando con tanto agradecimiento a mi mamá y a tantas otras mujeres y madres”, continuó. Destacó que estamos en tiempos en los que el mundo necesita más que nunca de la feminidad y la presencia de la mujer, ya sean mamás, abuelas, casadas o solteras, entregadas a Dios o entregadas a una familia; ya que son ellas quienes tiene el don de la fortaleza y el cariño. “Tenemos que pedirle a Dios que ayude a las mujeres para que ellas mismas se valoren en esa dimensión interior que le da luz y una visión a la vida tan necesaria. No me imagino el mundo sin mujeres, no me imagino la Iglesia sin la presencia de la mujer. Esa complementariedad

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