lunes, 7 de mayo de 2012
Martirio
La Exposición Universal de Shangai ha sido, una gran oportunidad para vender la imagen de China al mundo entero. Estos eventos han ofrecido la imagen de un país moderno y desarrollado que también esconde realidades de pobreza y marginación, de falta de libertad de expresión y también de libertad religiosa.
Aunque reconocida por las autoridades junto a otras cuatro religiones, la iglesia católica fiel a Roma sobrevive en China a pesar de la persecución que se desató tras la revolución. Es una iglesia que vive aislada del resto del mundo al no existir relaciones diplomáticas del Vaticano con el gobierno comunista. Es, además, una iglesia atomizada. La clandestinidad impide que tengan ningún organismo en el que los obispos y las diócesis puedan compartir ideas y proyectos. La Iglesia católica vive en China muy diferentes situaciones que van desde la iglesia oficial -controlada por la Asociación Patriótica y en línea con las directrices del Partido Comunista- a otros casos de tolerancia, siempre bajo la vigilancia del gobierno, hasta las iglesias clandestinas que siguen en las catacumbas.
El paso hacia la unidad, como apuntaba el Papa en su carta enviada a los católicos chinos en 2007, no es un camino fácil: la iglesia oficial dice estar abierta a un acercamiento, pero no da ningún paso más y mientras tanto los creyentes de la iglesia clandestina no quieren hacer un borrón y cuenta nueva después de tantos años de marginación, de persecución, de sufrimiento y de cárcel.
El informe sobre Libertad Religiosa de Ayuda a la Iglesia Necesitada relata numerosos casos de obispos, religiosos que han sufrido y sufren actualmente cárcel, persecución, y que continúan bajo los controles de seguridad del Gobierno a través de las Asociaciones Patrióticas.
La Iglesia católica continúa hoy día en China perseguida y martirizada, aislada en la grandeza del país y olvidada para el resto de católicos del mundo. Necesita ayuda, sobre todo para la formación de sacerdotes y religiosas, pero pide especialmente oraciones, porque los creyentes mantienen allí una fe profunda, férrea, transmitida a través de Esta exposición nace de la necesidad de sensibilizar al público y a los medios de comunicación sobre una realidad muchas veces ignorada: en la actualidad se estima que más de 200 millones de cristianos sufren por su fe, siendo muchos los que están sufriendo la violencia e incluso el asesinato. Otros 150 millones más sufren otras formas de opresión como la discriminación y restricción de la práctica religiosa . Invevestigando por diversos países por misioneros en acción con sus destinatarios se puede mostrar esta realidad no tan lejana y sin embargo desconocida. Cómo la Iglesia llega hasta el más pequeño de los hermanos/as, y cómo la fe y la esperanza no les doblega ante las dificultades. Como decía un misionero: “a pesar de todo no se arrugan”. La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.generaciones y que sobrevive a pesar de las continuas presiones y controles del gobierno
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