lunes, 7 de mayo de 2012
Sarmiento
"La viña verdadera de Dios, la vida verdadera, es Jesús, quien con su sacrificio de amor nos da la salvación, nos abre el camino para ser parte de esta viña. Y como Cristo permanece en el amor de Dios Padre, así los discípulos, sabiamente podados por la palabra del Maestro, si están profundamente unidos a Él, se convierten en sarmientos fecundos, que producen cosechas abundantes", dijo el papa.
"En el día de nuestro bautismo, la Iglesia nos injerta como sarmientos en el misterio pascual de Jesús, en su propia persona. De esta raíz recibimos la preciosa savia para participar en la vida divina. Como discípulos, también nosotros, con la ayuda de los pastores de la Iglesia, crecemos en la viña del Señor unidos por su amor, añadió.
Cada uno de nosotros es como un sarmiento, que vive solo si hace crecer cada día con la oración, con la participación a los sacramentos y con la caridad, su unión con el Señor. Y quien ama a Jesús, la vid verdadera, produce frutos de fe para una abundante cosecha espiritual. Supliquémosle a la Madre de Dios, para que permanezcamos injertados de forma segura en Jesús, y que toda nuestra acción tenga en Él su principio y su final".
Todavía, precisó, "la tarea esencial de una auténtica educación a todos los niveles no es sólo aquella de transmitir el conocimiento", sino también la de "formar los corazones".
Esta formación más íntima y profunda se puede realizar, según el papa, "equilibrando constantemente el rigor intelectual en el comunicar la riqueza de la fe de la Iglesia con la formación de los jóvenes en el amor de Dios, a la práctica de la moral cristiana y de la vida sacramental y a la oración personal y litúrgica".
Es evidente, que"la cuestión de la identidad católica, no sólo en los ateneos, supone mucho más que la enseñanza de la religión o la mera presencia de una capellanía en el campus".
"Demasiado a menudo parece que las escuelas católicas y los college hayan fallado" en estimular a los propios estudiantes a "reapropiarse de la fe", como parte del propio crecimiento intelectual. Por otra parte, observó con amargura, esta situación es índice de que muchos estudiantes están hoy desligados no sólo de la escuela sino también de la familia y de la comunidad, que "antes facilitaban la trasnmisión de la fe".
Aumenta, por tanto, la responsabilidad de las instituciones católicas a las que "se exige crear todavía más una red de apoyo", con el fin de "superar la crisis actual de las universidades". A la luz de todo esto, "los estudiantes deben ser animados a desarrollar una visión de armonía entre fe y razón que pueda guiar su vida" y, naturalmente, las enseñanzas, desempeñando su propio papel, deben inspirar a los otros con "su amor evidente por Cristo".
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