“Que me siga.” Mc, 8,34)
El Señor entregó a su propio Hijo a la muerte en cruz a causa del
ardiente amor por la creación...No porque no hubiera podido rescatarla de
otro modo, sino porque ha querido manifestar así su amor desbordante, como
una enseñanza para nosotros. Por la muerte de su Hijo único nos ha
reconciliado consigo. Sí, si hubiera tenido algo más precioso, nos lo
habría entregado para que volviéramos enteramente a él.
A causa de su gran amor hacia nosotros, no quiso violentar nuestra
libertad, aunque hubiera podido hacerlo. Antes bien prefirió que nosotros
nos acercáramos a él por amor.
A causa de su amor por nosotros y por la obediencia a su Padre, Cristo
aceptó gozosamente los insultos y la aflicción... De la misma manera,
cuando los santos llegan a su plenitud, desbordando de amor por los demás y
por la compasión hacia todos los hombres, se parecen a Dios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario