viernes, 15 de febrero de 2013

Predicador

Comenzamos nuestra peregrinación , muchos pasarán en oración y ahora es el momento de ir más allá de nuestras puertas y dar testimonio al mundo entero tal como nos lo indica San Marcos: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura" (Mc. 16,15). Cuán apropiado resulta al celebrar la Conversión de San Pablo. La mayoría de nosotros, cuando pensamos en san Pablo, pensamos en el gran Apóstol, el gran predicador de la Palabra de Dios, el gran misionero, el que no tuvo miedo de pararse en el centro de Atenas y predicar la Palabra de Dios a políticos e intelectuales. Pensamos en san Pablo como quien predicó "a tiempo y a destiempo", como el apóstol que fue un gran misionero a culturas totalmente indiferentes o abiertamente hostiles al estilo de vida Cristiano, como el hombre que escribió numerosas cartas a las primeras comunidades cristianas, explicándoles la Fe, y como el gran evangelizador.
Sí, la mayoría de nosotros piensa en Pablo como un hombre lleno de celo por Cristo y su Palabra. Sin embargo, otro aspecto en la vida de Pablo es que de la misma manera que defendió las enseñanzas y dio testimonio de Jesucristo, antes de su conversión, fue igualmente tenaz persiguiendo a los seguidores de Cristo. Su odio hacia Cristo y su mensaje, antes de su conversión, estuvo en proporción directa al gran amor y celo apostólico que experimentó después de su conversión.
El ejemplo de la conversión de Pablo nos llena de gran Esperanza. Si Jesús y su Palabra pudieron cambiar el corazón de Pablo, Su Palabra puede cambiar la mente y el corazón de aquellos que no respetan la vida humana. “Jesús se levantó a leer y encontró un pasaje del profeta Isaías, que comienza así: "El Espíritu del Señor está sobre mí, / porque cuanto me ha ungido el Señor, / me ha enviado a anunciar la Buena Nueva             

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