sábado, 23 de febrero de 2013
Envío
Sin duda, son acontecimientos de gracia que nos sacuden, revitalizan nuestra identidad de discípulos misioneros de Jesucristo, a fin de alentar la esperanza de nuestros pueblos. Esta es la comunión que todo ser humano llamado debe formar, compartir su mesa, tanto la habitual como la pascual. (Mc 2,15) el amor mutuo es la columna de la comunidad cristiana.
La Espiritualidad e impulso misionero, nos exige una conversión personal nacer de nuevo, para continuar la misión de Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado para renovar la humanidad. La única manera efectiva de poder extender el Reino de Dios en los pueblos y culturas, es a partir del Reino de Dios presente en nosotros, Reino de Dios como grano de mostaza, ir paso a paso por el camino del amor al prójimo y al enemigo.(Mc 4, 26-34.) La experiencia de Fe es el punto de partida “Como el Padre me envío así mismo os envío yo (Jn17,18-20). La fuerza del resucitado es mayor que todo.En las promesas del Evangelio en San Marcos nos dice: “Pues antes del fin El Evangelio tiene que anunciarse a todas las naciones “(Mc14,9) . El llamado a la misión comporta una profunda experiencia de fe en Cristo Resucitado y el Protagonismo del Espíritu Santo.
Se trata de despertar a nuestras comunidades cristianas para aprovechar este tiempo
de gracia; implorar y vivir un renovado pentecostés en todas ellas, estimulando la
vocación y acción misionera de los bautizados, ser fieles, necesitamos de nuestra permanente mirada en Jesucristo su Palabra que puede iluminar los cambiantes momentos y las múltiples realidades . Con Jesucristo que llena nuestras vidas de sentido, de verdad y amor, de alegría y esperanza.
Nos asiste el gozo al constatar el amor de Dios, en esta pedagogía de transformación encontramos en la en la escuela del Maestro, produciendo una identificación, un vínculo estrecho que se convierte en fuente de vida, porque estamos vinculados íntimamente a El, que tiene palabras de vida eterna.(Jn 6, 68).
Conscientes de “Vengan y Vean “ (Jn. 1,39 ). Es cierto de que falta mucho para que la Palabra que es Cristo y su enseñanza, sean más conocidas y vividas. Esta llamada a pensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias mundiales, vislumbra que el fecundo intercambio es guía segura, para que el Evangelio penetre en el corazón y en la conciencia del pueblos.
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