sábado, 26 de marzo de 2016

Cristo


Cristo mismo, aunque es perfectamente definido en su identidad, es uno y es muchos, porque es uno y a la vez carga con la suerte de su pueblo. Cristo, especialmente en la Cruz, está viviendo y está reviviendo tanto las culpas de Israel como el odio hacia Israel; Cristo en la Cruz es un pueblo, y si lo miramos bien, no sólo es un pueblo, es todos los pueblos.
Porque todo ser humano, según ha enseñado el Papa Juan Pablo, cuando contempla con atención a Jesucristo, especialmente en la Cruz, no puede dejar de reconocerse ahí de alguna manera en esas Llagas, en esos dolores, en esas tribulaciones, o en esa soledad y abandono.
Cristo es el Siervo de Yavé, y si el Siervo es a la vez tan nítido y tan difuso; tan definido y tan misterioso, así también es Cristo.
El misterio de Cristo no es solamente el misterio de una persona colgada en una cruz; es el misterio de la miseria y la limitación humana, y es el misterio de la alianza siempre renovada, la alianza siempre victoriosa que Dios ofrece hasta conseguirla finalmente por el ministerio del mismo Cristo.Cada cántico insiste en algunos aspectos. Vale la pena destacar lo que se dice de la victoria: es el que realiza el designio de Dios. Dice  "Sobre él he puesto mi Espíritu para que traiga el derecho a las naciones"Isaías 42,1.

Es realmente un ungido por Dios para realizar hasta el final un plan, un plan que significa salvación, que significa justicia.

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