Solamente
Dios, puede darnos ese perdón, y cuando tenemos esa experiencia de perdón,
entonces, descubrimos que el mismo manantial de gracia, la misma corriente de
amor y de ternura que ha llegado a nosotros, puede llegar también a nuestros
hermanos. Por eso, el lema no puede ser otro, sino solamente este: “Perdonados
para perdonar”. Que Dios nos lo conceda; la supervivencia de la humanidad,
ciertamente, depende de eso: “Perdonados para perdonar”.
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