miércoles, 9 de marzo de 2016

Fijar

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 Santiago consiste en “fijar la mirada” en la palabra, en el estar largo tiempo delante del espejo, lo que quiere decir en la meditación o contemplación de la Palabra. El alma que se mira en el espejo de la Palabra “aprende a conocer ‘cómo es’, aprende a conocerse a sí misma, descubre su deformidad de la imagen de Dios y de la imagen de Cristo” consiste en practicar, en obedecer a la Palabra”. Asimismo, ha asegurado que “las palabras de Dios, bajo la acción actual del Espíritu, se vuelven expresión de la voluntad viviente de Dios hacia  mí, en un determinado momento”. Y ha precisado que “si escuchamos con atención, nos daremos cuenta con sorpresa que no hay un día en el que, en la liturgia, en la recitación de un salmo, o en otros momentos, no descubramos una palabra de la cual debemos decir: “¡Esto es para mí!, ¡esto es lo que hoy tengo que hacer!”

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