domingo, 31 de julio de 2016
Asombro
La eficacia de un profeta está en conocer los secretos de Dios. La verdadera eficacia de un predicador está en conocer los secretos e Dios. La verdadera grandeza de un sacerdote está en conocer los secretos de Dios.
Es la intimidad con el Señor la que transforma nuestros ojos para que aprendan a mirar la historia como Él la ve. Es la intimidad con el Señor la que le da a nuestra palabra autenticidad, fuerza y también sabiduría, gracia, capacidad de consuelo, capacidad para restaurar el corazón humano y edificarlo según el plan divino.
"No hace nada el Señor sin revelar sus secretos a sus profetas" Amós 3,7. Esta expresión nos hace recordar aquella otra que dijo Jesús a sus Apóstoles, declarándolos amigos suyos. "Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer" San Juan 15,15, dice Jesús.
La cercanía con Jesucristo, es la única clave que nos permite sobrellevar las dificultades, y no trastornarnos ni envanecernos en los triunfos.
San Pablo dice: "Nosotros tenemos el pensamiento de Cristo" 1 Corintios 2,16, allá en una de sus Cartas dice: Pero nosotros tenemos el pensamiento de Cristo" 1 Corintios 2,16.
A través de la oración, a través de la lectura de la Palabra, a través de la meditación, a través de esa actitud humilde que hace que nos dejemos enseñar, vamos aprendiendo los caminos de la intimidad con Dios. Y dese allí, como los discípulos, tenemos una palabra eficaz, una palabra que puede llegar al corazón.
San Pedro en Pentecostés, cuando Lucas nos dice: "Estas palabras le traspasaron el corazón"Hechos de los Apóstoles 2,37. Como sólo Dios conoce el corazón humano, sólo Dios nos puede enseñar a tocar, a traspasar, a transformar el corazón humano. Dicho de otra manera, nuestro corazón, transformado por Él, se vuelve instrumento precioso para transformar el corazón de nuestros hermanos y volverlo también hacia Él.
Si tenemos miedo, qué bueno despertar a Jesús. De pronto nos regaña, pero transformará nuestro miedo en asombro.
Proveniente
La sabiduría proveniente de Dios! Era necesario un precursor, porque el precursor hace sentir el hambre de la salvación, la necesidad de la salvación. Y cuando uno reconoce que necesita salvación, se alegra cuando ella llega y la recibe.
Este fue el encargo que tuvo Juan. Pero yo no sé si dije bien, porque yo creo que no se debe decir: "Este es el encargo que tuvo Juan". ¡Este es el encargo que tiene Juan!
La misión de precursor de Juan, que es la razón por la cual celebramos su nacimiento, no es una misión que haya terminado con la muerte de él. Su nacimiento, su vida y su muerte, son una enseñanza de que sin hambre, el Pan de Dios se puede desperdiciar.
El nacimiento, la vida, la pasión y la muerte de Juan, que en todo anticipan el Nacimiento, la Vida, la Pasión y la Muerte de Cristo, nos están diciendo, que sólo el que tenga hambre de Dios, se alimentará de Dios. Sólo el que sienta que sin Dios nada es, con Dios lo será todo.
Esta es una enseñanza siempre actual en la Iglesia, porque Jesús está siempre viniendo con la obra de su gracia, con el don de su Espíritu, con la fuerza de sus sacramentos, pero también porque la Iglesia entera espera el cumplimiento de las últimas promesas, el retorno definitivo de Jesús, su segunda venida.
Además, para que Cristo vuelva y complete su obra, es necesaria la austeridad de Juan, la predicación de Juan y hasta cierto punto, la denuncia de Juan. ¡Sí se necesita que Juan Bautista no calle su voz! Se necesita que Juan esté siempre presente en la Iglesia, porque la Iglesia no ha terminado de recibir las promesas de Dios.
Si Jesús tarda, a mí me parece que en parte es porque falta hambre para recibirlo. Jesús no está esperando el peor momento de la humanidad para ver si logra condenarse el mayor número posible de hombres y mujeres. Jesús vendrá, Jesús volverá a culminar, a complementar su obra.
Pero para esto es necesario que haya hambre, mucha hambre de Él, un profundo anhelo de Él. Y es el Espíritu Santo el que mantiene viva la voz de Juan, según nos dice el libro del Apocalipsis, haciendo que la novia, que la Iglesia, repita: "¡Ven, Señor Jesús!" Apocalipsis 22,20.
Así como podemos decir que el amor a la Iglesia es el pulso de la vida espiritual, así también podemos decir, que el hambre de Cristo es el pulso de la vida de la Iglesia en nosotros. Porque la voz de la Iglesia, que es la novia del Apocalipsis, está muy clara: "¡Ven, Señor Jesús!" Apocalipsis 22,20
¡Cuánta vida de la Iglesia tenemos en nosotros! Hasta dónde somos Iglesia, lo sabremos por Juan y por ese grito, por ese clamor del Espíritu: "¡Ven, Jesús!"
En cada Eucaristía, esta misma voz de Juan se deja oír también en las denuncias que hace la Palabra y en las esperanzas que nos trae, en el arrepentimiento de nuestros pecados y en nuestro cántico de misericordia: "¡Señor, piedad, Señor!"
En todo ello está la voz de Juan, haciendo que anhelemos el Pan de Dios, para que teniendo hambre de Él, lo comamos, y saciados de ese Alimento mientras vamos peregrinos en esta tierra, tengamos más hambre de la consumación de su gracia en el Banquete del Reino de los Cielos.
Permanecer
Hay que ir descubriendo, hay que ir desentrañando el plan de Dios dentro de la propia vida. "A ver, Señor, qué es lo que tú me . Primero me dijiste que te amara más, luego me dijiste que me querías pobre, luego me dijiste que me querías en comunidad, luego me dijiste..."
"-Sí, yo te fui diciendo todo eso porque mi palabra te va esculpiendo; tú eres una escultura, pero estás a medio hacer. Es la palabra, es mi voz, es la senda de mis juicios lo que poco a poco va construyendo la obra en ti".
Dios quiere formarnos, Dios quiere construir con nosotros una historia. ¡Cómo es de importante, al empezar un retiro espiritual, decirle: "Señor, haz sensibles mis oídos para descubrir tu voz, tu plan, para reconocer la historia que tú quieres construir conmigo. Ayúdame a encontrar esa historia, ayúdame a ser fiel a ella".
Dios quiere hacer contigo un camino muy largo,
Permanecer en manos de Dios, suplicar el Espíritu del Señor, para que esté como iluminado por Él, esté acompañado de Él.
Esa expresión tan hermosa "Tu rocío, Señor, es un rocío de luz, y la tierra de las sombras será fecunda" Isaías 26,19. Dios trae un rocío de luz.
Esperemos ese rocío de luz para estos días de oración, de silencio, de encuentro. Pidámosle a Dios que nos ayude a ser fieles, y a esperarlo, esperarlo, esperarlo en la senda de sus juicios.
viernes, 29 de julio de 2016
Luz
El amor que trae paz al alma, que trae luz al alma, y que nosotros, como mensajeros, como testigos de este amor, podemos hacer un bien inmenso, especialmente cuando amamos desde el Corazón de Cristo. Cuando amamos como Jesucristo, podemos ayudar a muchísimas personas.
Jesús le habló con nombre propio a María Magdalena, y fue ahí, donde esta mujer pudo reconocerlo: un amor con nombre propio, un amor que nos conoce, pero que no se adueña de nosotros; un amor que nos sostiene, no un amor que se apodera; un amor que nos protege, no un amor que nos sofoca. Ese es el amor que necesitamos.
Confrontaciòn
Indudablemente la confrontación con el corazón es algo que tenemos que hacer una y otra vez;y hacernos la pregunta: "En qué está fundada nuestra seguridad.
El templo era bello y era bueno,lugar sagrado, lugar de Dios
¡Oh, Dios, Dios, purifica nuestros corazones, ayúdanos a ser creyentes, como a ti te gusta! Que sean nuestros corazones, que sea el centro de nuestro ser, ese templo donde tú puedas habitar, ese templo nunca profanado, ese templo donde tú reinas, ese templo donde tú nos haces verdaderos.
Ven, Señor, en ayuda nuestra, transforma nuestros corazones, para que nosotros podamos experimentar la calidad, la hermosura de trato que significa tener alianza contigo. El Espíritu Santo nos dice al corazón. Se necesita amor, encontrarse en Cristo, amor. Eso es una realidad. De ahí, la primera lectura que habla de la "angustiosa búsqueda del amor del alma" Cantar de los Cantares 3,1-2.
miércoles, 20 de julio de 2016
Estrategia
Jesús ha cambiado de estrategia, ha cambiado de actitud, pero no ha cambiado de corazón. El mismo amor que le ha llevado a sanar tantas personas, el mismo amor con que ha perdonado a tantos pecadores, está vivo.
Jesús no avanza hacia Jerusalén en un camino de victorias de guerra. Es la victoria del amor. Y si Él se va hasta Jerusalén, es para poder amar desde Jerusalén a todos, es para poder ofrecer en Jerusalén un testimonio de amor, que sea mayor que cualquier congreso de discípulos de Jesús.
Si Jesús se va hacia Jerusalén, es para rasgar su Carne, y con su Carne, el velo del templo; es para inaugurar un tiempo radicalmente nuevo. La radicalidad de Jesús, no es violencia contra el hombre, sino es misericordia de Dios. Y la verdadera radicalidad, es la radicalidad del amor. La única radicalidad que cambia este mundo es: "¡Sí! ¡Me resuelvo a amar!" Eso es lo único que cambia el corazón humano.
Jesús ya había visto, que una persona recién sanada de su enfermedad, podía seguir siendo desobediente. A cuántos no les dijo: "Mire, no le diga a nadie, no le diga a nadie" ( San Marcos 1,44-45). Entre otras cosas, podemos creer, como una invitación a que cada uno profundizara, encontrara el sentido, no sólo el hecho, sino el sentido del milagro.
lunes, 18 de julio de 2016
Señor
Cuando Dios va a dar los mandamientos, empieza diciendo :”Yo soy el Señor que te sacó de Egipto, de tierra de esclavitud. Te amé primero, te di libertad, ahora, para que nada te esclavice, entonces ámame sobre todas las cosas, y no desprecies mi nombre, no seas esclavo del trabajo, santifica las fiestas; para que nada te esclavice; nunca mientas"Deuteronomio 5,6-11-12.
Lo único que sirve para la vida eterna es la certeza de que me amó por misericordia; Él no tenía que crearme, lo ha hecho por amor; no tenía que salvarme, lo ha hecho por misericordia.
Sólo desde ahí, sólo desde esa certeza, yo me regalo a ese amor, regalado a ese amor, con ese amor amo a mi prójimo. O sea que en el fondo, “amarás a tu prójimo” no es, "saca de donde queda amor para tu prójimo, probablemente te estalles, pero saca amor para cumplir ese mandamiento, el mandamiento es: "No detengas la corriente del amor, no detengas la corriente de la misericordia".
”Amarás al Señor con todo tu corazón” Deuteronomio 6,5, es: "Regálate, déjate invadir de ese amor infinito que te amó primero, que te amó por misericordia, que te ha hecho libre. Abre la boca, yo te la saciaré; abre el corazón, regálate a ese amor". Ese es el primer sentido.
"Ahora que estás lleno de amor, deja que el amor corra, porque el viento es libre, el viento sólo existe en mi oído, déjale que corra, déjalo que ame también a los otros, no detengas a tu Dios, para que Él te siga iluminando, para que Él te siga colmando, puesto que Él nunca se detiene, nunca cesa en su ejercicio de amar".
"Déjalo que corra, así no tendremos por qué temer amar a Dios con todo el corazón y tener amor para amar al prójimo. Amo a Dios con todo mi corazón, le he abierto puertas y ventanas, que entre y haga todo lo que quiera, y una vez que habita en mí, es Él propiamente quien ama al prójimo a través de mí, claro, con un acto que es también mío.
Eso explica por qué esos dos amores, que parecen tan distintos, pueden darse en un solo corazón. El primer corazón en que esto sucedió de modo inminente y santísimo fue precisamente el Corazón de Jesús.
San Lucas 10,29.
"San Lucas 10,29. Jesús tuvo que haberse dado cuenta de que era una pregunta hecha más por razones humanas .
Jesús es menos exigente de lo que pensamos, porque sí Él vino a sanar nuestras enfermedades, nuestras enfermedades. Jesús sabe eso .
Jesús sabe eso, precisamente sabe que no estamos firmes, que no estamos consolidados, ¿no hemos oído acaso aquello que Él dijo, que "Él no había venido a apagar el pábilo vacilante, ni a quebrar la caña cascada"? Isaías 42,3; ya está vencida, está cascada la caña, ya está que se parte.
Jesús sabe que la pregunta del letrado está hecha con un corazón envidioso, un corazón vanidoso, pero, como en el caso de Ezequiel, Jesús dijo que había venido no a condenar, sino a salvar, entonces Jesús viene a salvar a todos, dice esta parábola.
La respuesta del letrado es que el que se portó como prójimo fue el que practicó la misericordia con él.
Yo creo que esta palabra "misericordia" nos ayuda a responder nuestras preguntas de niño.
La palabra que une esos dos amores, el amor que une esos dos amores, es el mismo amor que unió la naturaleza divina y la naturaleza humana de Cristo en una sola persona, es amor de misericordia.
Si nosotros pensamos en el amor en términos de admiración, que esa es una especie de amor, es el amor con el que uno se enamora, la admiración por un bien.
Ese amor no va a servir para pegar estos dos amores tan distantes, porque precisamente el prójimo, cuando es difícil de amar, es porque no le veo nada de admirable, sino al contrario, de reprensible es que le veo, de fastidioso es que le veo.
La clave está en la palabra misericordia, según nos enseña San Lucas, o la clave está en esa palabra que nos dice la Carta de Juan: ”Es que Dios nos amó primero” 1 San Juan 4,10.
Fíjate en lo que nos dice San Juan: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amo primero" 1 San Juan 4,10.
"En esto consiste el amor:" 1 San Juan 4,10. "Mire cómo se dio el amor: primero Él nos amó y luego nosotros amamos", "En esto consiste el amor" 1 San Juan 4,10.
"En esto consiste el amor" 1 San Juan 4,10 .
Todo
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo” San Lucas 10,27.
Amar a Dios es amar el bien, la luz, la verdad, la belleza, la santidad, la grandeza, el poder, a aquel que me hace bien.
De Dios solo recibimos bienes, del prójimo recibimos muchas cosas, algunos bienes y algunos males, y a veces, sobre todo cuandonos recordamos de este mandamiento,se recuerda tal vez algunos o muchos males como a asediar con su misericordia, con su amor y con su luz el corazón; es un amable asalto, es una hermosa victoria que Cristo tiene preparada para tomarse el alma.
Él la va sitiando, finalmente se la toma, y en esa batalla, Cristo utiliza muchas armas, todas nacidas del amor infinito y Sagrado Corazón.
“Amarás a Dios, amarás al prójimo”, y todo quedó tranquilo, en la superficie.
miércoles, 6 de julio de 2016
Libertad
La libertad que tenemos esa salud que podemos mirar, viene de Jesucristo Él nos ilumina el camino. Ya nos podemos levantar porque ya hemos sido sanados, ahora hay que entrar en el camino, ahora hay que ponerse en camino, y para eso está Jesús el El Evangelizador, Jesús el Maestro, Jesús el que revela el verdadero rostro de Dios y el que nos muestra el verdadero camino en nuestra vida.
Alabemos la misericordia de Cristo. Y la mejor alabanza para la misericordia de Cristo, es la confianza en la misericordia de Cristo. Vamos a entrar en confianza, vamos a entrar verdaderamente en el ámbito del poder de Dios.Vamos a ponernos bajo la saludable, la dulce y hermosas influencia de la misericordia divina, que ha llegado a esta tierra por ministerio de Jesucristo.
Restablecer
La gran diferencia entre un cristiano , no está en los sufrimientos, porque sufrimientos tenemos todos. No está en las alegrías, porque alegrías tenemos todos. La gran diferencia está, en que el cristiano conoce la ley de la Cruz. Si es cristiano de veras, conoce la ley de la Cruz y sabe que necesita, para no dañarse, Cruz. Necesita desierto, necesita contradicción.
"¡Dios, perdóname si te he ofendido, pero no me vayas a dejar sin Cruz!"
La compasión, la palabra misericordia: "Se compadecía de la multitudes" San Mateo 9,36. La misericordia, el amor que es capaz de reconocer la necesidad del que está cerca; ése es el motor de Jesús. Esta es una gran noticia para nosotros, porque esa compasión de Jesucristo está viva y es aplicable a cada uno de nosotros.
El amor de Cristo no termina, el amor de Cristo no muere, el amor de Cristo está presente y está actuante, y su compasión es como un saldo a favor de nosotros, como una cuenta de amor a favor de nosotros, con la que nosotros podemos verdaderamente sentirnos respaldados; podemos contar con ese amor de Jesucristo.
Esa misericordias, qué produce esa misericordia en Jesucristo; nos dice esencialmente tres cosas: que Jesús enseña, que Jesús cura y que Jesús exorciza, vence al demonio. Jesucristo es el Maestro, el Médico, el Exorcista. Jesucristo que vence a nuestros enemigos, Jesucristo que nos sana de nuestras enfermedades, Jesucristo que ilumina nuestro camino. Son como las tres dimensiones de la misericordia del Señor.
Jesucristo, venciendo a nuestro enemigo el demonio, también está quitándole toda la fuerza a la tentación y al pecado en nuestra vida. Jesucristo pone un freno a aquello que tenía poder en nosotros. Jesucristo crea un espacio de paz y de libertad, donde ya no somos más el juguete de nuestras tentaciones, de nuestros pecados o de la influencia del demonio.
Es un espacio de libertad, un espacio de paz, donde ya no somos más atormentados o presionados por ese tipo de fuerzas oscuras. Sin embargo, llevamos en nosotros las consecuencias de nuestros pecados pasados y somos débiles y estamos lastimados por el camino de la vida. Es aquí donde entra Jesucristo como Médico restableciendo en nosotros el plan original de Dios, devolviéndonos la salud en la mente, la salud en la inteligencia, en el corazón, en los recuerdos, también en el cuerpo.
Gozos
San Francisco "circundaba de amor indecible a la Madre del Señor Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad y haber tenido misericordia de nosotros. En ella sobre todo, después de Cristo, ponía toda su confianza y por eso la hizo abogada suya y de sus hermanos. Ayunaba en su honor con gran devoción, desde la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo hasta la fiesta de la Asunción" (Buenaventura, Leyenda Mayor, 9,3).
Los siete gozos de la Virgen es una devoción franciscana parecida al Rosario. Se remonta al siglo XV y está en el origen de la corona de siete misterios que muchos franciscanos y franciscanas llevan colgada en el cordón. Es una oración muy sencilla, asequible para todos los que desean honrar a la Virgen María, reviviendo con ella algunos misterios de la vida de su Hijo Jesucristo.
La corona franciscana consta de 72 avemarías, con la meditación de las siete principales alegrías que la Virgen experimentó a lo largo de los 72 años que, según la tradición, duró su peregrinación por este mundo.
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Primer gozo - El ángel Gabriel anuncia a María el Nacimiento de Jesús.
Lc 1,30-31.38 y reflexión
Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, Virgen de la escucha, tú eres la llena de gracia,
tú eres la humilde esclava del Señor.
Tú has dado libremente tu sí al anuncio del ángel
y te has convertido en madre del Hijo de Dios hecho hombre.
Enséñanos a decir siempre sí al Señor, aunque nos cueste.
Segundo gozo - María visita a su pariente Isabel
Lc 1,39-42 y reflexión
- Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Tú, María, madre del Señor, llevando a Jesús, que ha tomado cuerpo
en ti, vas a visitar con gozosa premura a la anciana prima Isabel,
para ponerte a su servicio. A tu saludo, su hijo es santificado
por la presencia del Salvador. Enséñanos, Madre de Dios,
a anunciar y llevar siempre a Jesús a los demás.
Tercer gozo - Jesús, Hijo de Dios, nace de la Virgen María.
Lc 2,6-7 y reflexión
Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, madre siempre Virgen, en la pobreza de una cueva
has dado a luz a Jesús, venido al mundo para nuestra salvación.
Tú adoras como Hijo de Dios al que has engendrado.
Guíanos por el camino de una fe viva en Jesús, nuestro Señor y Salvador.
Cuarto gozo - Unos magos de Oriente adoran al niño Jesús en Belén.
Mt 2,1.11 y reflexión
Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, pobre y humilde de corazón, enséñanos a no juzgar,
sino a confiar únicamente en la misericordia de Dios,
que no hace distinción de personas. Porque, si nuestra fe
no se traduce en obras, muchos "magos" nos irán por delante
en el reino de los cielos.
Quinto gozo - María y José encuentran al niño Jesús en el Templo.
Lc 2,43.46.48-49 y reflexión
Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, Virgen del silencio, tú saltas de gozo al encontrar
a Jesús en el templo de Jerusalén, y adoras el misterio
del Hijo de Dios Creador, que en Nazaret vive obediente a sus criaturas.
Enséñanos a buscar siempre a Jesús y a vivir en su obediencia.
Sexto gozo - Jesús resucita victorioso de la muerte y se aparece a los suyos
Hc 1,14; 2,1-4 y reflexión
Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, fuente del gozo, tú eres la madre del Señor resucitado.
Él es quien ha vencido la muerte. El es nuestra esperanza
en el camino de la vida. Enséñanos, María, a vencer la muerte del
egoísmo, para vivir en la resurrección del amor.
Séptimo gozo - María es elevada al cielo y coronada como reina y primicia de la humanidad redimida.
Ap 11,19; 12,1 y reflexión
Padre nuestro, 10 avemarías y gloria
Oh María, Reina de los ángeles y de los santos, coronada
de gloria y honor en el gozo sin fin del paraíso,
tú brillas delante de nosotros como estrella de la mañana.
Enséñanos, Madre, a caminar por el mundo con la mirada puesta
allá donde está el gozo auténtico y definitivo.
Letanías de nuestra Señora
se recitan las letanías lauretanas u otras semejantes
Saludo a la Virgen
Se puede decir la Salve, o el siguiente Saludo de San Francisco:
Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios,
que eres Virgen hecha Iglesia,
y elegida por el Santísimo Padre del Cielo,
consagrada por él con su santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Paráclito,
en la que estuvo y está toda la plenitud de la gracia, y todo bien.
Salve, palacio suyo; salve, tienda suya;
salve, casa suya, salve, vestidura suya;
salve, sierva suya; salve, madre suya,
y todas vosotras, virtudes santas, que por la gracia y la iluminación
del Espíritu Santo sois infundidas en el corazón de los creyentes,
para que de infieles se vuelvan fieles a Dios.
Conclusión
Oremos: Oh Dios, que en la gloriosa resurrección de tu Hijo has devuelto la alegría al mundo entero, concédenos por intercesión de la Virgen María poder gozar de las alegrías sin fin de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
martes, 5 de julio de 2016
Actuante
El amor de Cristo no termina, el amor de Cristo no muere, el amor de Cristo está presente y está actuante, y su compasión es como un saldo a favor de nosotros, como una cuenta de amor a favor de nosotros, con la que nosotros podemos verdaderamente sentirnos respaldados; podemos contar con ese amor de Jesucristo.
El evangelio de hoy también nos cuenta cuál es el fruto de esa misericordias, qué produce esa misericordia en Jesucristo; y nos dice esencialmente tres cosas: que Jesús enseña, que Jesús cura y que Jesús exorciza, vence al demonio. Jesucristo es el Maestro, el Médico, el Exorcista. Jesucristo que vence a nuestros enemigos, Jesucristo que nos sana de nuestras enfermedades, Jesucristo que ilumina nuestro camino. Son como las tres dimensiones de la misericordia del Señor.
Jesucristo, venciendo a nuestro enemigo el demonio, pues también está quitándole toda la fuerza a la tentación y al pecado en nuestra vida. Jesucristo pone un freno a aquello que tenía poder en nosotros. Jesucristo crea un espacio de paz y de libertad, donde ya no somos más el juguete de nuestras tentaciones, de nuestros pecados o de la influencia del demonio.
Es un espacio de libertad, un espacio de paz, donde ya no somos más atormentados o presionados por ese tipo de fuerzas oscuras. Sin embargo, llevamos en nosotros las consecuencias de nuestros pecados pasados y somos débiles y estamos lastimados por el camino de la vida. Es aquí donde entra Jesucristo como Médico restableciendo en nosotros el plan original de Dios, devolviéndonos la salud en la mente, la salud en la inteligencia, en el corazón, en los recuerdos, también en el cuerpo.
Jesucristo trae salud, Jesucristo crea un espacio interior de salud. Primero aparta de nosotros nuestros enemigos, es Jesús el Exorcista; aparta de nosotros los enemigos y crea un espacio entorno nuestro, donde podemos respirar, donde podemos sentir que somos libres de eso que nos agotaba, nos agobiaba. Pero luego viene el espacio interior, la salud. Podemos respirar con gozo, podemos sentir que somos reconstruidos, reconstituidos por Él.
Una vez que ya tenemos esa libertad y que tenemos esa salud y que podemos mirar, entonces Él nos ilumina el camino. Ya nos podemos levantar porque ya hemos sido sanados, ahora hay que entrar en el camino, ahora hay que ponerse en camino, y para eso está Jesús el El Evangelizador, Jesús el Maestro, Jesús el que revela el verdadero rostro de Dios y el que nos muestra el verdadero camino en nuestra vida.
Alabemos la misericordia de Cristo. La mejor alabanza para la misericordia de Cristo, es la confianza en la misericordia de Cristo. Vamos a entrar en confianza, vamos a entrar verdaderamente en el ámbito del poder de Dios.Vamos a ponernos bajo la saludable, la dulce y hermosas influencia de la misericordia divina, que ha llegado a esta tierra por ministerio de Jesucristo.
Él fue muy mal interpretado. Hemos oído en el evangelio cómo lo calumniaron terriblemente, pero, ¿sabes para qué sirve esa calumnia?Para mostrar la intensidad del amor de Él. Esas calumnias, esos ataques no lo detuvieron en las obras de amor que Él quería hacer con nosotros. Esas calumnias no detuvieron ni su acción de Exorcista, ni su acción de Médico, ni su acción de Maestro, porque el amor de Él es más fuerte que el odio de sus enemigos.
¡Bendito sea Jesucristo! Vamos a entrar en el ámbito del poder de Dios. Vamos a ponernos bajo la saludable influencia del amor de Cristo.
sábado, 2 de julio de 2016
Làmpara
La lámpara. Preguntan los exégetas a qué se refería Cristo con esta imagen: El ojo es la lámpara. Pues hay diversas interpretaciones, de acuerdo con los significados que tiene el ojo y el hecho de mirar entre la mentalidad hebrea.
El ojo es el que aprecia, el que discierne los valores. Las cosas adquieren valor ante nuestros ojos. Parece que esa es la relación que hay entre esos dos breves dichos de Cristo que están en el Evangelio de hoy.
La enseñanza sería como: “Si tienes capacidad para saber qué es lo que vale y para saber qué es lo que no vale, esa sería la lámpara y ese sería el ojo que no tiene luz".
"Si tienes esa capacidad, entonces tú tienes luz dentro de ti. Eso es lo primero que necesitas renovar es tu capacidad de valorar, tu capacidad de discernir y en cierto modo también la capacidad de buscar los distintos bienes.
Roguémosle a Dios, que santifique, nuestros ojos, que nos dé mirada para reconocer qué vale y qué no vale, para saber a qué precio y con cuánto esfuerzo Jesucristo lleva nuestro corazón al cielo.
Para dejarlo allá bien custodiado, y desde allá, con una libertad infinita, trabajar por el Evangelio de Dios en esta tierra.
Al Padre GABRIEL LE GUSTA tu publicaciòn.
Libertad
La persona que está amarrada al cielo es la persona que está más libre para trabajar en la tierra.La mejor manera de trabajar en la tierra, es tener el corazón en el cielo; no se oponen ni mucho menos.
Se trata de que el corazón esté allá junto a Dios, se trata de que el corazón se haya ido con Jesucristo y esté allá ofrecido como hostia junto a la Hostia que es Jesucristo; pero nuestra vida está aquí y nuestro trabajo está aquí, nuestra palabra está aquí.
Pero, más eficaces seremos en el servicio aquí, cuanto mayor sea nuestro impulso y nuestro ímpetu para que el corazón permanezca allá.
Cuando el corazón está trabajando por las cosas del cielo y para agradar a Dios, tendremos una completa libertad.
Porque no puede perder, porque nadie nos puede arrebatar su recompensa, su sueldo. El que esté trabajando para que se vea, para que se reconozca, para que se agradezca, pues tiene siempre la zozobra de aquello que no se alcanza.
Por eso que quede en firme esa enseñanza: el corazón que está en los cielos, es el corazón libre para trabajar en la tierra.
Eso lo muestra Jesús, en primer lugar Él. Esa soberana libertad de Jesucristo, para hablar con el que sea, para decirle la verdad al que sea, para consolar al que sea, para ir más allá de los prejuicios, para superar el idealismo.
Esa libertad infinita de Jesucristo, ¿de dónde proviene? Que no está esperando ni reconocimientos, ni aplausos ni agradecimientos, ni nada de la gente. Quien quiera trabajar por la gente no espere de la gente.
Hay que tener el corazón en el cielo y así tendremos libertad infinita para trabajar en la tierra.
Cielo
Estamos agarrados al cielo. Aquí Jesús nos dice que pongamos allá nuestro corazón, pero como es tan difícil para el ser humano mover su corazón, pues Cristo hizo esa obra realmente.
Él movió, Él trasladó nuestros corazones de la tierra al cielo, porque ofreciendo su sacrifico en el santuario celestial, llevó tras de sí todos nuestros amores, todas nuestras esperanzas.
Verdaderamente, después del sacrifico de Cristo, nuestro corazón está en el cielo; verdaderamente, después del sacrificio de Cristo, nuestra ancla está allá, y nuestra esperanza está allá, y hacia allá se mueven nuestros anhelos.
La persona que está amarrada al cielo es la persona que está más libre para trabajar en la tierra.La mejor manera de trabajar en la tierra, es tener el corazón en el cielo; no se oponen ni mucho menos.
Se trata de que el corazón esté allá junto a Dios, se trata de que el corazón se haya ido con Jesucristo y esté allá ofrecido como hostia junto a la Hostia que es Jesucristo; pero nuestra vida está aquí y nuestro trabajo está aquí, nuestra palabra está aquí.
Pero, más eficaces seremos en el servicio aquí, cuanto mayor sea nuestro impulso y nuestro ímpetu para que el corazón permanezca allá.
Mateo 7,21
"No todo el que me dice "Señor, Señor", entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo" ( San Mateo 7,21).
Parece claro lo que dice Cristo que hay que cumplir la voluntad de Él, la voluntad del Padre Celestial.
Cumplir la voluntad de Dios, la voluntad de Dios no es lo que yo hago para Dios, es lo que le permito a Dios que haga en mi vida.'
Cristo nos redimió en el misterio de la Cruz, cumpliendo la voluntad del Padre. Lo grande no es lo que yo hago para Dios, logrande es lo que yo le permito a Dios que haga en mi vida.
Como dicen tantos cantos hermosos, "ser barro en manos del Alfarero", dejar que Dios me modele, ser obra de Dios, sino ser la obra de Dios; esto es hacer la voluntad del Padre.
Lo grande es buscar su voluntad, cualquiera que sea, bonita o fea, fantástica u ordinaria, y dejar que esa voluntad se realice en mi vida. No hacerle más obras a Dios, sino ser la obra de Dios.
Ser hijo es tener el mismo corazón, el mismo Espíritu, gozarse en las mismas alegrías, lamentar las mismas tristezas, tener el mismo rostro, vibrar al unísono con el Corazón de Dios, estar unido a Él en lo grande o en lo pequeño. Eso es hacer la voluntad del Padre.
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