martes, 5 de julio de 2016
Actuante
El amor de Cristo no termina, el amor de Cristo no muere, el amor de Cristo está presente y está actuante, y su compasión es como un saldo a favor de nosotros, como una cuenta de amor a favor de nosotros, con la que nosotros podemos verdaderamente sentirnos respaldados; podemos contar con ese amor de Jesucristo.
El evangelio de hoy también nos cuenta cuál es el fruto de esa misericordias, qué produce esa misericordia en Jesucristo; y nos dice esencialmente tres cosas: que Jesús enseña, que Jesús cura y que Jesús exorciza, vence al demonio. Jesucristo es el Maestro, el Médico, el Exorcista. Jesucristo que vence a nuestros enemigos, Jesucristo que nos sana de nuestras enfermedades, Jesucristo que ilumina nuestro camino. Son como las tres dimensiones de la misericordia del Señor.
Jesucristo, venciendo a nuestro enemigo el demonio, pues también está quitándole toda la fuerza a la tentación y al pecado en nuestra vida. Jesucristo pone un freno a aquello que tenía poder en nosotros. Jesucristo crea un espacio de paz y de libertad, donde ya no somos más el juguete de nuestras tentaciones, de nuestros pecados o de la influencia del demonio.
Es un espacio de libertad, un espacio de paz, donde ya no somos más atormentados o presionados por ese tipo de fuerzas oscuras. Sin embargo, llevamos en nosotros las consecuencias de nuestros pecados pasados y somos débiles y estamos lastimados por el camino de la vida. Es aquí donde entra Jesucristo como Médico restableciendo en nosotros el plan original de Dios, devolviéndonos la salud en la mente, la salud en la inteligencia, en el corazón, en los recuerdos, también en el cuerpo.
Jesucristo trae salud, Jesucristo crea un espacio interior de salud. Primero aparta de nosotros nuestros enemigos, es Jesús el Exorcista; aparta de nosotros los enemigos y crea un espacio entorno nuestro, donde podemos respirar, donde podemos sentir que somos libres de eso que nos agotaba, nos agobiaba. Pero luego viene el espacio interior, la salud. Podemos respirar con gozo, podemos sentir que somos reconstruidos, reconstituidos por Él.
Una vez que ya tenemos esa libertad y que tenemos esa salud y que podemos mirar, entonces Él nos ilumina el camino. Ya nos podemos levantar porque ya hemos sido sanados, ahora hay que entrar en el camino, ahora hay que ponerse en camino, y para eso está Jesús el El Evangelizador, Jesús el Maestro, Jesús el que revela el verdadero rostro de Dios y el que nos muestra el verdadero camino en nuestra vida.
Alabemos la misericordia de Cristo. La mejor alabanza para la misericordia de Cristo, es la confianza en la misericordia de Cristo. Vamos a entrar en confianza, vamos a entrar verdaderamente en el ámbito del poder de Dios.Vamos a ponernos bajo la saludable, la dulce y hermosas influencia de la misericordia divina, que ha llegado a esta tierra por ministerio de Jesucristo.
Él fue muy mal interpretado. Hemos oído en el evangelio cómo lo calumniaron terriblemente, pero, ¿sabes para qué sirve esa calumnia?Para mostrar la intensidad del amor de Él. Esas calumnias, esos ataques no lo detuvieron en las obras de amor que Él quería hacer con nosotros. Esas calumnias no detuvieron ni su acción de Exorcista, ni su acción de Médico, ni su acción de Maestro, porque el amor de Él es más fuerte que el odio de sus enemigos.
¡Bendito sea Jesucristo! Vamos a entrar en el ámbito del poder de Dios. Vamos a ponernos bajo la saludable influencia del amor de Cristo.
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