miércoles, 20 de julio de 2016
Estrategia
Jesús ha cambiado de estrategia, ha cambiado de actitud, pero no ha cambiado de corazón. El mismo amor que le ha llevado a sanar tantas personas, el mismo amor con que ha perdonado a tantos pecadores, está vivo.
Jesús no avanza hacia Jerusalén en un camino de victorias de guerra. Es la victoria del amor. Y si Él se va hasta Jerusalén, es para poder amar desde Jerusalén a todos, es para poder ofrecer en Jerusalén un testimonio de amor, que sea mayor que cualquier congreso de discípulos de Jesús.
Si Jesús se va hacia Jerusalén, es para rasgar su Carne, y con su Carne, el velo del templo; es para inaugurar un tiempo radicalmente nuevo. La radicalidad de Jesús, no es violencia contra el hombre, sino es misericordia de Dios. Y la verdadera radicalidad, es la radicalidad del amor. La única radicalidad que cambia este mundo es: "¡Sí! ¡Me resuelvo a amar!" Eso es lo único que cambia el corazón humano.
Jesús ya había visto, que una persona recién sanada de su enfermedad, podía seguir siendo desobediente. A cuántos no les dijo: "Mire, no le diga a nadie, no le diga a nadie" ( San Marcos 1,44-45). Entre otras cosas, podemos creer, como una invitación a que cada uno profundizara, encontrara el sentido, no sólo el hecho, sino el sentido del milagro.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario